Hay algo de Messi que nunca me había dado cuenta.
Y mirá que lo vi jugar. Mirá que soy de la generación que crecimos con él. Pero esto no lo había visto. O, mejor dicho, lo había visto cientos de veces, pero nunca le había prestado atención.
Cada vez que Messi hace un gol, las cámaras lo buscan. El estadio corea su nombre. Él corre un poquito, abre los brazos y luego siempre, o casi siempre, luego de cada gol, Messi busca al compañero que le dio el pase, para mirarlo y agradecerle.
Dura apenas unos segundos. Un movimiento de la mano. Del dedo.
Uno de sus gestos más repetidos durante toda su carrera fue devolver el mérito.
El crack hace cosas que nadie puede hacer. El líder, además, consigue que los demás sientan que también fueron parte.
Desde tus primeros goles hasta uno de tus últimos.
Toda tu carrera, Leo, señalando a tus compañeros.
Dicen de afuera que el argentino es soberbio, canchero, agrandado, sobrador, pero miralo al argentino que durante 20 años fue considerado el mejor futbolista de la historia.
Miralo al argentino que cuanto más grande se hizo él, más importante hizo al que tenía al lado.
Nunca lo escuchamos decir que era el mejor. Tampoco hizo campaña para convencernos. Y cuando le dieron todos esos premios que podrían haber sido el monumento perfecto a su carrera individual, hizo algo todavía más extraño: los repartió.
“Dura apenas unos segundos. Un movimiento de la mano. Del dedo. Uno de sus gestos más repetidos durante toda su carrera fue devolver el mérito”
Un tipo que lo tenía casi todo y podía hacer de su historia una historia sobre él. Y, sin embargo, pasó veinte años haciendo lugar para los demás.
Dije casi todo, porque por mucho tiempo no tuvo algo que para un argentino puede valer más que cualquier premio: sentirse querido por los propios.
Messi pasó toda su carrera señalando a los demás.
Y nosotros pasamos demasiado tiempo señalándolo a él.
Le dijimos que no sentía la camiseta. Le pedimos que demostrara que era argentino.
Quizás porque buscábamos la argentinidad donde estábamos acostumbrados a verla: casualmente en otro argentino mejor del mundo, zurdo y 10 como él.
Nosotros confundimos argentinidad con una única manera de demostrarlo.
Quizás una de las cosas más argentinas que hizo Messi no fue ganar.
Fue volver.
Fue perder cuatro finales y querer volver a jugar la quinta.
“Messi pasó toda su carrera señalando a los demás. Y nosotros pasamos demasiado tiempo señalándolo a él”
Fue en cada celebración querer hacer parte a un otro.
No hay nada más argentino que decir: “Vení, esto también es tuyo. No necesitás haber nacido acá”.
Vos hiciste exactamente eso, Leo.
En cada uno de tus goles. Señalando con el dedito.
Y todo terminó siendo tan paradójico.
Nos pasamos tantos años preguntándonos si eras lo suficientemente argentino.
Mientras vos hacías que medio mundo quisiera serlo.
Leo, nunca hubo un argentino más argentino que vos.
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