La frase que mejor definió a Unai Emery como entrenador del Sevilla Fútbol Club fue aquella que él mismo pronunció pocas horas antes del que bien pudo haber sido su final anticipado: “no moriré con mis ideas”. Desde entonces, curiosamente, la entidad hispalense ha buscado técnicos de ideas firmes y estilos muy definidos. Primero fue Jorge Sampaoli, después Eduardo Berizzo, más tarde Vincenzo Montella y este verano Pablo Machín. Y a la cuarta parece haber sido la vencida. En parte porque el entrenador soriano ha demostrado más cintura y flexibilidad que sus predecesores.

Cuando un entrenador con sello de autor arriba a un club como el Sevilla FC siempre surge la misma duda: ¿se adaptará al equipo o el equipo se adaptará a él? En el caso de Pablo Machín, como suele suceder tanto en el fútbol como en la mayoría de aspectos de la vida, la virtud ha estado en el término medio. Entre su magnífico Girona y su prometedor Sevilla hay similitudes, sobre todo las más evidentes, relacionadas con el sistema de tres centrales y dos carrileros, pero también múltiples diferencias. Su Sevilla no es tan directo como lo era su Girona, aunque también puede serlo. Su Sevilla no defiende tan atrás como lo hacía su Girona, aunque también puede hacerlo. Y es en este punto, entre lo que es como equipo y lo que puede llegar a hacer durante un partido, donde radica el éxito del Sevilla de Pablo Machín en comienzo de curso.

UN CAMBIO DETERMINANTE

El punto de inflexión en la temporada del Sevilla FC resulta muy fácil de marcar. En el Ciutat de Valencia, ante el Levante de Paco López, Pablo Machín realizó una pequeña modificación que lo ha cambiado absolutamente todo: prescindió de Roque Mesa, rompiendo así el doble pivote que formaba junto a Ever Banega, para darle la alternativa a Ben Yedder como acompañante de André Silva en la punta.

Su 3-4-2-1 (el mismo esquema que empleaba en Girona) pasó a un 3-3-2-2 en el que todo se ha ido ensamblando sobre la marcha. Porque aquel día, ante el Levante, el Sevilla terminó goleando gracias a la pegada de sus puntas y los errores de guardameta rival, pero durante muchos tramos del encuentro este dibujo pareció insostenible. ¿Cómo se puede sujetar un centro del campo con Ever Banega, Mudo Vázquez y Pablo Sarabia? ¿Cómo va a resistir la defensa, con tres centrales que dejan dudas por separado y como línea, si la medular no logra controlar al contrario? ¿Hasta qué punto le compensa romper tanto los partidos a Pablo Machín?

A punto de cumplirse los tres meses de dicho cambio, los resultados no pueden ser más positivos ni las respuestas más contundentes. El Sevilla de Machín es ahora un equipo capaz de controlar un partido tanto cuando tiene la pelota como cuando la tiene el rival. Puede pararse o correr. Puede resistir o asediar. Su sistema, que comprende cuestiones más determinantes que el propio dibujo, no ha parado de crecer desde que Pablo Machín se separara de su pasado en Girona y se acercara a su presente en Sevilla. Y el dominio en las áreas ha hecho el resto.

DOMINIO EN LAS ÁREAS

Si hay algo en lo que está destacando este nuevo Sevilla es en su capacidad para dominar tanto su área como la ajena. La llegada de Tomas Vaclík ha supuesto una mejora inmediata entre los tres palos. Después de apostar y confiar, quizás en exceso, en su cantera, el checo ha demostrado el grado de determinación que puede llegar a tener para su equipo un buen portero. Una de sus grandes actuaciones, de hecho, llegó en aquel mencionado partido ante el Levante, y quién sabe si Machín no hubiese rehecho su cambio de dibujo de haber perdido dicho encuentro…

Pero quizás la mejor noticia que ha recibido Machín durante el curso es la buena sintonía que demuestran tener André Silva y Ben Yedder como pareja de puntas. El luso, que cayó de pie en La Liga, es un futbolista que se pasa –mucho- más tiempo mirando a su portero que al rival. Su juego de espaldas, sus apoyos a las bandas, su conexión con los centrocampistas… André Silva es aceite para la máquina de poleas en las que se ha convertido el equipo hispalense. Y Ben Yedder no sólo se aprovecha de esto, sino que también compensa la falta de fútbol de cara de su compañero con constantes desmarques que estiran el sistema defensivo del contrario. De ahí que, entre los dos, ya lleven 20 goles y 7 asistencias en esta temporada.

PABLO SARABIA

Pablo Sarabia es el “factor X” de este Sevilla. Es la pieza diferente que retroalimenta el sistema, haciendo mejor a los compañeros al mismo tiempo que se hace mejor a sí mismo. Partiendo desde el interior derecho, su lectura posicional es la que permite que Ever Banega nunca esté solo, que el Mudo Vázquez siempre tenga una línea de pase, que Jesús Navas siempre pueda sorprender llegando a donde todos le esperan y que los dos puntas, André Silva y Ben Yedder, sean todavía más peligrosos en el área.

A caballo entre el interior, la mediapunta y el extremo, el futbolista madrileño hace de todo y todo lo hace bien. Su fútbol entre líneas, su capacidad para crear, pausar o incluso desbordar, se ven culminadas con una cuota de gol (14 goles y 8 asistencias en 1691 minutos) que le trasladan tanto a él como al equipo a una nueva dimensión.

JESÚS NAVAS

De entre todos los ya mencionados, el que más se está beneficiando del juego de Pablo Sarabia es Jesús Navas. Que los carrileros iban a brillar con Pablo Machín no es algo sorprendente. El sistema de tres centrales es propicio para ello y ya la temporada pasada vimos como Pablo Maffeo hacía lo propio en el perfil de Portu. Pero el rendimiento de Jesús Navas va más allá de esto.

Sólido atrás, capaz de corregir situaciones por pura velocidad y concentración, el de Los Palacios está marcando las diferencias en el último tercio del campo. Como decíamos, aunque siempre se le espere, siempre termina sorprendiendo. Porque, ¿quién le defiende exactamente? Al lateral izquierdo rival se lo ha llevado Sarabia, el centrocampista que ocupe dicho perfil ya tiene suficiente cerrando el centro… Y sólo queda el extremo rival. Y el extremo rival, sea quien sea, nunca tiene la predisposición ni la calidad físico-técnica para defender las constantes incursiones de Jesús Navas. Éstas, además, son más peligrosas que la temporada pasada, pues en el área ya no espera sus centros únicamente el delantero centro, sino que en esta ocasión siempre están, como mínimo, André Silva, Ben Yedder y Pablo Sarabia.

EL SISTEMA DEFENSIVO

Fruto de los buenos resultados y del avance constante del sistema de Pablo Machín, el equipo ha ido mejorando defensivamente de forma gradual. Cada vez mejor protegido, cada vez menos exigido, el sistema defensivo se ha ido consolidando hasta ser capaz de resistir durante largas fases a pesar de involucrar a mucho futbolista con vocación ofensivo. No hay que olvidar que de carrilero está un extremo, que el mediocentro es un futbolista tan volátil como Ever Banega, a quien no hemos mencionado pero que está haciendo una enorme temporada, y que los dos interiores son dos mediapuntas reconvertidos. Pero cuando el sistema cala y detrás hay una pizarra como la de Pablo Machín es el equipo el que hace mejores a los jugadores.