N’Golo Kanté nunca, nunca, nunca dejaría el trozo justo de papel higiénico para escaquearse de cambiarlo. Lo dejó claro en el Leicester. Iba a ser el guardaespaldas de todos, el que llevaba efectivo siempre, el voluntario para encender las brasas un domingo de barbacoa. Kanté siempre ha entendido el fútbol como algo más cercano a un lunes por la mañana que a un sábado por la noche. Algo más parecido al bar Manolo que al Pacha o al Amnesia.

Kanté siempre ha jugado como escribe poesía Karmelo C. Iribarren: “Una palabra detrás de otra hasta llegar a la última y cerrar con un punto”. Los chispazos de Vardy y el talento de Mahrez necesitaban el trabajo de Kanté. Para que algunos se pegaran la fiesta, otros tenían que fregar las manchas al día siguiente; para que sonara la música bien alto, otros tenían que poner su altavoz; para que tú te emborraches, alguien tendrá que aguantarte la frente delante del váter. Ese era Kanté, feliz ajeno al protagonismo, solo con un gol en esa temporada para la historia.

Cinco campañas después. Un sábado cualquiera. Kanté, otra vez, en el centro del campo del King Power Stadium. Ahora juega en el Chelsea. Lo de siempre: miras a Mount, miras a Hudson-Odoi, miras a Havertz. Hasta que Kanté recibe una pelota en el centro del campo. Los ‘Foxes’, quizás para agradecerle todo lo que hizo por ellos, le dejan avanzar. Él corre con pasitos cortos, como si no quisiera llegar, como si repeliera el protagonismo, como si nunca se fiara del éxito. Chuta con la zurda, marca y se extrañan los que vieron consagrarse al tipo que se peinaba las cejas, que emparejaba los calcetines sin fallo, que tenía cuadriculadas todas las comidas. Él también se extraña y celebra el gol con esa sonrisa ingenua que delata a los tímidos. Quiere que lo abracen rápido para dejar de salir en tu tele, busca huir del elogio. El éxito para él es como el jersey de lana que, bueno, te lo pones, pero siempre te pica un poco.

Advertisement

 

Podría protagonizar el último TikTok, podría celebrar los goles con confeti, podría ser la portada del FIFA

 

Y ese es el triunfo de Kanté: destripar su propio éxito. Un jugador que crece cada temporada, que ahora también marca goles y golazos, que ha ganado la Premier, el Mundial, la Champions League y es líder con el Chelsea. Podría protagonizar el último TikTok, podría celebrar los goles con confeti,  podría ser la portada del FIFA, podría, podría. Pero él es el rey del anticarisma, ese gran generador de carisma. Los que no quieren luz son los que más brillan. Los que creen que no son los mejores, que son uno más, que son prescindibles aunque sin ellos se cayera el mundo, son los putos amos.

Le continuarán señalando los focos y a él, tripulmonar, no le cegará el éxito. Lo ganará todo y marcará goles, pero preferirá barrer las migas de los demás, se prestará a cambiar la funda del nórdico, bajará a comprar el pan cuando no haya más en el congelador y, sobre todo, por dios, Kanté, sobre todo, y esto te lo pedimos por favor, no nos falles con lo del papel higiénico y sigue cambiándolo cuando quede poco.

 


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Fotografía de Imago.