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Estados Unidos, Inglaterra y el milagro de Belo Horizonte

La mayor sorpresa de la historia del Mundial se escribió en 1950: Estados Unidos, con una selección amateur, venció a la debutante Inglaterra con un tanto de Gaetjens

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“Estamos de nuevo en Belo Horizonte. De los altavoces saldrá hoy la noticia más sensacional del campeonato. Mortensen cree que será cuestión de broma derrotar a los Estados Unidos. El árbitro es latino. Los bolivianos han venido para aprender de los ingleses”.

No-Do.

 

La leyenda dice que cuando el 1-0 cruzó el Atlántico y llegó a Londres se creyó que era un error tipográfico y que Inglaterra había vencido a Estados Unidos por 10-0 o por 10-1, en el Mundial de 1950. Más tarde se comprobó, hemeroteca en mano, que aquello era un mito futbolístico más. Pero el 1-0 sí era real: Estados Unidos venció a Inglaterra en la segunda jornada de la fase de grupos de la Copa del Mundo. Era el cuarto Mundial, tras las ediciones de 1930, 1934 y 1938 y tras 12 años de espera por la Segunda Guerra Mundial, y era el primer Mundial para Inglaterra tras el boicot a los tres ediciones anteriores. “Cuando se disputaron las tres primeras ediciones del torneo, las federaciones del Reino Unido ni siquiera eran miembros del máximo organismo internacional. Con celo y escepticismo, no se integraron hasta dos años después de la fundación del ente, para abandonarlo de nuevo entre 1920 y 1924, por su negativa a jugar contra selecciones de los enemigos en la Gran Guerra. En 1928 volvieron a dejar vacía su silla, esta vez por desavenencias en la definición de amateurismo que hacía la FIFA en la organización del torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam. ‘No tenemos nada en contra de la FIFA, pero preferimos gestionar nuestros asuntos a nuestra manera, y no enredarnos en un exceso de regulaciones’, justificó el entonces vicepresidente de la federación inglesa (FA), William Pickford, en un alarde del espíritu insular que ha llegado hasta nuestros días en forma de Brexit. El aislacionismo se mantuvo hasta 1946, cuando la FA regresó al máximo organismo”, rememoró Carlos Martín Río en la #Panenka98. Para los ingleses, el Mundial de 1950 era “la oportunidad de demostrar su superioridad en igualdad de condiciones” y, aún más, “reclamar lo que era suyo”: el cetro intercontinental. Sentían que les pertenecía por derecho divino. Ya habían encajado derrotas antes de la guerra, pero estas “no empañaron el relato del eterno dominio insular. Como explica el profesor emérito de la Universidad de Kingston Peter J. Beck ‘se solían explicar en términos, por ejemplo, de arbitrajes extranjeros, interpretaciones distintas de las reglas, terrenos de juego irregulares, mal tiempo, demasiados viajes o cansancio después de una larga temporada: en definitiva, factores que evitaban que los jugadores ingleses mostraran su asumida e innata superioridad'”.

Repleto de grandes nombres, el equipo de Walter Winterbottom, “un ex del United retirado prematuramente que ejercía de maestro y era un veterano de las fuerzas aéreas”, debutó en un Mundial con una victoria ante Chile en Maracaná (2-0), con goles de Stan Mortensen (Blackpool), el único futbolista capaz de anotar un hat-trick en una final de la FA Cup, y Wilf Mannion (Middlesbrough). La del 25 de junio de 1950 fue la primera victoria del país en una Copa del Mundo. Y fue la última hasta 1954, porque después perdería sus otros dos partidos en Brasil: ante Estados Unidos y ante España, que terminó primera de grupo y accedió a la siguiente fase con pleno de triunfos. El encuentro ante España es muy recordado en la península por el tanto de Telmo Zarra (1-0), pero el duelo contra Estados Unidos, un equipo amateur, pervive como una de las mayores sorpresas de la historia de la competición. El partido se jugó el día 29 de junio de 1950, a las 15:00 hora local, en el Estadio Independência, en Belo Horizonte, y pasó a la historia como el ‘Milagro sobre hierba’. “En calidad de inventores del fútbol moderno, los ingleses llegaron a Brasil con la firma intención de arrasar en la competición. Los norteamericanos, que en las ediciones de 1930 y 1934 habían participado con equipos formados por jugadores nacidos en el extranjero, presentaron esta vez un combinado compuesto por hijos de emigrantes y futbolistas semiprofesionales, muchos de los cuales disputaban partidos a cambio de unas monedas tras su jornada laboral o durante los fines de semana. En esa época, el fútbol en Estados Unidos se consideraba una novedad restringida a las universidades y a los guetos de los emigrantes. En su primer encuentro en Brasil perdieron por 3-1 contra España, y con este panorama no resulta extraño que los pronósticos dieran a Inglaterra como clarísima favorita (500-1)”, destacó un reportaje publicado en la página web de la FIFA. En la víspera del partido, el periódico inglés Daily Express escribió que sería justo dar tres tantos de ventaja a Estados Unidos.

