Hannes Thor Halldórsson tiene 29 años, mirada cansada y pelo rapado. Tiene también buenos números como portero de Islandia, la gran sensación en la fase clasificatoria de la Euro’2016. Y tiene, por último, un prolífico historial como uno de los cineastas de referencia en el -minúsculo, admitámoslo- star system islandés. Definitivamente, bajo los palos se esconde todo un personaje de 193 centímetros. “Jamás hubiera soñado llegar a esto; he superado bastantes sufrimientos”, resume hoy. Para conocerlos hay que realizar un flashback.

Año 2000: el joven Hannes agarra la tabla de snowboard y su padre, los esquíes. Mientras suben en el telesilla apuestan sobre quién llegará antes a la cafetería. Se lanzan al descenso. A mitad de camino, chocan. Hannes se daña el hombro. “Aún hoy me recuerda que él llegó primero a la cafetería. Y que inmediatamente tuvo que llamar a la asistencia médica para que me recogieran”. Humor nórdico, se supone. Pero lejos de ser una broma, al Halldórsson adolescente aquel accidente pareció truncarle un sueño: convertirse en portero de fútbol. La rehabilitación no logró que el hombro sanara. Volvió a fracturárselo dos veces. Quirófano. Más rehabilitación. Dolor, mucho dolor. Y al final, abandono de los guantes y de los libros. Sin fútbol ni estudios empezó a currar como becario en una productora audiovisual. “En el instituto había rodado un corto sobre un superhéroe en traje de baño. Pero nunca me había interesado en serio por el cine”, admite.

“Soy el primer cineasta que ha rodado un spot vestido de portero, con guantes y todo. Eso solo puede pasar en Islandia”

Poco a poco se va haciendo un nombre, primero como ayudante y luego como realizador. Producciones rápidas, presupuesto ajustado. Lo mismo rueda un anuncio de yogur que una peli de acción. Y en esas que un conocido, entrenador en tercera división, le llama para completar la plantilla como portero suplente. Es 2007 y pesa 105 kilos. “Fue el punto de inflexión: me puse delante del espejo, me hice una foto y me dije que no me quería ver más así”. Hoy, después de haberse machacado en el gimnasio hasta completar una transformación de película, sólo enseña esa foto a sus amigos más íntimos.

Su recorrido a la gloria parece carne de Hollywood: de tercera a primera, campeón de copa y liga, y finalmente internacional. Al mismo tiempo estrena una comedia policial con sexo, drogas y tiroteos. Después le llueven otros encargos, desde el videoclip de su país para Eurovision hasta un anuncio protagonizado por los propios jugadores de la selección. “Soy el primer cineasta que ha rodado un spot vestido de portero, con guantes y todo. Eso solo puede pasar en Islandia”, bromea. Semejante hiperactividad le hace rozar la depresión. En 2013 juega un partido con su selección, se concentra en España con su club, rueda una peli en Noruega y tiene un hijo, todo en un mes. “Me notaba quemado. Entendí que debía elegir”. Desde entonces se ha centrado en el balón. Justo cuando Islandia parece sacudirse la etiqueta de cenicienta internacional, gracias a los campos cubiertos que la federación construyó hace 15 años. Halldórsson creció peloteando sobre la arena de unas caballerizas durante los inviernos; hoy los chavales juegan todo el año sobre césped artificial. De esas canchas sintéticas han brotado los Sigthórsson (Nantes), Sigurdsson (Swansea) o Finnbogason (Olympiacos). Con ellos, y con el sueco Lars Lagerbäck en el banquillo, todo es posible: incluso que un país de 300.000 habitantes se haya clasificado para una Eurocopa. Ningún guión es tan increíble como el del fútbol.

*Basado en un texto de Ron Ulrich (11 Freunde)