Se da por concluida la sesión de entrenamiento en la Ciutat Esportiva Dani Jarque y los hombres de Javier Aguirre se dirigen al vestuario. Después de tomar una ducha, la mayoría de ellos pondrá rumbo a casa pensando que dispone de toda la tarde para dedicarla a su tiempo de ocio. No es el caso de Manuel Lanzarote, que conducirá hasta la localidad de Terrassa, a unos 35 Km de Barcelona. Allí, tres veces por semana, le esperará un grupo de chicas a las que sabe que no puede fallar. Una vez en las instalaciones deportivas del equipo de barrio San Lorenzo UD, se reunirá con el primer grupo de entrenamiento de la tarde, el de las más pequeñas. Cuando vea de nuevo sus sonrisas, sabrá que no se equivocó.

Lanzarote tuvo el primer contacto con el fútbol femenino en el CE Sabadell, al mismo tiempo que vivía en el club su última temporada como jugador, antes de dar el mayor salto cualitativo de su carrera: fichar por el Espanyol. Durante ese curso pidió ayudar al fútbol base de la entidad, así que le dieron la oportunidad de colaborar con el Cadete-Juvenil femenino que dirigía Antonio Bedoya. “Al principio dije que iba a ir un par de días a la semana para echar una mano, pero Antonio ya me avisó de que si empezaba me acabaría enganchando. Y así fue”, confiesa el delantero. Así pues, su implicación acabó siendo total. ‘Lanza’ no sólo era un héroe cada domingo en la Nova Creu Alta, también era un referente para este grupo de adolescentes que tenía el privilegio de tenerlo como miembro del cuerpo técnico.

Fue entonces cuando el futbolista se percató de que el fútbol femenino tenía unas características particulares, algo que no había imaginado hasta el momento. “Todo lo que intentaba enseñarles, lo practicaban hasta que lo conseguían”, recuerda ‘Lanza’ de las primeras chicas que dirigió. “Allí vi que tenían una sensibilidad especial y por eso merecían tener las mismas posibilidades”, sentencia. Llegados a este punto, apareció la idea de iniciar un proyecto dedicado exclusivamente a chicas que quisieran jugar a fútbol. Unos meses más tarde, esto ya es una realidad.

Nacimiento de la EFML

Tanto Manu Lanzarote como Antonio Bedoya se plantearon, aun en el Sabadell, la posibilidad de modificar la manera en la que las chicas crecían y se formaban en el mundo del fútbol. Cuando intentaron llevarlo a cabo en el mismo club del que formaban parte, se dieron cuenta de que no sería viable, así que, lejos de dejar la idea a un lado, decidieron empezar de cero. Fundaron un club con el nombre del jugador, firmaron un acuerdo con el San Lorenzo UD de Terrassa para poder usar sus instalaciones, y llevaron a cabo todos los movimientos burocráticos necesarios para acabar inscribiendo en la Federació Catalana de Futbol la Escuela Femenina Manu Lanzarote.

La particularidad de este proyecto no solo recae en el hecho de estar orientada únicamente a chicas, sino también en la manera de entender el fútbol. El modus operandi de la entidad combina el deporte y la enseñanza en base a unos principios que se respetan sobre todo lo demás. Y una buena prueba de ello es el diseño del escudo que lucen todas las chicas en el pecho. Dentro de una ‘V’ – inicial de la palabra ‘valores’ – aparecen tres elementos clave para entender lo que pretende la EFML; un búho como símbolo de sabiduría, un libro como distintivo de la educación y una cadena como emblema de la unión indispensable en cualquier equipo.

Si uno se acerca hasta dichas instalaciones, se da cuenta del esfuerzo de todo el personal implicado que trabaja para que a las chicas no les falte de nada. Técnicos específicos, un aula para el estudio, habituales charlas con profesionales y promoción de hábitos saludables para las deportistas. Aunque lo más admirable del proyecto es la dimensión que pretende alcanzar y el gran número de personas que se dedican a ello. Este año ya son tres las categorías diferentes que compiten por todos los campos de Catalunya, pero para la temporada que viene se prevee doblar el nombre de equipos y de chicas, además de llevar a cabo otras acciones como la creación de una fundación. De momento, la pequeña estructura del club hace posible que se haya convertido en algo muy parecido a una familia.

