No os voy a engañar, llevo unos meses que ni sé en qué día vivo. Una montaña rusa de emociones que ni River Plate pasando del infierno a la conquista de la Libertadores. Son días de mirar viajes por internet, de observar destinos como si fueran la mejor de las ideas. Así, a lo loco y sin un patrón claro. De eso que estás viendo resúmenes de la Champions de Oceanía, por ejemplo, y te imaginas sentado bajo una palmera, con las gafas de sol puestas, un sombrero de paja sobre la cabeza y una cerveza en la mano derecha. Digo Oceanía pero lo mismo podría hablar de Dinamarca o Noruega. Como veis no existe patrón alguno, de playas paradisíacas a ese frío que te congela ya solo de imaginarlo. Entre tanto sueño que no lleva a ningún lado entré a Twitter y me encontré con un tweet de Toni Padilla. Decía lo siguiente: “Con 33 años, Keisuke Honda llega a Botafogo”. Tócate los cojones, lo que pagaría por estar en su piel. Maldito Honda, cabrón con suerte.

En algo más de 30 años, Honda ha disfrutado del balón en Australia, México, Italia, Rusia, Países Bajos, Japón, Camboya y ahora Brasil. En mi mente siempre he tenido el mismo pensamiento: si fuera futbolista recorrería mundo, sobre todo en el tramo final de mi etapa. Al igual que ha hecho Juanfran en Brasil o Xisco en Uruguay. Pero claro, la realidad luego es otra. Lo mismo me pongo a mirar viajes y destinos en el móvil y termino haciendo lo de todos los días, quizá la rutina no sea tan mala o yo qué sé, puede que no tenga el valor necesario para cogerlo todo e irme fuera. Bueno, a lo que íbamos, Honda era un futbolista que en su época del CSKA nos parecía a todos una locura, un jugador de origen exótico saliéndose en Europa. Después firmó por un Milan inmerso en plena Apocalipsis, no estuvo muy fino eligiendo destino esa vez.

Lo increíble del futbolista japonés es que tan solo ha movido 6 millones en traspasos en toda su carrera, algo inaudito teniendo en cuenta que no ha parado de viajar y que se trata de un tipo de nivel medio-alto, con experiencia internacional y reconocido. Fue el CSKA quien firmó esa cantidad con el VVV Venlo para llevárselo de los Países Bajos a Rusia. Al menos el bueno de Honda habrá sacado tajada en comisiones a la hora de fichar libre por el resto de destinos. Algo que admiro del zurdo es que podría haber tomado la decisión sencilla: ficho por un equipo turco y me dejo llevar por Göztepe, Rizespor y demás equipos dispuestos a revivir e inundar de dinero a todo aquel que un día fue futbolista. Desde que saliera del Milan, donde tuvo alguna notable temporada, ha pasado por Pachuca, Melbourne Victory y Vitesse. Pero esa no es la parte que más admiro de él.

Un tipo que ha jugado en grandes clubes y disputado tres Copas del Mundo con Japón tiene argumentos de sobra para que los demás sientan admiración por él. Eso está muy bien, pero lo mejor en la trayectoria de Honda es que ha sido seleccionador nacional de Camboya. ¿Se puede ser más genio que alguien que a los 30 y pocos, aún en activo, decide ser el entrenador de Camboya? En otra vida me gustaría ser el agente del japonés o su chófer. Lo que sea por vivir esas experiencias. Y ahora se marcha a Brasil a defender el escudo de Garrincha, no le tiembla el pulso al bueno de Keisuke. Este tipo de carreras son las que me hacen amar este deporte, me reconcilian con el fútbol de toda la vida. Con todo este repaso estoy por sacarme unos billetes de avión que me dejen en México o en algún punto remoto para aprender a hacer esquí. Nunca es tarde para hacer como Honda, divertirse es lo fundamental y posiblemente se haya querido mover libre por el mundo del fútbol para ser él mismo quien decida sobre su futuro. Eso no tiene precio. Los pájaros que posan sobre el suelo no están mucho tiempo ahí parados, será por algo.

 


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