La grandeza de los torneos del KO recae precisamente en esto: en dar la oportunidad a los equipos más humildes de codearse con los más grandes. Porque, aunque el choque acabe con un inapelable 0-4 como sucedió el miércoles entre el Lleida Esportiu y el Atlético de Madrid en el Camp d’Esports, lo importante es estar ahí y poder disfrutar de la bonita experiencia de vivir en la elite por un día. Esto, queridos amigos, no se paga con dinero.

“El marcador es malo, pero lo que fue el ambiente y la fiesta vivida antes, durante y después… Ha sido impagable para un equipo modesto que no está acostumbrado a esto”, asegura el periodista de Catalunya Ràdio Dani Badia, feliz por haber podido narrar uno de los encuentros más trascendentales de la trayectoria del Lleida y aún emocionado por “todo lo que hemos vivido en la ciudad estos últimos días a nivel futbolístico”.

Y es que, después de que el equipo diera la sorpresa en los dieciseisavos de final al eliminar a la Real Sociedad en Anoeta, Lleida se ha volcado con sus jugadores. La prueba más evidente de ello es que el miércoles el Camp d’Esports se vistió de gala para recibir al Atlético en la ida de la eliminatoria, con más de 12.000 aficionados en las gradas. Ciertamente, la posibilidad de ver en directo a los Griezmann, Torres, Godín, Vitolo, Diego Costa y compañía no pasó inadvertida entre los ilerdenses, que acudieron en masa al estadio. “Fue una locura, hacía mucho tiempo que el campo no presentaba este ambiente”, destaca Diego Rivas, una de las voces más veteranas del vestuario del Lleida Esportiu. Y, a pesar del 0-4, añade: “Es una experiencia súper bonita, porque a lo mejor no volvemos a tener la opción de jugar contra ellos y porque es lo más parecido al fútbol de elite que vamos a poder probar este año”.

A juzgar por el marcador, podría parecer que el conjunto madrileño pasó por encima del Lleida. Nada más lejos de la realidad, porque el equipo que dirige el joven Gerard Albadalejo cuajó un partido muy digno, dejó una excelente imagen e, incluso, se dio el lujo de superar en ritmo e intensidad a uno de los mejores conjuntos de España en algunas fases del duelo. Ya lo había avisado el propio Albadalejo en la previa del encuentro: “Será una fiesta para Lleida, pero saldremos a competir. Queremos dejar el nombre de la ciudad bien arriba”.

Con todo, a pesar de la admirable e innegable voluntad del Lleida por tratar de competir, y más allá del resultado final, el partido pasará a la historia porque permitió que toda la ciudad se volviera a sentir como lo que fue hace no tanto tiempo: una ciudad de Primera división. “Hemos vuelto a vivir lo que vivimos en la temporada 93-94, hemos revivido todas las imágenes de entonces y hemos tenido las mismas sensaciones”, reconoce Dani Badia.

“Este encuentro despierta un sentimiento de nostalgia por un fútbol que añoramos”

En la misma línea, Ramon Usall, hincha del equipo desde pequeño y autor de dos libros sobre fútbol y política -Futbol per la llibertat y Futbolítica-, explicaba, tan solo unas horas antes del partido, que, “a los que hemos ido al Camp d’Esports desde pequeños, este encuentro nos despierta un sentimiento de nostalgia por un fútbol que añoramos y en el que el Lleida tenía un papel más relevante”. “Durante mi adolescencia estábamos acostumbrados a ser uno de los equipos grandes de Cataluña y podíamos ver partidos de este tipo con más asiduidad, así que para nosotros el encuentro supone un retorno romántico al fútbol de antes”, continuaba Usall, un historiador de los auténticos, de los que repiten aquello de que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’ incluso cuando duermen.

