Apenas un par de semanas antes de florecer ante el todavía vigente tricampeón de Europa, el Ajax de Ámsterdam fue barrido en De Klassieker por los movimientos de un delantero de 35 años, pelo cano y escasa punta de velocidad llamado Robin van Persie. Aquel día el Feyenoord le marcó seis goles al Ajax y tampoco nadie se extrañó demasiado. Era un resultado abultado, obvio, pero era algo que podía suceder entre equipos de un nivel más o menos similar. Mismamente unos meses antes el Ajax ya había caído 3-0 ante el dominador de la Eredivisie, el PSV del Chucky Lozano.

En resumidas cuentas: a este Ajax que está a un empate de plantarse en la final de la Champions League nadie le vio llegar porque en realidad aun ni siquiera había despegado. En apenas unos meses ha pasado de ser un equipo de tercera fila europea con una serie de magníficos futbolistas que ‘nunca disputarían sus mejores partidos con la camiseta ajaccied’ a jugar y a competir como uno de los mejores conjuntos del mundo. Su explosión es inaudita y nada tiene que ver con el camino trazado antes por el Atlético de Madrid del Cholo Simeone o por el Borussia Dortmund de Jürgen Klopp. Lo que a estos les llevó tres temporadas al Ajax le ha llevado tres meses.

Y no es casualidad. Frenkie de Jong, Matthijs de Ligt, David Neres o Hakim Ziyech son perfectamente conscientes de que están compitiendo a contrarreloj. Ellos no tienen ninguna prisa por ganar, pero a su Ajax la Ley Bosman le dejó con sólo una bala en la recámara. Es ahora o nunca. De ahí que el suyo sea un equipo que haya ido aprendiendo sobre la marcha en esta Champions.

En cada partido crecen. Tras cada encuentro son mejores, más grandes y más listos. La magnitud de su nivel actual no sería tal si en la fase grupos no se hubiese topado con el Bayern, si en octavos no hubiese tenido que remontar en el Bernabéu o si en cuartos no hubiese tenido que frenar a Cristiano. Ha sido en estos partidos cuando el Ajax ha ido adquiriendo la experiencia y la confianza necesarias para seguir avanzando rondas.

Pero, entonces, ¿qué prendió la mecha? ¿Quiénes pusieron a rodar esta bola de nieve que va haciéndose más y más grande según avanza la primavera? Sin duda fue Erik ten Hag a partir del talento de Dusan Tadic y gracias a la paradoja de Van de Beek.

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Comencemos por el principio. Erik ten Hag vio en Tadic lo que nadie intuyó jamás: un jugador capaz de jugar como falso nueve. Este cambio de posición, que había probado ante el Bayern en la fase de grupos y que recuperó ante el Real Madrid, ni mucho menos era un win-win. Más allá de cómo jugase el serbio por dentro, lo que estaba haciendo Ten Hag era mover de zona al jugador más desequilibrante del equipo. Desde la banda Dusan Tadic hacía menos que Ziyech, pero producía más. Y eso, sobre todo en Champions League, siempre es mejor.

El caso es que funcionó. Con una gran sensibilidad, Tadic encajó como un guante y se erigió en ‘la rotonda’ del Ajax, dirigiendo y conduciendo una serie de procesos que han permitido que De Jong, David Neres o Ziyech ofrezcan todo lo que llevan dentro sin ningún tipo de limitación. Una serie de procesos que sin la presencia de un jugador en concreto vendrían a significar lo mismo que borrar los carriles de una carretera creyendo que con la rotonda es suficiente para guiar a los coches.

 

Donny van de Beek es quien está posibilitando que el Ajax de Ámsterdam crezca de forma sostenida y, sobre todo, que se desarrolle a su propia manera

 

Donny van de Beek es ese jugador. Él es quien está posibilitando que el Ajax de Ámsterdam crezca de forma sostenida y, sobre todo, que se desarrolle a su propia manera, apoyándose en la base de lo que significa el Ajax como institución pero distanciándose de ciertos prefectos de Rinus Michels, Johan Cruyff o Louis van Gaal.

Porque el Ajax de Ámsterdam 2018-19 no hace juego de posición al uso. Sí que lo emplea a menudo para salir con el balón desde atrás, pero una vez Frenkie de Jong cruza la línea divisoria el Ajax se transforma en todo lo contrario: en uno de los equipos más ‘líquidos’ del fútbol contemporáneo.

