Las rupturas son jodidas y traumáticas, sobre todo en aquellas relaciones en las que se han vivido momentos de amor pasional y poco a poco, con el paso de los años, la magia ha ido decayendo. Que el Arsenal necesitaba un cambio en el banquillo era evidente, aunque Arsène Wenger no lo puso nada fácil. En primer lugar por haberlo sido todo durante más de dos décadas y porque pese a que la Premier no la volvió a ganar ni tampoco alguna competición europea, en sus últimos años conquistó prácticamente un título al año. Trofeos menores, sí, pero al fin y al cabo algo que celebrar. Al Arsenal le costó dar el paso, quizá eso le correspondía a un Wenger que se ganó el derecho a decidir cuando se debían separar sus caminos.

A decir verdad, durante todo el curso en el entorno gunner apenas se ha mencionado al técnico alsaciano y esto solo puede significar una cosa: Unai Emery está haciendo bien su trabajo. Esta es una cuestión evidente, si no que se lo pregunten al Manchester United que desde que en 2013 Alex Ferguson dejara al club han pasado por allí los David Moyes, Ryan Giggs, Louis van Gaal, José Mourinho y Ole Gunnar Solskjaer. Estamos en 2019 y todavía aparece la sombra del legendario entrenador escocés por Old Trafford. De ahí el gran mérito que tiene la labor del de Hondarribia, que se ha ido ganando el respeto en el Arsenal. Un respeto, por otra parte, que ya debería haber tenido tras sus resultados en Valencia, Sevilla o París.

Si uno se ciñe al frío dato y a la estadística, Emery tiene al Arsenal en las semifinales de la Europa League y está peleando por entrar en la próxima edición de la Champions, algo parecido a lo que venía haciendo Wenger, sobre todo en su última campaña en Londres. Entonces, ¿por qué se respira un ambiente de evolución? La impresión que ofrecía el Arsenal en estos últimos años es que era incapaz de competir con los gallos de la Premier e incluso de trasladar su papel de favorito en Europa ante clubes que como mínimo estaban a su mismo nivel. Esta temporada ya ha jugado dos veces en liga ante Manchester City, Chelsea, Liverpool, Tottenham y Manchester United. El balance todavía no es una maravilla, de los 30 puntos posibles ha logrado 9, pero a diferencia de otros cursos, ha sabido competir en todos ellos excepto en el 5-1 que le anotó el Liverpool en el mes de diciembre.

En lo que sí podemos estar de acuerdo es que la plantilla del Arsenal está un escalón por debajo de las de estos cinco clubes. No vamos a decir que Emery cuenta con futbolistas mundanos, pero en todas las líneas es un equipo que sale perdiendo en la comparación directa. Quizá la delantera (Aubameyang-Lacazette) sea la única línea que pueda mirar a los ojos a las del resto. Por lo demás, es una plantilla por hacer, que necesita de dos-tres piezas de primera talla mundial si quiere volver a competir por pelear la Premier, sobe todo atrás. Con el técnico de Hondarribia íbamos a ver una versión más efectiva que efectista, y ahí se demuestra su paso por la Europa League o los 14 partidos seguidos que estuvo sin conocer la derrota en liga. Su eliminatoria ante el Napoli es lo que le faltaba a este equipo años atrás, saber competir ante otro gran conjunto y dejar de lado los ridículos europeos que tanto le habían pesado.

Durante esta temporada la exigencia no debía ser muy grande para Emery, su misión partía por llegar lejos en Europa, competir por volver a la Champions, a sabiendas que el nivel real de la plantilla es inferior, y que el relevo de Wenger fuera lo menos traumático posible. Hasta el momento ha cumplido este objetivo, pero eso no quiere decir que ya el próximo curso el nivel exigido sea idéntico, porque no olvidemos que entrena al Arsenal y que el club no puede continuar a la deriva competitiva eternamente. En cierto modo recuerda, salvando las distancias, a la llegada de Mourinho al Real Madrid herido. De momento ya saben que una pieza fundamental como Ramsey se irá gratis a la Juventus, y aciertos como los de Torreira y Guendouzi hacen ver que el futuro no pinta mal, pero necesitan continuar dando pasos de gigante para que el objetivo deje de ser el entrar en la Champions.

Quedémonos con las ruedas de prensa de Emery. No con su nivel de inglés, si no con su esfuerzo desde el día uno por comprender un club que necesitaba sentirse competitivo de nuevo.