Nathaniel Hawthorne, reconocido escritor estadounidense de la primera mitad del siglo XIX, contaba en su libro Wakefield la historia de un hombre que, hastiado de su rutinaria vida, decide abandonar a su mujer y desaparecer sin dejar rastro. Lo más curioso es que se esconde en un pequeño apartamento alquilado justo en frente de su antigua casa. El único objetivo era poder contemplar el dolor de su mujer abandonada y presenciar, in situ, su propia desaparición. Podría decirse que se trata de una historia un tanto macabra, pero ¿quién no se ha preguntado alguna vez cómo sería su funeral? ¿Quién iría? ¿Qué ausencia llamativa te dejaría sin palabras? ¿Cuánta gente lloraría? ¿Quién estaría riendo como si nada hubiera ocurrido? Preguntas que, por suerte o por desgracia, nunca podremos resolver. O sí. Si no que se lo digan a Hiannick Kamba.

El 9 de enero de 2016, no dejaba de sonar el teléfono de las oficinas del Schalke 04 en Gelsenkirchen. Desde Kinsasa (República Democrática del Congo) llegaban noticias del fallecimiento de Hiannick Kamba, canterano del club entre los años 2003 y 2007. El jugador había viajado hasta su país de origen para visitar a su familia y allí había sufrido un accidente de tráfico que le costó la vida. El suceso conmocionó a los aficionados del conjunto alemán. Se trataba de alguien especial, un chaval muy querido por haber llegado a Alemania en unas circunstancias complicadas. Su familia se instaló en la región germana del Ruhr en 1996, después de una larga travesía huyendo de la pobreza del África central.

 

Hiannick Kamba no era tan ingenioso como el actor estadounidense, pero podría decirse que su imaginación fue digna de una superproducción de Hollywood

 

Parecía que a Hiannick se le daba bien eso de darle patadas a un balón porque, poco tiempo después de aterrizar en suelo alemán, ojeadores del Schalke 04 se fijaron en su potencial y decidieron incorporarlo al equipo juvenil. En esa plantilla repleta de jóvenes talentos, compartió vestuario durante cuatro años con un portero llamado Manuel Neuer. Todo era felicidad en la familia Kamba. Intuían el final de un trayecto tormentoso y el inicio de una vida plácida, sin sobresaltos. Pero, cuando todo va sobre ruedas, parece que siempre tiene que haber resquicio para que entre el mal fario. Es como una ley no escrita. Al cabo de unos años, las autoridades alemanas informan a Hiannick de que él y su familia corrían el riesgo de ser deportados.

En el Schalke 04 eran conscientes de que no podían dejarle escapar y decidieron entonces hacerle un contrato profesional para que no tuviera ningún problema con su estancia en el país. Su familia sí lo tuvo más complicado y se vio forzada a regresar a la República Democrática del Congo. Este hecho desestabilizó la carrera prometedora de Hiannick. Su nivel comenzó a verse afectado y el conjunto de Gelsenkirchen lo acabó traspasando al Germania Gladbeck en 2008. Este sería el inicio de una montaña rusa que lo llevó desde el Recklinghausen al VfB Hüls, pasando por el YEG Hassel o el SG Borken. En total, jugó en siete equipos de las categorías más humildes del fútbol alemán.

La ocurrencia de Kamba

Cuando todo parecía perdido, a MacGyver le venía la inspiración y era capaz de solucionar problemas insalvables con la simple ayuda de un clip, un rollo de cinta adhesiva, una pinza del pelo o un chicle usado. Hiannick Kamba no era tan ingenioso como el actor estadounidense, pero podría decirse que su imaginación fue digna de una superproducción de Hollywood. Mientras jugaba para el YEG Hassel cobrando sueldos irrisorios, pensó que sería una buena idea contratar un seguro de vida por 1,2 millones de euros y colocar como única beneficiaria a su mujer.

En 2016, justo un año después de dejar su firma en el contrato de la aseguradora, Hiannick realizó un viaje a su ciudad natal, Kinsasa, para visitar a su familia. Allí tuvo la mala suerte de sufrir un accidente de tráfico que le costaría la vida. Al menos eso es lo que le dijeron al Schalke 04 y al VfB Hüls, club en el que militaba en ese momento y que emitió una emotiva esquela en su recuerdo: “Representó las ideas y valores de nuestro club como pocos. Su fallecimiento dejará un gran vacío. No hay duda de que Hiannick es una amarga pérdida deportiva para nosotros, pero sobre todo lo echaremos de menos como ser humano”.

 

En mayo de 2020, afirmaron que había un trabajador de una compañía eléctrica de Gelsenkirchen que era idéntico al fallecido Hiannick

 

Con los ojos llenos de lágrimas, su mujer Christina se disponía a recibir algo más de un millón de euros por su fallecimiento. Todo parecía suceder con total normalidad hasta que, en mayo de 2020, afirmaron que había un trabajador de una compañía eléctrica de Gelsenkirchen que era idéntico al fallecido Hiannick. “Esto tiene que ser un truco de ilusionismo”, debieron pensar entonces. Pero no, era él. Kamba no había muerto en aquel accidente de tráfico. ¿Cómo era posible?

Todo fue una farsa para cobrar el dinero del seguro de vida y acabar así con todos los problemas económicos que el matrimonio iba arrastrando desde que el jugador abandonó el Schalke 04. El diario alemán Bild reveló en 2018 que el futbolista se había presentado voluntariamente a la embajada alemana en Kinsasa para demostrar que estaba vivo y acabar así con todo ese embrollo. Allí declaró lo siguiente: “en enero de 2016, durante mi viaje al interior del Congo, un amigo me abandonó por la noche sin papeles, sin dinero y sin teléfono”. La ya exmujer del falso fallecido afirmó que se enteró de que disponía de un seguro de vida justo después del accidente. Incluso se está investigando cómo pudo conseguir en su país documentos oficiales que confirmaban su muerte. No sabemos si Hiannick quería descubrir cómo sería su funeral o si lo que quiso fue emular a MacGyver de forma cutre, lo que está claro es que ahora se enfrenta a una pena de prisión por estafa.

 


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