26 de diciembre. Mientras todas las otras ligas del viejo continente se toman un respiro por Navidades, dejando a los bares mudos y a las tertulias de sobre mesa sin materia prima, en el Reino Unido los espíritus futboleros disfrutan de ración doble, con partidos a todas horas y de un nivel más que interesante. Una tradición que el campeonato británico (en las cuatro categorías, desde la Premier League hasta la League Two) ha mantenido desde hace más de un siglo y medio, pero cuyos orígenes se remontan a la Edad Media. Es sabido que después de Navidad, por aquel entonces, las clases nobles y el poder eclesiástico del país entregaban cajas con comida y fruta a aquellos que andaban más desfavorecidos. De ahí a que la traducción literal del término sea ‘día de las cajas’.

En Inglaterra el ‘Boxing Day’ no se toca, como el té de las cinco de la tarde. Y gracias a eso se ha convertido en una fuente de incontables anécdotas. En la edición navideña de 1979, por ejemplo, los archienemigos Sheffield Wednesday y Sheffield United, tratando de sobrevivir en las catacumbas del fútbol de las Islas, se vieron las caras en el viejo Hillsborough. Aquel día se congregaron 49.309 almas en las gradas (estableciendo un récord de asistencia en un partido de tercera división). El partido lo ganaron los ‘owls’ por un fulminante 4-0, y el segundo gol de la tarde lo metió Terry Curran que, preso de la emoción, celebró el tanto arrodillándose chulesco ante la hinchada rival. Los aficionados del United reaccionaron a la provocación del jugador lanzándole monedas de todo tipo. El propio Curran, en una entrevista que le hizo el Daily Mail muchos años después, admitió que si al acabar el partido se hubiera entretenido a recoger todo el cobre que le habían tirado, hubiera visto multiplicado por más de cinco su sueldo semanal de 300 libras.

Otra fecha inolvidable que permanecerá para siempre asociada al fútbol inglés es la del 26 de diciembre de 1963. La que asistió al que para muchos ha pasado a ser, tras no ser superado en cifras en las siguientes décadas, como el Boxing Day más espectacular de todos los tiempos . Aquel día, sumando los diez partidos que se jugaron de primera división, se llegaron a cantar nada menos que 66 goles. Una avalancha estadística nunca vista y jamás repetida.

La tabla con los resultados -que podéis observar en la imagen del final del artículo- ofreció varios titulares de impacto. Como por ejemplo la derrota por 6-1 del Manchester United, uno de los grandes del país, que salió chamuscado de su visita al Burnley. O el festín que se dio el Fulham a costa del Ipswisch Town, al que destrozó por 10-1, en un encuentro que se cerró con un eléctronico más propio de un videojuego que de la vida real. O el 4-4 entre el West Brom y el Tottenham, un duelo marcado por su extrema igualdad.

Solo hubo un encuentro en el que se marcaron menos de tres goles, y ese fue el de la victoria en casa del Leicester frente al Everton (2-0).

La cultura popular inglesa ha querido almacenar en su memoria aquella jornada de 1963 con la etiqueta de mejor Boxing Day de la historia. Así se vanagloria de ella. Lo que habría que preguntarse es si esa apabullante secuencia de resultados se produjo como reflejo de la magistral actuación ofensiva de algunos de aquellos conjuntos, o si, por el contrario, hay que agradecérsela a la ridícula capacidad defensiva ofrecida por el resto.