Si hablamos de goles en la actualidad del fútbol se nos aparece un jugador en la imaginación, y no precisamente por generación espontánea. En el comienzo del crepúsculo de la era de Leo Messi y Cristiano Ronaldo como auténticos devoradores de registros, podemos comenzar a valorar otra vez con el límite en lo terrenal, ese que nos permitía observar el récord de 38 goles en una temporada de la Liga como algo inalcanzable. Y es entonces cuando la figura de Robert Lewandowski asalta nuestras mentes como uno de los mejores goleadores de la historia del fútbol e icono del siglo XXI. Ha superado ya los 550 goles en toda su carrera en algo más de 800 partidos como profesional. Números, de momento, solo por detrás de nombres como Gerd Müller, Ferenc Puskás, Pelé, Romário, Cristiano Ronaldo o Messi. Polaco de nacimiento, cuesta encontrar algún goleador de su nivel en la historia de Polonia. Los Grzegorz Lato, Zbigniew Boniek o Kazimierz Deyna se quedan lejos de esas cifras, pese a que como jugadores ocupen ese Olimpo del fútbol polaco sin duda. Hay que excavar un poco más en la historia para encontrar un goleador de ese país del nivel del ‘9’ del Bayern de Múnich. Incluso mejor. Ernst Willimowski fue el primer gran goleador polaco de la historia, pese a que su patria quisiera borrar su nombre de los libros de historia.

Ernest Otto Willimowski nació en 1916 en Kattowitz, en Silesia, región que pertenece a Polonia en gran extensión, pero con presencia también en Alemania y la República Checa. La indefinición geopolítica de Willimowski comenzó en el mismo momento de su nacimiento en una zona por entonces ocupada por el II Imperio Alemán que se encontraba a dos años de confirmar su derrota en la Gran Guerra. Siempre se encontró entre dos aguas: las alemanas y las polacas. Después de la Primera Guerra Mundial, la región de Alta Silesia continuó siendo un territorio de conflicto por las insurrecciones de la población polaca frente a los alemanes. Todo fue caldo de cultivo para justificar, casi 20 años después, la invasión de la Alemania Nazi sobre Polonia. El caso es que el padre de Willimowski murió combatiendo en la Primera Guerra Mundial y, con 13 años, fue adoptado por su padrastro de nacionalidad polaca, cambiando su nombre de Ernest Otto Prandella a Ernest Willimowski, como realmente es conocido. En casa hablaba alemán de forma fluida y como idioma de cuna. Mientras, en público, se expresaba en un dialecto silesiano del polaco. A todo esto, hay que añadir que Ernst Willimowski nació con seis dedos en el pie derecho, algo que no le impidió desarrollar una de las más prolíficas carreras goleadoras de toda la historia del fútbol.

Cuando tan solo tenía nueve años ingresó en el equipo de su ciudad, el 1. FC Kattowitz, club alemán. Posteriormente, ya con 17 años, decidió dar el salto al Ruch Chorzów, equipo polaco de la Alta Silesia. No tardaría ni una temporada en demostrar su olfato goleador, ya que en su primera campaña en el conjunto polaco anotó 33 goles para acabar consiguiendo el título nacional. Esta grandísima temporada con apenas 18 años le valió para ser llamado por la selección polaca en las postrimerías de la Copa del Mundo de Italia’34 para el que los polacos no estaban clasificados. Sus logros goleadores fueron enormes durante esos años. Jugó 86 partidos con el Ruch Chorzów y anotó 112 goles, siendo el máximo goleador de las ediciones del campeonato nacional polaco de 1934 y 1936. Además, en 1939, meses antes de la invasión de la Alemania Nazi sobre Polonia, Willimowski consiguió marcar diez goles en un solo encuentro, lo que aún sigue siendo un récord imbatible en Polonia. Pero su logro más reconocido no fue ese, pese a lo exagerado que pueda parecer.

La selección de Polonia fue su luz y su sombra. Pese a la gran explosión de Willimowski tanto en club como con la selección, con la que anotó 21 goles en 22 partidos, se perdió lo que hubiera sido su primera gran participación internacional con la camiseta de Polonia por su ferviente adicción a la bebida y a todo lo que ello llevaba adherido. El mundo de la noche era la principal tentación de un jugador tan formidable que apenas notó, en cuanto a rendimiento deportivo, sus malos hábitos. Fue suspendido durante un año por la propia asociación polaca de fútbol justo antes de la cita olímpica donde Polonia fue eliminada por el ‘Wunderteam‘ austriaco en las semifinales y se quedó sin medalla tras caer en el partido por el tercer y cuarto puesto ante Noruega. Todo parece indicar que, sin la baja de Willimowski, Polonia hubiera tocado metal. Sin embargo, el destino recompensó al goleador polaco pudiendo disputar el Mundial de 1938 en Francia tras clasificarse por delante de Yugoslavia. El caprichoso sorteo emparejó a la Polonia de Willimowski con la Brasil de Leónidas da Silva. El enfrentamiento entre dos de los mejores goleadores de la época se saldó con un emocionantísimo 6-5 a favor de Brasil tras firmar la prórroga con 4-4. Leónidas marcó tres y Willimowski hizo cuatro en una actuación memorable en el partido que fue considerado, durante muchos años, como el mejor de la historia de los Mundiales.

