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Las raíces de una pasión


Nunca estás solo si sientes unos colores. Lo aprendemos hablando con Jorge, un bético que nació y vive en Bilbao


Jorge Arenas, bilbaíno de 28 años, buscaba desde Cádiz un coche compartido para viajar hasta Braga a ver al Betis jugar en la Europa League. Hasta ahí, nada normal. “Más o menos me pillaba de camino a Bilbao”, ríe al rememorar aquella aventura del pasado mayo, al tiempo que deja entrever una gracia que le viene de serie. La casualidad quiso que entrara en contacto con un periodista del portal Informa Betis, medio especializado en la actualidad bética. Y así fue como conocimos su historia. La de un maestro vasco de abuelos paternos andaluces, tercera generación bética en Bilbao, una ciudad ligada como pocas a un solo club, el Athletic Club.

“Mi primer recuerdo es de 2005, de la final de la Copa del Rey que el Betis le ganó a Osasuna. Recuerdo ver a mi padre llorar. Él nunca me ha impuesto ser bético. Es lo que he vivido en casa”, explica, buceando en los orígenes de una pasión tan particular. Daba pistas de pequeño, cuando, tal y como recuerda en la conversación con Panenka, le preguntaban cuál era su jugador favorito del Athletic y él, ni corto ni perezoso, contestaba: “¡Finidi!”. Para Jorge, el escudo de las 13 barras significa hogar: “Con los que más lo disfruto es con mi familia, cuando nos juntamos con la abuela a comer y ver el partido”. Aun así, no está solo si sale de casa. “En la peña Béticos Bilbao, hay gente de todo Bizkaia, de Álava o de Gipuzkoa, o sevillanos que han venido aquí a trabajar. Cuando el Betis juega en la ciudad, o cerca, solemos juntarnos para ir al partido”, detalla. Búsquenlo, eso sí, en la grada visitante. “Es un momento en el que puedo estar con los béticos, cantar lo nuestro”, detalla.

 

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MAREA VERDIBLANCA

Acostumbrado a los desplazamientos, ha comprobado que la verdiblanca es una de las hinchadas que más y mejor se mueve: “Nos puede salir mal un partido entre semana, y luego el sábado o el domingo ahí está la gente igualmente. Soy de la filosofía del ‘viva el Betis manque pierda’. Cuanto peor salen las cosas, más apoyamos”. Aun así, en el último lustro, el conjunto de Manuel Pellegrini ha repartido felicidad. La mayor, la Copa ganada en La Cartuja en 2022. Sin carnet de socio (“no sale a cuenta estando a 1.000 kilómetros”), no le iba a ser fácil conseguir un asiento. Aun así, Jorge iba a desplazarse a Sevilla. Lo que no esperaba es que otro bético le hiciera uno de los mayores regalos de su vida. “Conocí a un sevillano que se había venido a Bilbao por amor. Tenía dos entradas, y me ofreció una, pese a tener diez o 12 hijos. Vi el partido con su sobrino, al que no conocía, pero que resultó ser otro máquina”, narra.

 

“Nos puede salir mal un partido entre semana, y luego el sábado o el domingo ahí está la gente igualmente. Soy de la filosofía del ‘viva el Betis manque pierda’. Cuanto peor salen las cosas, más apoyamos”

 

¿Qué es ser del Betis? Quizá en la distancia sea más fácil responder a ese tipo de cuestiones. Para Jorge, es algo que une a miles de desconocidos en toda España: “Si veo a alguien con la camiseta del Betis en Bilbao, le saludo o le grito ‘musho Betis’. Pero mi padre hasta se saca una foto”. También es algo que trasciende al propio juego: “Mi padre dice: ‘a mí no me gusta el fútbol, me gusta el Betis’. Queremos ganar, pero este club va más allá. Es pasarlo bien, cantar, echar el día con los amigos, la familia…”. Y, sobre todo, para un vizcaíno que ama el lugar donde vive a la vez que adora sus raíces, tiene un significado íntimo. “Ser del Betis es acordarme de mis abuelos”, expresa , antes de despedir la conversación como la empezamos, entre risas.

 

Ilustración de Marc GS / @marc.gs