Porque, como tantos otros históricos de nuestro fútbol, el Lleida Esportiu, el sucesor de la disuelta Unió Esportiva Lleida que en el curso 93-94 llegó a superar al Real Madrid en el Camp d’Esports (2-1) y al Barça en el Camp Nou (0-1), vive condenado en los infiernos del deporte rey, instalado en Segunda B y siendo apenas una sombra de lo que un día llegó a ser.

Precisamente, por recordar el pasado glorioso que representa aquella temporada que el Lleida de José Manuel Esnal, ‘Mané’, estuvo en Primera, el encuentro contra el conjunto del ‘Cholo’ Simeone era una cita histórica e imperdible. Era, en definitiva, un motivo de reafirmación para unos aficionados que, aunque sea por unos días, han vuelto a sentirse en el centro de la escena futbolística nacional. Tal y como apunta Dani Badia, “enfrentarte a un equipo como el Atlético significa que todo lo que pasa traspasa las fronteras ilerdenses y catalanas”.

“Hacía días que visualizábamos este partido. Vivíamos por este partido”

“Los que vamos frecuentemente al Camp d’Esports nos preguntamos por qué no podemos vivir esto cada fin de semana”, admitía Ramon Usall, como si fuera el representante del millar de aficionados que, jornada tras jornada, acuden al estadio para sufrir al lado del equipo. Y, mientras buscaba una réplica suficientemente digna a una cuestión tan desgarradora, me di cuenta de que quizás, en realidad, el entrevistado tampoco la necesitaba. Respondiera lo que respondiera, él, preso de los nervios, iba a acudir al encuentro con la misma ambición y con la misma ilusión. De hecho, a la hora que hablamos, como a tantos otros aficionados del Lleida, probablemente ya no le debían quedar uñas. “Hoy es uno de aquellos días en los que uno lo quiere vivir con un poco más de intensidad, que pasa por el bar para hacer la previa y que tiene ganas de comentar cómo irá la cosa”, me contaba. Y, desde el otro lado de la línea telefónica, no podía dejar de pensar en la noche que iba a vivir y en cuánto tiempo debía llevar esperando un encuentro como el del miércoles. La respuesta la tiene Dani Badia: “Hacía días que visualizábamos este partido. Vivíamos por este partido”.

Por este motivo, cuando el árbitro decretó el final del duelo, los aficionados invadieron el campo para acercarse a sus jugadores y a los del Atlético; por este motivo, los futbolistas ilerdenses corrieron a intercambiarse las camisetas con sus rivales. Todos querían tener un recuerdo del partido, algo con lo que poder decir: “Sí, yo estuve en el Camp d’Esports aquella noche”.

Tras el castigo excesivo de la ida, el partido del Wanda Metropolitano del próximo martes puede que no sea muy emocionante a nivel deportivo, pero los jugadores y los aficionados del Lleida Esportiu, la gran sorpresa de esta Copa del Rey junto al Formentera, lo disfrutarán como si fuera la segunda parte del premio que les ha tocado vivir este año. Un premio que, por cierto, ha sido completamente merecido. En este sentido, mientras se imagina defendiendo la portería del Wanda, Diego Rivas destaca, con el orgullo del futbolista humilde que ha tenido que luchar durante toda su carrera: “Estamos aquí por méritos propios, nadie nos ha regalado nada”.

Con todo, después del encuentro contra el Atlético de Madrid toca pasar página y volver a la cruda y dolorosa realidad de la Segunda división B. “Mañana tenemos partido de liga contra el Badalona y seremos los 800 de siempre”, subraya, con pena, Dani Badia. Efectivamente, mañana no se desplegará un espectacular mosaico en las gradas, no se agotarán las entradas y no habrá colas en los aledaños del Camp d’Esports.

Unas horas antes de dirigirse al estadio, Ramon Usall soñaba con que “el encuentro contra el Atlético pueda servir para que la gente siga más al Lleida”. Es cierto, quizás es un pensamiento demasiado optimista, pero como dice Gerard Albadalejo, el hombre que ha llevado al Lleida hasta los octavos de la Copa del Rey, “para que pasen cosas hay que soñarlas”.