 

“No tenía nervios. Fue el más grande de todos los goleadores, un milagro que aprovechaba todas las oportunidades. Marcó más goles que ocasiones”

 

Fue esa precisa actuación la que encumbró a Ernst Willimowski a nivel internacional. Con un solo partido jugado quedó entre los máximos goleadores de aquella edición mundialista que volvió a llevarse Italia. Su récord de cuatro goles anotados en un partido solo ha sido superado por Oleg Salenko en EE.UU.’94, pero lo que aún no se ha vuelto a ver es a un jugador que le marque cuatro goles a la pentacampeona del Mundo. Encima, en un Mundial. Willimowski dejó otros hitos con la camiseta de Polonia, como la remontada frente a Hungría, que no era aún el gran equipo de los años 50, pero sí que era uno de los mejores equipos de toda Europa. De perder 0-2 a ganar 4-2 con tres goles de Willimowski y anotar un penalti que él mismo provocó. Su influencia dentro del equipo nacional era inasumible por ningún otro miembro de la plantilla y vistiendo esa camiseta polaca alcanzó lo máximo. Pero, por desgracia, sus logros y su leyenda en Polonia se la llevó por delante algo que no respeta nada de lo que se encuentra a su paso: la guerra.

La repudia polaca hacia Willimowski llegó desde el primer momento de la ocupación de la Alemania Nazi de Polonia. Willimowski era un Volksdeutscher, una persona que había recibido cultura alemana, pero con ciudadanía polaca. Por eso mismo, y por su carácter de persona muy conocida y respetada hasta en el bando alemán, disfrutó de ciertas ventajas. Recuperó la ciudadanía alemana más por seguridad que por otro motivo y movió todos los hilos posibles para conseguir el indulto de su madre, superviviente de Auschwitz, pero encarcelada por comprometerse con una persona judía. Durante la etapa de desarrollo de la guerra, Willimowski fue recalando en diferentes equipos dentro del territorio nazi. Regresó al 1. FC Kattowitz y luego recaló en el PSV Chemnitz, equipo de la policía. En 1942 pasó a jugar en el TSV 1860 München donde consiguió la copa alemana ese mismo año anotando uno de los goles de la final. Además, al adquirir la nacionalidad alemana, pasó a ser uno de los posibles seleccionados por Sepp Herberger, el cual no tardó en poner al servicio de la ‘Mannschaft‘ los goles del otrora anotador polaco. En ocho partidos que jugó con la selección alemana, Willimowski anotó 13 tantos. El partido que más prolífico en este sentido fue la victoria de Alemania por 5-3 sobre Suiza donde el delantero marcó cuatro de los cinco goles. El otro fue de Fritz Walter, con el que Willimowski coincidió en el equipo nacional alemán.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Ernst Willimowski recaló en varios equipos alemanes donde continuó marcando goles hasta los 43 años. Siempre destacó por ser un delantero muy móvil, de gran posicionamiento y que, en sus inicios, también mostraba una gran habilidad en el regate. Las sanciones a Alemania tras la Segunda Guerra Mundial impidieron que jugara el Mundial de 1950 en el que, probablemente, Sepp Herberger hubiera contado con los servicios del gran goleador de Kattowitz. Siempre expresó que su gran decepción futbolística fue no formar parte del equipo alemán que levantó la Copa del Mundo en Berna en 1954. Precisamente, el gran destacado de aquel equipo, Fritz Walter, dijo del propio Willimowski que “no tenía nervios. Para mí fue el más grande de todos los goleadores, un milagro que aprovechaba todas las oportunidades. Marcó más goles que ocasiones”. Ernst Willimowski no regresó nunca más a Polonia. Representar a Alemania con la equipación de la esvástica en el pecho significó la eliminación total de sus registros en Polonia. Aquellos que años atrás habían cantado sus goles con fervor, ahora le repudiaban por lo que ellos consideraban una traición. Al ser preguntado de por qué no regresó a Polonia nunca más tras la guerra dio el argumento que, quizá, también le llevó a acometer la traición de la que muchos le acusaron: “Tenía miedo”.

 


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