 

El seleccionador norteamericano, Bill Jeffrey, admitió que no tenían ninguna opción, y que sus jugadores eran “ovejas a punto de ser sacrificadas”

 

El seleccionador norteamericano, el escocés Bill Jeffrey, admitió que no tenían ninguna opción, según se puede leer en el libro The game of their lives, de Geoffrey Douglas, y que sus jugadores eran “ovejas a punto de ser sacrificadas”. “Se habían plantado en Brasil tras una larga travesía en barco con un equipo en el que, además del haitiano Gaetjens, había futbolistas con raíces italianas, irlandesas, portuguesas o escocesas. Eran aficionados, semiprofesionales que se sacaban un extra con el fútbol. Entre ellos, un trabajador del textil, un cartero o un chófer de coches fúnebres. Este último era el caso del meta Frank Borghi, en cuyo historial deportivo destacaba también como catcher de béisbol. ‘Lo que deseaba es que se quedaran en cinco o seis goles’, explicó más tarde. Sin embargo, se convirtió en un muro”, añadía Martín. Después del choque, periódicos y libros ingleses ironizaron con que la selección rival se había formado vía Ellis Island, ya que el equipo estaba compuesto por recién llegados. Era medianamente cierto: en el once inicial había tres nombres que no tenían la ciudadanía. Declararon su intención de obtenerla en un futuro, aunque se cree que solo la logró uno. La crónica de La Vanguardia narró así el partido.

Aunque al día siguiente el períodico inglés The Times afirmó que “probablemente nunca un equipo inglés jugó tan mal”, Inglaterra tuvo ocasiones claras para ganar, “hasta seis en los primeros 12 minutos”, y “Estados Unidos estuvo contra las cuerdas desde el pitido inicial”, sufrió “serias dificultades para mantener la posesión” y solo “seguía en el partido por las intervenciones in extremis de su defensa, por la excelente condición física de Borghi y por el desacierto de los europeos a la hora de concretar sus ocasiones”, según explicó el texto publicado en la página web de la FIFA con el título El milagro de Belo Horizonte. Pero Estados Unidos sobrevivió al asedio y se acabó imponiendo con el gol de Gaetjens, ante 10.000 personas. “A medida que aumentaba su grado de confianza, los estadounidenses fueron adquiriendo empaque y el público empezó a ponerse del lado de los jóvenes semiprofesionales y a aclamar su valerosa hazaña. Por otro lado, la frustración hacía mella en las filas británicas”, señalaba el reportaje. Relataba así el tanto de Gaetjens, nacido en Puerto Príncipe (Haití) en 1924 y estudiante de contabilidad: “A ocho minutos del descanso, Walter Bahr, maestro de escuela en Filadelfia, envió un centro desde el mediocampo que parecía fuera del alcance de los cuatro delanteros estadounidenses. Bert Williams se adelantó para recoger el balón, pero Gaetjens se lanzó en plancha y milagrosamente logró cabecear el esférico sin que el desconcertado arquero británico pudiera hacer nada por detenerlo”. El propio Bahr narró la jugada del gol en el británico The Guardian: “Puse un buen balón desde unos 25 metros. Gaetjens pudo tocarlo. No fue un gol bonito en absoluto”.

