Os seré sincero. Empieza a cansarme el nuevo formato de serie de televisión ‘contrarreloj’. Esa tendencia que apuesta por formatos cortos y peligrosamente intrascendentes. Y digo peligrosamente porque ocupan un buen pedacito de mi tiempo libre y, qué caray, uno paga una suscripción para emocionarse frente al televisor. Por eso, bajo mi particular against modern series, decidí volver a ver Los Soprano. ¡Tremenda serie! Se acabó el usar y tirar. Eso sí que eran personajes de verdad, meticulosamente construidos. Y con un amigo, a lo tonto, siempre comentamos que si en el fútbol hubiera un Tony Soprano, ese solo podría ser Zlatan Ibrahimovic.

¡Qué tío! Si no fuese porque lo vi jugar con mis propios ojos en el césped del Camp Nou, apostaría a que es un personaje de ficción directamente sacado de un guión de Martin Scorsese. ¿Qué clase de futbolista roba una bicicleta cada día para llegar puntual al entrenamiento, se hace 50 tatuajes provisionales para celebrar un solo gol, se compra una isla para cazar alces o pide un Ferrari Enzo como condición para fichar por un club? El bueno de Zlatan es un muchacho especial, sí. También vehemente, temperamental y profundamente desconfiado. Tanto que, si se mosquea, en cualquier momento puede soltarte una patada de taekwondo exhibiendo sus dotes de cinturón negro.

Demasiadas excentricidades para ser definido como un ser humano corriente, precisamente lo que me hace conectarlo con Tony Soprano. Recuerdo un capítulo de la serie que terminaba con el magnífico tema I’m Not Like Everybody Else de los Kinks en alusión a la singularidad del ‘Capo’ de New Jersey, un grandullón que resolvía sus conflictos con un genio terroríficamente impulsivo a la vez que lloriqueaba por unos patos. Ibra -grandullón también- encarna a la perfección ese carácter animal y aterrador de Tony. Esa clase de persona que esconde viejos traumas y los transforma en cólera y perversión pero que, al final, termina por ser resolutiva. Algo así como infractor y decisivo al mismo tiempo, lo que en lenguaje futbolístico vendría a ser un ganador.

 

Su fútbol se irá y jamás volverá. Igual que las peripecias de Tony Soprano. Ambos son personajes sin igual y alejados de la dinámica común, cause they’re not like everybody else

 

El trotamundos de Zlatan acumula 31 títulos en su palmarés y más de 500 goles anotados habiendo vestido hasta diez camisetas diferentes repartidas en siete países: Suecia, Holanda, Italia, España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Claro está que es un tipo acostumbrado a decir adiós. A mí me da que lo hace por una cuestión de dominio y de búsqueda constante de un imperio para él solito. La competencia no está en sus códigos, con lo que no quiere ni pizca de sombra para erigirse como el mandamás. A la vista está cómo muchos personajes de peso se han ido desvinculando de su particular argumento; Mourinho, Guardiola, Leo Messi, Al Khelaifi, etc. ‘Muertes’ que parecían imposibles pero que eran necesarias para su prosperidad. Imposible no citar ahora a Tony Soprano. O, ¿acaso no se acuerdan de -ojo, ‘spoiler’- Christopher, Pussy, Richie Aprile, Ralph Cifaretto, Tony B, etc?

A lo que iba. La última mudanza de Ibra ha sido de Los Ángeles a Milán. O lo que es lo mismo, del fútbol exótico al fútbol de verdad. “Justo cuando creía que estaba fuera, me vuelven a meter dentro”, dice la mítica frase de El Padrino que, por cierto, tan bien imitaba en la serie Silvio Dante, la mano derecha de Tony. ¡Qué bueno! Me imagino el festín que se montarían Paolo Scaroni y compañía cuando consiguieron traerlo de vuelta a ‘Il Diavolo’ justo cuando parecía que América era la última de sus andanzas. Pero no, va el tío y se vuelve a Europa con 38 años. Igual que el típico gángster que dan por muerto y, ¡patapam!, resurge de las cenizas con el objetivo de reconquistar aquello que había perdido o, mejor dicho, que parecía haber perdido. Puede que se estuviera haciendo el sueco, permítanme el chiste, aunque, pensándolo bien, de sueco poco. Su ascendencia bosniocroata lo provee de ese ADN picante y enfadoso propio de los Balcanes, o al menos de sus futbolistas. No quisiera enojar a nadie.

Al fin y al cabo, la combinación que surge de su mal genio y su técnica marciana es una bomba que nos obliga a definirlo como un futbolista único e irrepetible. Más allá de su extenso anecdotario de extravagancias, Ibrahimovic es autor de auténticos golazos y jugadas imposibles, ¡el de chilena es el más bárbaro que he visto en mi vida! Con él podría nacer una especie de against typical football, puesto que su fútbol no representa el de antes ni el de ahora. Su fútbol se irá y jamás volverá. Igual que las peripecias de Tony Soprano. Ambos son personajes sin igual y alejados de la dinámica común, cause they’re not like everybody else.

And they don’t want to ball about like everybody else

And they don’t want to live their life like everybody else

And they won’t say that they feel fine like everybody else

‘Cause they’re not like everybody else.

The Kinks, 1967.

 


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Fotografía de Getty Images.