De repente todo se acelera. La calma, el orden y la paciencia se transforman en energía, movimiento y caos. El Ajax improvisa. Crea sobre la marcha. Hakim Ziyech está tan pronto pinchado en banda derecha como recibiendo en el interior izquierdo de los pies de Lasse Schone. Pero es que no es sólo el marroquí, un jugador que se cayó en la misma marmita de nervios a la que hace años se había asomado Ángel di María. También David Neres lo mismo te encara en el pico izquierdo del área que se marcha a la banda derecha para juntarse con el propio Hakim Ziyech y así tener una superioridad numérica y futbolística obvia. Que vamos a decir de Dusan Tadic, que se mueve por todo el ancho del campo con plena libertad. ¡E incluso el mismísimo Frenkie de Jong! Ese jugador llamado a ser el futuro mediocentro del Barça y que en una sola jugada ya da más toques y conduce más metros que Busquets en toda su carrera.

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Es decir, el Ajax no hace una jugada igual en todo el partido. No sigue un solo patrón. Es, como decíamos, un equipo ‘líquido’. Fluctúa, cambia, fluye. Y lo hace bien. Realmente bien. Porque el Ajax es un equipo que siempre desordena más al rival de lo que se desordena a sí mismo. Por eso puede presionar durante 70 minutos. No es una cuestión meramente de físico, energía o personalidad, sino sobre todo de fútbol. Y esto es únicamente posible a quien viste de estructura lo que en realidad no lo es.

Desde la mediapunta, Van de Beek posibilita primero y compensa después todo lo que se les ocurre a sus geniales compañeros. Por eso tratar de darle una posición viene a ser como ponerle puertas al campo, diques al mar o adjetivos a Leo Messi. De él se ha dicho que es un ‘box to box’, un ‘todocampista’, un ‘falso interior’, un ‘llegador’… Y nada es cierto, pero tampoco incorrecto. Porque la posición de Donny van de Beek depende absolutamente de cómo, cuándo y dónde se desarrolle cada jugada.

 

Desde la mediapunta, Van de Beek posibilita primero y compensa después todo lo que se les ocurre a sus geniales compañeros

 

El otro día, ante el Tottenham, se sucedieron de forma consecutiva tres jugadas que vienen a explicar la naturaleza del Ajax y el valor de Van de Beek. En la primera Tadic bajó para recibir a ¾ para ofrecer una línea de pase a De Jong. ¿Dónde estaba Donny? Como 9 entre centrales. En la siguiente fue Ziyech el que se descolgó para ayudar en la salida, bajó hasta el interior izquierdo (¡!) y comenzó a tocar con Schone y Neres. ¿Dónde estaba Donny? En la banda derecha. Y en la tercera de estas jugadas, en una circulación más fluida en campo rival, fue Neres el que abandonó la banda izquierda para juntarse con Tadic en punta. ¿Dónde estaba Donny? Ya lo sabéis perfectamente.

Van de Beek no tiene una sola posición. Es nadie y todos a la vez. Como Arya Stark cambiando de cara y de mano la daga. En su caso, al contrario que en el de la protagonista de Juego de Tronos, no se comporta exactamente como Tadic, Ziyech o Neres cuando toma sus posiciones. No les reinterpreta. Pero sí mantiene esas zonas activas para fijar, ensanchar o estirar el campo y así darles más tiempo y espacio a sus compañeros para que estos creen, atraigan todas las miradas y desde fuera de plano sea otra vez Van de Beek quien aparezca en el momento justo y en el sitio indicado.

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¿No es un poco raro que llevemos tres meses hablando de lo poco que se habla de Donny? Es parte de la paradoja Van de Beek, ese jugador que no tiene posición porque juega en todas. De él también se dice que está muy beneficiado por el contexto y que, por ende, nunca se sentará en el Trono de Hierro como sí pueden hacer De Ligt o De Jong. Y es cierto. Porque además no es tan bueno. Pero también lo es que Van de Beek no es sólo consecuencia del juego del Ajax, sino que sobre todo es causa del mismo. Y que sin él este equipo no habría encontrado la forma de correr cuando hasta hace solo tres meses únicamente era capaz de gatear. Así ahora el Ajax está a un empate de jugar la Final de la Champions en pleno 2019. Allí ya le espera el temido Rey de la Noche, que no es Jürgen Klopp, sino la legitimidad de la futura Superliga europea.