 

En 1996, Gaetjens, héroe sin gloria, ya había muerto. “La fama no le llegó a tiempo. Había fallecido en 1964 en una cárcel haitiana, donde lo habían encerrado por la vinculación de su familia en un golpe contra el dictador Duvalier”

 

Después del partido, el atacante inglés Tom Finney (Preston North End) aseguró: “No nos salieron bien las cosas. Fue uno de esos partidos que estábamos destinados a perder. El balón se fue al poste varias veces en la primera parte, y dos más en la segunda. Marcaron un gol de pura chiripa y nos vinimos abajo. A partir de ahí, asumimos que no iba a ser nuestro día y dejamos de jugar. Si nos hubiésemos enfrentado 100 veces, habríamos ganado con holgura en 99”. “Si te empleas a fondo, puedes contener al rival durante un rato, pero normalmente no puedes mantener a raya a un equipo muy superior al tuyo durante tanto tiempo como lo hicimos nosotros. Nos hubiésemos conformado con perder por 2-0. Ni en sueños se nos pasó por la cabeza que podíamos ganar”, apuntó el defensa norteamericano Harry Keough. En casa no fueron recibidos como héroes porque el fútbol aún no interesaba. Según subrayó Douglas en The game of their lives, en Brasil apenas había un periodista estadounidense: Dent McSkimming, del St. Louis Post-Dispatch. McSkimming no supo convencer a su periódico de que se hiciera cargo del viaje y se cogió vacaciones para poder cubrir el evento.

La selección norteamericana, tras aquel milagro, tardaría 40 años en volver a la Copa del Mundo, hasta 1990 y 1994, mientras que Inglaterra, que no volvió a vestir el uniforme azul de Belo Horizonte y que en esa década también caería con dureza con Hungría (6-3 y 7-1), conquistó su primer título mundial, y único hasta hoy, 16 años después, en 1966, en casa y con Alf Ramsey como entrenador, jugador en 1950. En 1996, Gaetjens, héroe sin gloria, ya había muerto. “La fama no le llegó a tiempo. Había fallecido en 1964 en una cárcel haitiana, donde lo habían encerrado por la vinculación de su familia en un golpe contra el dictador Duvalier”, contó Martín en Panenka. Toni Padilla retrató su historia en la la #Panenka03: “El mayor héroe en la historia del fútbol de los Estados Unidos lavaba platos en un restaurante de cocina española en Harlem. Joe Gaetjens había llegado en 1947 a Nueva York gracias a una beca del gobierno de su país, Haití. Con los libros debajo del brazo soñaba con labrarse una carrera en la Universidad de Columbia y en los ratos libres pateaba con clase un balón de cuero. Pero como con la beca no le alcanzaba, se buscó trabajo y acabó en la cocina de Rudy’s. Allí estaba aún en 1948 soñando con ganar la National Challenge Cup con un plato sucio en las manos. Su equipo, el Brookhattan, había llegado a la final de la Cup para desafiar al Simpkins-Ford de Saint Louis: la única ciudad que le discutía a Nueva York la capitalidad del soccer por esas épocas. Poco imaginaba Gaetjens entonces que esos tipos duros de Saint Louis serían sus compañeros en la selección de Estados Unidos, como tampoco imaginaba que iría convocado a jugar el Mundial de Brasil. Básicamente porque era un estudiante extranjero sin pasaporte norteamericano. Así que Gaetjens tampoco se imaginaba marcando el gol más importante en la historia del fútbol yankee, el triunfo sobre Inglaterra en ese Mundial, ni que gracias a ese gol dejaría la cocina de Rudy’s para jugar en Europa. Y aún menos podía saber que a su vuelta a Haití sería asesinado por los esbirros de François ‘Papa Doc’ Duvalier”. “Gaetjens nunca se interesó por la política. Su familia sí. Eran seguidores de Louis Dejote, un opositor del dictador ‘Papa Doc’ Duvalier. Su madre y un hermano fueron arrestados y la mayoría de su familia decidió abandonar la isla. Joe decidió quedarse en Haití. El 8 de julio de 1964 una milicia de Duvalier lo sacó de su coche a punta de pistola. Desde entonces nadie sabe nada más de él”, aseguró El País en 2010.

 


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Fotografía de Getty Images.