“Durante el mes de agosto, incluso durante algunos días de julio y septiembre, miles de pueblos de esa España llamada vaciada de la que tanto hablan los medios, viven una vida breve, casi un sueño de ficción, que hace pensar a sus vecinos que el tiempo ha vuelto hacia atrás varios años. Durante unas semanas, las casas de esos pueblos cerrados durante todo el invierno vuelven a abrir sus puertas y vuelven a llenarse con sus antiguos pobladores, concediéndoles una vida efímera que dura lo que dura el mes de agosto. En las calles se vuelven a ver niños y todo hace pensar que la vida ha vuelto a un mundo agonizante. Pero el mes de agosto es una ficción. Una teatralización forzada de una vida que se fue y que ya no va a regresar, porque ya nada es lo que era. La vida breve se podría titular esa obra teatral que se representa estos días por media España“, escribía Julio Llamazares en una columna que volvió a mi mientras empezaba a preparar este texto sobre el Terrassa, uno de los muchos equipos del balompié territorial español que esta semana se vestirán de gala con motivo de la primera ronda de la Copa; el agosto futbolístico del que hablaba Llamazares hace un año y medio en El País.

Catorce años después de su última participación, el Terrassa, actual equipo de Tercera División, su hábitat natural, y dirigido por el exfutbolista Xavi Molist, regresa a la competición del KO por la puerta grande, recibiendo, este miércoles por la noche, al vigente campeón, el Valencia, ya que la final de la temporada pasada, el derbi vasco entre el Athletic y la Real, todavía no ha podido jugarse. Y nada más conocerse el emparejamiento mi mente regresó a principios de la década pasada, a aquellas tres vibrantes temporadas en las que el Estadi Olímpic disfrutó por última vez de la categoría de plata, de la 02-03 a la 04-05. Regresó al ’13’ del insuperable José Miguel Morales, a la melena y la clase de Gibanel, a la endiablada velocidad de Haruna Babangida, a los nombres de jugadores como Xavier Monty, Héctor Besora, Jordi Navas, Héctor Bueno, Cristian García, Quique Martín, Juan Carlos o Maikel, a la voz de Jordi Gonzalvo, inconfundible para todos aquellos chavales que crecimos atornillados al sofá ante el Canal 33 mientras en la otra tele de casa se veían películas. Recuerdo no entender que ver un Novelda-Terrassa, que ver todos los goles del fútbol europeo en el Futbol Int, no fuera para algunos lo más apasionante que se podía hacer un domingo por la tarde.

Lo que más nos queda en la memoria a medida que nos hacemos mayores son los detalles, y, de hecho, ni siquiera recuerdo aquella eliminatoria de octavos de final de la Copa, de la temporada 02-03, en la que, antes de caer con orgullo en el Bernabéu (4-2), el Terrassa logró el que quizás es uno de sus mayores triunfos de la historia al arañar un legendario, heroico e inolvidable empate a tres goles frente al Madrid en el Estadi Olímpic; ayer tan pequeño, tan abarrotado, hoy monumental. 

El Terrassa, obligado a refundarse hace unos años, desahuciado de Segunda B desde hace una década y obligado a refugiarse en el pasado, en los viejos, ya demasiado viejos, recortes de prensa, para soñar con volver a soñar, ha desaparecido del fútbol profesional y del FIFA, al igual que lo hicieron el Lleida, el Murcia y el Ciudad de Murcia, el Racing de Ferrol, el Compostela, el Badajoz, el Salamanca, el Pontevedra, el Recreativo de Huelva, el Algeciras, el Xerez, el Córdoba, el Poli Ejido e incluso el Málaga B. Y tantos otros conjuntos con los que, mientras vivíamos atentos, cual ratón de área, a cualquier parpadeo en las páginas 202 y 204 del teletexto, hacíamos proezas, gestas imposibles, irrealizables, en la consola, en el ordenador, y con los que aprendimos la geografía española y partes de un país que hoy, en lo futbolístico, ha desaparecido, y con ellas, quizás, una parte de nosotros, mientras vamos dibujando nuestro particular mapa de la España vaciada. No de gente; sino de fútbol, de nosotros, de esa vida que se fue y que ya no va a regresar, como escribía Llamazares.

 


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Fotografías cedidas por el Diari de Terrassa (Nebridi Aróztegui).