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De pequeño, Mark Sampson soñaba con jugar un Mundial. Como la mayoría de niños que crecían amando el fútbol en Gales, él también quería vivir de eso, convertirse en estrella, levantar títulos. Pronto, cuando aún era un adolescente, se dio cuenta de que en su equipo pasaba más tiempo en el banquillo que en el césped, que sus características como futbolista difícilmente le llevarían a ganarse la vida con el fútbol y que, además, Gales no iba a disputar ningún Mundial a corto plazo. Dadas las circunstancias y encontrando en los banquillos un atractivo especial, empezó a formarse como técnico y desde entonces las cosas no le han ido nada mal: durante el próximo verano, Sampson disputará el primer Mundial de su vida. Defenderá a Inglaterra y lo hará con 22 jugadoras a sus órdenes.

La aventura de Sampson hacia el Mundial de Canadá empezó con un final, el de la era de Hope Powell. La mítica exjugadora era todo carácter, presencia, protagonismo y personalidad. Así se definió siempre Powell también como entrenadora, desde que, en 1998, cuando Sampson tenía solo 16 años, se hiciera cargo del equipo nacional de féminas. Se convirtió así en la primera mujer que conseguía el cargo, la más joven y también la primera persona de color que lo lograba. Desde entonces y durante los próximos 15 años, Powell dotaría a su Inglaterra de esa incontestable identidad aunque nunca logró un título importante que avalara su trabajo.

Mientras tanto, Mark Sampson aprendía en el Swansea City dirigiendo el centro de excelencia del club galés y a las órdenes de Robert Martínez. Con el español fue formándose como técnico, progresando dentro del mundo del fútbol masculino y elaborando una manera propia de entrenar a partir de la estructura que Martínez desarrolló en el Swansea como manager. El futuro de Sampson parecía tomar un camino muy definido cuando, de repente, todo cambió con una oferta que llegó desde la ciudad de Bristol. El Bristol Academy WFC, equipo de la FA Women’s Super League, quiso hacerse con sus servicios para convertir al conjunto en uno de los líderes del fútbol de las Islas. Pese a la juventud del técnico y la poca experiencia que tenía al mando de un equipo de esta categoría, Sampson clasificó al Bristol para la Champions League por primera vez en su historia, lo dejó segundo en la WSL y llegó a dos finales de la FA Cup.

Los éxitos de Sampson coincidían con la debacle de Powell, que durante los últimos años había acumulado enemigos que se oponían a que siguiera en el cargo. Aun así, solo los resultados pudieron bajar del trono a todo un estamento al que la Federación Inglesa parecía no atreverse a cesar. Pero la desastrosa Eurocopa de 2013 hizo caer definitivamente al mito. Adiós a una leyenda del fútbol femenino inglés y una federación que debía ponerse manos a la obra para encontrarle un buen sustituto, alguien que consiguiera paliar los ánimos de una nación que carecía de títulos y de un líder que permitiera soñar en grande.

Mark Sampson aprendió en el Swansea City dirigiendo el centro de excelencia del club galés y a las órdenes de Robert Martínez

Lo primero que creó cierto escepticismo sobre Sampson fue su inexperiencia a nivel internacional, algo que pronto demostró no impedirle trabajar con autoridad. Rescató a Lianne Sanderson, excluida del equipo durante tiempo por desavenencias con Powell y dejó fuera de convocatoria a Rachel Yankey, jugadora del Arsenal y la internacional inglesa con más partidos de todos los tiempos. También se atrevió con Casey Stoney, a quien hizo verle que no tenía la suficiente fuerza como para seguir luciendo el brazalete de capitana. Con todo ello y después de casi un año y medio en el cargo, los resultados no podrían ser mejores. Las inglesas han sido campeonas de la Copa de Chipre 2015 (torneo anual de selecciones con un cierto prestigio) y subcampeonas de la edición del año anterior, además de haber logrado la clasificación para el Mundial de Canadá 2015 con el 100% de los puntos conseguidos y haber pasado con nota una prueba ante EEUU el pasado mes de febrero en formato amistoso en la que, pese a perder por 1-0, se generaron dudas sobre el combinado yankee

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a la vez que se consagró el peligro de la nueva Inglaterra.

El objetivo de Sampson en tierras canadienses es, sin duda, superar de una vez por todas los cuartos de final de un torneo en el que siempre han ocupado un lugar secundario. De momento, ni la juventud ni la inexperiencia han privado al galés de cumplir uno de sus sueños: disputar un Mundial. Si consiguiera cambiar la suerte a nivel de selecciones de un país como Inglaterra, el futuro que se abriría ante sus ojos sería más que prometedor.