El fútbol, como cualquier deporte y competición, está ligado intrínsecamente al éxito. El esfuerzo competitivo entendido para alcanzar el éxito. Sin embargo, para comprender todo de forma completa, deberíamos adentrarnos en una definición de éxito, no ya etimológica, sino filosófica. ¿Qué es tener éxito? ¿Solamente ganar? Está claro que el fútbol es un deporte especial porque el paso del tiempo confiere éxito y reconocimiento a aquellos que no ganaron. A nivel de selecciones hay dos claros ejemplos: Hungría en la Copa del Mundo de 1954 y Países Bajos en la de 1974. El triunfo, en los dos casos, se lo llevó Alemania, queriendo erigirse como el malo de la historia conquistando la victoria; cuando esta, realmente, se la llevaron los que no triunfaron. El caso de la selección neerlandesa de 1974, dirigida por Rinus Michels, es esclarecedor. Se recuerda más a la selección que perdió la final que a la ganadora. Esto se debe a la irrupción que supuso aquel combinado naranja en cuanto al cambio de concepción del juego, de la preparación física y hasta de la táctica. El ‘Fútbol Total’ lo llaman. Aquella selección contaba con las mejores individualidades de un Ajax triple campeón de Europa a comienzos de la década. Pero, como en toda historia de éxito, hay grandes olvidados en aquel equipo subcampeón mundial.

Hay que contextualizar como se debe aquella participación mundialista de Países Bajos. Los neerlandeses no eran, a mediados de los 70, esa selección que hoy en día reconocemos como una de las grandes animadoras de las fases finales de Mundiales y Eurocopas. A comienzos de la década, el país europeo fue localizado dentro del mapa futbolístico gracias a dos clubes. Y no uno como se suele suponer. Sí, el Ajax se alzó campeón de Europa en 1971, 1972 y 1973 con una generación liderada por Johan Cruyff, pero con activos tan importantes como Ruud Krol, Wim Suurbier, Arie Haan, Johan Neeskens, Piet Keizer o Johnny Rep. Pero, antes de que el club dirigido por Rinus Michels alzara la Copa de Europa, otro equipo neerlandés se les adelantó. El Feyenoord, rival histórico del Ajax, consiguió levantar antes que ningún club de su país la Copa de Europa imponiéndose en la final al Celtic. El conjunto de Róterdam, dirigido por el austriaco Ernst Happel en el banquillo, contaba en sus filas con hombres como Rinus Israël, Wim Jansen o Willem van Hanegem. Estos jugadores, junto a Wim Rijsbergen y Theo de Jong, que llegaron al club en años posteriores, formaron parte de la convocatoria que Rinus Michels confeccionó para la Copa del Mundo de Alemania’74.

Se alude mucho, con acierto, a la importancia que tuvo la gran generación ‘ajacied‘ en la actuación neerlandesa en 1974. La demostración de fútbol de Cruyff fue superlativa, superior a todo lo que se podía ver en aquel conglomerado de jugadores destacados donde también estaba Franz Beckenbauer. Ruud Krol y Wim Suurbier, como teóricos laterales, fueron puñales por las bandas dentro de esa ligera indefinición posicional que caracterizaba al combinado naranja. Había posiciones fijas, en contra de lo que muchas veces se ha dado por supuesto de forma equivocada. Una de ellas la ocupaba un Johnny Rep atinado de cara a puerta partiendo desde la derecha. Otra, un Neeskens que fue el máximo goleador neerlandés en el torneo. La colaboración de los jugadores del Ajax fue enorme y clave. Pero no se puede dejar de mencionar que el Feyenoord campeón de Europa en 1970 también realizó aportaciones clave a aquel conjunto, sobre todo en las figuras de Wim Rijsbergen, Wim Jansen y, sobre todo, Willen van Hanegem.

 

No se podría entender la actuación de la selección neerlandesa sin la labor defensiva de Wim Rijsbergen, sin el sacrificio y esfuerzo de Wim Jansen y sin la visión de juego de Willem van Hanegem

 

Se menciona a estos tres jugadores de forma destacada porque Rinus Israël y Theo de Jong no fueron titulares en ningún encuentro de aquel mundial, pero sí que colaboraron entrando al campo ya en las segundas partes. El caso de Wim Rijsbergen es curioso. No se le suele recalcar como uno de los mejores defensores que tuvo aquella selección y lo cierto es que su papel fue muy destacado. Como todos los jugadores, pese a ocupar una posición defensiva, tenía libertad para incorporarse al ataque, sobre todo teniendo a un Arie Haan encargado de guardar las espaldas cumpliendo por momentos la función de figura libre en la parcela defensiva. Su buen físico le hacía imponerse en los duelos aéreos. Pero, como se vería en la final, sufría, de la misma manera que todo su equipo, a la hora de correr para atrás. El caso de Wim Jansen es el del típico centrocampista de aquella selección neerlandesa. Hacía de todo. Apoyaba a la defensa, trabajaba para tapar espacios, era generoso en esfuerzos sin balón, abría siempre una línea de pase para ayudar al compañero y se sumaba al ataque como el mejor llegador desde segunda línea. En un equipo sin un punta fijo, esa última faceta se tornó muy importante en la competición, sobre todo en la figura de Johan Neeskens.

No se puede mencionar la figura de Willen van Hanegem sin haberlo hecho antes con Jansen. El trabajo y sacrificio de Jansen permitía brillar a jugadores dotados de magia en las botas como era el ‘3’ neerlandés. El peso creativo de aquella ‘Naranja Mecánica’ recae, en debates e ideas vagas, tan solo sobre Johan Cruyff. El ’14’ era un súper futbolista que podía desempeñar innumerables funciones. Sin embargo, el cerebro creativo de Países Bajos en aquel Mundial radicaba en la bota izquierda de Willen van Hanegem. Desde la posición de mediocentro o una especie de interior por delante de los centrocampistas más defensivos, Van Hanegem se movía por donde él interpretaba que iba a ser más provechoso para su selección. Se le podía observar cerca de Haan o Rijsbergen participando en la salida desde atrás, recostado en la izquierda cuando Krol cogía altura o asomándose a la frontal del área, pero pocas veces para llegar al remate. Van Hanegem no cargaba área desde segunda línea con intención rematadora, sino que era el jugador encargado de dar ese penúltimo pase que cambiaba la nomenclatura de una jugada peligrosa a clara de gol. De sus botas nacieron muchos de los tantos que Países Bajos logró anotar en aquella edición mundialista y de ahí que aún se entienda menos la escasa mención que tiene cuando se habla de este equipo de leyenda.

La ‘Naranja Mecánica’ pasó a la historia sin alzar el trofeo mundialista y lo hizo gracias al trabajo de sus dos clubes más reconocidos: Ajax y Feyenoord. No se podría entender la actuación de la selección neerlandesa sin la labor defensiva de Wim Rijsbergen, sin el sacrificio y esfuerzo de Wim Jansen y sin la visión de juego de Willem van Hanegem. Todos ellos en las filas de un club de Róterdam que tiene el honor de ser el primer equipo neerlandés en levantar el trofeo europeo más importante y, por tanto, haber colocado en el mapa del fútbol a un país sin apenas tradición futbolística a primer nivel.

 


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Fotografía de Imago.