Hubo un día en el que a los delanteros tan solo se les pedía una cosa: quédate dentro del área, espera el balón ahí y perfora la red. Ya está, olvídate del resto. Al nueve actual se le exigen otra serie de registros, sobre todo que se involucre en el juego de su equipo, que no solo sea el finalizador si no que muchas veces sea el generador. Quizá exista una relación directa entre la desaparición de aquellos extremos que regateaban y llegaban hasta la línea de fondo, con la ausencia de auténticos tanques del área. Dónde quedarán los Vieri, Palermo, Jardel, Carew, Trezeguet o Kovacevic.

Tengo mucha curiosidad por saber qué tal le habría ido al bueno de Jan Koller en el fútbol actual. Sus más de dos metros al servicio de equipos sin extremos y pensándolo bien, no sé en qué clubes de élite podría tener hueco. Pero lo cierto es que el gigante checo, que en un principio iba para jugador de baloncesto, se hizo un hueco entre los mejores nueves a principios de siglo. Muchos ya conoceréis su carrera, la cual comenzó de portero y terminó en el otro extremo del campo. Cómo íbamos a olvidar esa estampa de Koller jugando de guardameta ante el Bayern, tras la expulsión de Lehmann, y dejando su portería a cero. Tuvo un par de actuaciones de nivel bajo palos. Durante aquellos años adoré a Koller, aunque tuviera la camiseta de Baros tras su gran Eurocopa de 2004, y la República Checa era mi equipo elegido para jugar al PES.

Rescatando la anterior cuestión, ¿tendría el tanque checo hueco en alguno de los equipos de élite actuales? Lo tendría difícil, ya que el fútbol ha cambiado pero quizá dentro de no demasiado vuelvan los extremos y los delanteros que rocen los dos metros. Ya sabéis que todo en esta vida es cíclico. Koller era más ágil con los pies de lo que podía parecer. Evidentemente no era el más fino de todos, no era Sabonis jugando a baloncesto, pero se defendía mejor de lo que pudiera parecer a simple vista. Si uno repasa sus números, la verdad es que no están nada mal. Sobre todo si hablamos de su etapa en la liga belga o en el Borussia Dortmund. En Bélgica fue el máximo goleador y además conquistó una liga, méritos que hicieron que terminara jugando en la Bundesliga.

Nada más llegar al Dortmund ganó la liga y fue finalista de la UEFA, el propio Koller anotó el mejor gol de su carrera en aquel duelo frente al Feyenoord. Estamos ante un BVB de lujo con los Lehmann, Lars Ricken, Rosicky, Ewerthon o Amoroso, pero que nada pudieron hacer contra Tomasson, van Persie y van Hooijdonk. Con su selección, la República Checa, compartió vestuario con una generación irrepetible, posiblemente la mejor que dio jamás el país. Entre tanto fino estilista como lo eran los Poborsky, Rosicky, Nedved, Baros o Smicer, ahí estaba Koller rompiendo con toda la estética y los moldes. Estaba rodeado de futbolistas talentosos, los cuales poseían la capacidad de ofrecerle balones de calidad. Pero a Koller eso le daba igual, con tal de que fuera un centro cercano a sus dos metros de altura le era suficiente. Aún es el máximo goleador en la historia de su país, sumó 55 goles en 91 partidos. Unas cifras similares a las de Villa con España, por ejemplo.