Es imposible precisar en qué momento el tiempo se nos fue de las manos.

Cuándo se empinó la pendiente, cuándo comenzamos a caer sin remedio cuesta abajo, como veloces bolas de nieve, perdiendo todo lo que alguna vez poseímos.

Nadie nos avisó de que la rapidez con la que se suceden los acontecimientos nos dejaría atrás, de la misma manera que un coche pone el intermitente y te rebasa en la autopista.

Cuando quisimos darnos cuenta, ya no recordábamos ni el color del monoplaza.

Algunos lo achacan a la edad. Otros, a la sociedad de consumo. Unos más, a esta rara época en la que vivimos, en la que ya incluso la felicidad y la desgracia pasan a toda pastilla.

A estas alturas, resulta imposible no temer que en cualquier instante aquello que consideramos estable o seguro lo engullirá el ciclón y se convertirá automáticamente en un despojo más dentro del cubo de basura de la Historia.

“El amor que pasa, la vida que pesa, la muerte que pisa”, decía Galeano.

Cuesta vivir así, buscando constantemente el código con la fecha de caducidad de las cosas, que algún capullo con muy mala leche ha sabido esconder en alguna parte del bote.

 

Han triunfado proyectos. Han caído imperios. Han desaparecido mitos. Ha mutado la táctica. Han nacido nuevas estrellas. Pero el ‘Cholo’ ha seguido acudiendo a su cita con el banquillo rojiblanco

 

Por eso, aquello que permanece fijo, que no se diluye, al menos durante un periodo de tiempo considerable, se nos presenta como una forma de alivio. En medio del maremoto, algunas caras resisten. Y a nosotros nos parece increíble.

Diego Pablo Simeone ha sido el entrenador del Atlético de Madrid las últimas diez temporadas.

Diego Pablo Simeone ha sido el entrenador del Atlético de Madrid las últimas diez temporadas y pueden parecernos pocas, si consideramos que no queda tan lejos la imagen de aquel joven técnico cuando todavía se dejaba el pelo largo; o muchas, si tenemos en cuenta que en la época en la que aterrizó al banquillo del Calderón nos acababan de prohibir fumar en los bares y la estrella del Racing era un tal Pedro Munitis.

Desde entonces, el fútbol ha dado unas cuantas vueltas de campana.

Pero el ‘Cholo’ se ha mantenido en su sitio; estampando su cara en el periódico, lanzando la carrera del Koke o el Llorente de turno o motivando un debate estilístico que de tanto masticarlo empieza a sabernos a plástico en la boca.

Han triunfado proyectos. Han caído imperios. Han desaparecido mitos. Ha mutado la táctica. Han nacido nuevas y relucientes estrellas. Se ha ido hasta el público de los estadios. Y, mientras todo eso ocurría, el argentino ha seguido acudiendo a su cita con el banquillo rojiblanco.

El dueño del estanco de la película Smoke también salía de su tienda cada mañana a disparar la misma fotografía desde el mismo sitio mientras el mundo entero cambiaba a su alrededor como una enorme noria girando.

A Simeone le agradecemos la familiaridad.

A Simeone le agradecemos el “partido a partido” como dejà vú compacto y permanente.

A Simeone le agradecemos que sea uno de los de toda la vida. Que insista en tomarse la última cuando los otros ya hace rato que se fueron. Que nos demuestre que todavía tienen sentido rutinas de más de tres meses. Que nos acerque el tiempo y nos permita tocarlo, arrullarlo, casi como si fuera una mentira, casi como si creyéremos por un momento que pasado y futuro no existen, y que lo único que nos queda para orientarnos en la oscuridad son las tristes luces de emergencia, un presente manso negándose a apagarse por completo.

 


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Fotografía de Getty Images.