Una apuesta segura

“Desde mi punto de vista, creo que falta lo mismo en la etapa formativa de chicos que de chicas. Pero ellas al final siempre han tenido menos oportunidades”

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, reflexiona ‘Lanza’ sobre el motivo de su firme apuesta por este sector. “Las posibilidades de crecimiento son muy grandes porque el fútbol femenino no está tan viciado”, explica el jugador sentado en una de las salas que sirve como aula de estudio de las chicas una vez acaban la sesión preparatoria. Aun así, ‘Lanza’ también es consciente de que lleva a cabo un proyecto sin precedentes y que es inevitable que haya escépticos en su entorno. “Los que piensan que no tiene futuro es porque no están dentro”, asegura convencido.

La seguridad de sus palabras y la sonrisa que se dibuja en sus labios cuando piensa en las prebenjaminas que están teniendo el primer contacto con el balón en su escuela, hacen pensar en un futuro más que prometedor para la entidad.“Nosotros somos de los que pensamos que no hay que comparar el fútbol masculino con el femenino, igual que en Primera División el resto de equipos no podemos compararnos con Barça o Madrid. Cada fútbol tiene sus cosas y hay que potenciarlas por separado”, define el jugador.

[quote]El escudo que las chicas lucen en el pecho está diseñado con la ‘V’ de’valores’ y tres elementos más; un búho cómo símbolo de sabiduría, un libro de la educación y una cadena como emblema de la unión indispensable en todo equipo [/quote]Al final, lo importante es que se inicie un ciclo que impulse la formación tanto deportiva como personal de las chicas, siempre en un ambiente en el que se sientan importantes. Atrás quedarán los peores horarios para las chicas, las equipaciones más antiguas, el reducido espacio para el entreno y los continuos debates acerca del nivel del fútbol femenino. La EFML es por y para ellas. Éste será el primer paso para conseguir objetivos posteriores. “Es normal que a las jugadoras les guste Messi o Cristiano Ronaldo, pero sería interesante que una chica que juega a fútbol tuviera un reflejo en una jugadora de la Superliga”, apostella Lanzarote.

Compromiso de primera

Son muchos los que critican la falta de medios y el apoyo al fútbol femenino, pero Lanzarote y todos los que han hecho posible la Escuela han preferido ponerse a trabajar en lugar de quejarse para cambiarlo. En el caso del jugador, sus acciones tienen un plus de repercusión, porque logra poner cara y ojos a la gran labor que lleva tiempo haciéndose en este país por miles de personas anónimas. Él acude a todos los entrenamientos, es el primero en ofrecerse voluntario para ir a comprar material o estampar camisetas y sigue con esmero la actualidad del fútbol femenino español.

“El año pasado, cuando estaba en el Sabadell, me aislaba del fútbol profesional durante unas cuantas horas con el equipo de chicas. Ahora, después de los entrenamientos con el Espanyol, lo hago aquí. Necesito desconectar y no me importa si tengo que echar cinco, ocho o diez horas en la Escuela”, reconoce Lanzarote, que en la Escuela es uno más entre todos los que trabajan para las chicas. “Y al final, esto lleva mi nombre. No pondría mi nombre a algo que no controlara o que no supiera que va en buena dirección, en lo que no creyera”, concluye con la naturalidad y humildad que le caracterizan.

No es habitual que un jugador profesional dedique tanto tiempo y energías a impulsar un proyecto de este tipo. Como tampoco es algo común que un futbolista debute en Primera División a los 29 años. Al final, Lanzarote es un tipo acostumbrado a transigir, a no dejar de luchar. Por eso la Escuela tiene un futuro tan esperanzador. Está claro que el fútbol femenino no es solo cosa de mujeres; hombres como ‘Lanza’ resultan esenciales.