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AIK y Djurgarden, el derbi de los gemelos

Así se ve desde dentro un intenso derbi que contrasta con la supuesta vida ideal de Suecia y de la sobria y perfecta Estocolmo

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En 1961, una más que consolidada Lill-Babs, apodo de la cantante Barbro Margareta Svensson, era elegida de última hora para representar a Suecia en el Festival de la Canción de Eurovisión. En teoría, la canción April, April debía ser interpretada por otra diva de la música sueca, Siw Malmkvist; sin embargo, durante la final nacional celebrada en el teatro Cirkus, Malmkvist acaparó las críticas por no aguantarse la risa, silbar e incluso equivocarse con la letra. Había salido ganadora del concurso, y por segundo año consecutivo, participaría en el festival eurovisivo. Pero la emisora participante sueca decidió sustituirla por Babs, quien también había concursado en aquella final nacional, quedando en segundo lugar.

Una mera anécdota que parece que no venga al caso para un artículo futbolero, pero es que, a pocos minutos del inicio de uno de los partidos más apasionantes del fútbol sueco, la megafonía del Friends Arena nos descubría una marchosa melodía entonada por la misma Lill Babs. El ambiente ya emocionaba, la pirotecnia y los tifos calentaban a la par que los futbolistas de los dos conjuntos, y en el apretado estadio de Solna sonaba Levva livet, nombre de una canción que se refiere a una típica expresión sueca. Algo así como vivir la vida al máximo. Parecía hecho a propósito. A nada de arrancar un intenso derbi que contrasta con la supuesta vida ideal de Suecia y de la sobria y perfecta Estocolmo.

 

AIK Solna y Djurgarden, los dos grandes equipos de Suecia y por supuesto de la capital, que desde 1891 mantienen una intensa rivalidad que desvela a Estocolmo como una ciudad pasional, a veces incluso violenta, y con aroma a fútbol clásico

 

El encuentro es conocido como el Tvillingsderby, traducido literalmente como ‘el derbi de los gemelos’. AIK Solna y Djurgarden, los dos grandes equipos del país y por supuesto de la capital, que desde 1891 mantienen una intensa rivalidad que desvela a Estocolmo como una ciudad pasional, a veces incluso violenta, y con aroma a un fútbol clásico. Y es que 1891 es la fecha que describe tanto a AIK como a Djurgarden. Primero fueron los del norte, en el municipio metropolitano de Solna. Nacía una institución dedicada al deporte, bajo el nombre de Allmänna Idrottsklubben, es decir, un Club Deportivo General y abierto para cualquiera. Tres semanas después, y en el distrito portuario de Djurgarden, se fundaba otra entidad, destinada a los deportes de invierno y al atletismo. Así que de esa fecha nace una rivalidad que el fútbol convertiría en única, aunque el balón no comenzaría a rodar en Solna hasta 1896 y en Djurgarden hasta 1899.

Dos gemelos y, a la vez, dos identidades opuestas. Mientras el AIK arraigó rápidamente en sus orígenes obreros y con la gente de Solna (algo que los aficionados del Djurgarden usan a modo despectivo, considerándoles ajenos a la capital), Djurgarden, que en sus primeros días se nutrió de futbolistas y trabajadores del astillero, se establece en el barrio burgués de Östermalm, reforzando así su vínculo con la clase noble holmiense. Pero ¿no echáis de menos a un tercer equipo? Claro, también está el Hammarby. Club al que podríamos considerar como el hermano pequeño, porque, aunque fundado en 1897, no abrió las puertas al fútbol hasta 1910. Nacido en el barrio de Södermalm, es llamado el equipo del pueblo, con una histórica conexión con el obrerismo del distrito, hoy por desgracia gentrificado y repleto de cafés y tiendas vintage que, sin embargo, no son capaces de apagar el encanto que ofrecen esas vistas al centro de la capital.

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Y aquí otra más de lo que supone una enrevesada y compleja rivalidad. Djurgarden y Hammarby comparten estadio, el Tele2Arena, desde 2013, lo que claramente es objeto de mofa por parte de la gente del AIK, que en su día ya les acogió en el mítico estadio Rasunda, aquel cuya final del Mundial en 1958 consagró a un Pelé de apenas 17 años. Pero aquello ya es historia, y tras 75 años de partidos y goles, en 2012 el AIK se trasladaría al actual Friends Arena. Ahora bien, ¿a que no adivináis quién inauguró, y con una exhibición, el nuevo estadio también de la selección nacional? No podía ser otro que Zlatan Ibrahimovic. Un partido ante Inglaterra en el que metió cuatro goles, el último de ellos en una chilena desde más de 30 metros.

Pues aquí estamos. Se apaga la música y el estadio empieza a humear. No es ninguna barbacoa, aunque para la hora (las dos del mediodía) no estaría mal. Son los fondos tanto norte como sur. En el norte, se sitúan los aficionados del AIK, todos de negro, con bengalas amarillas. El fondo sur queda reservado para la gente del Djurgarden, que ha llegado al estadio escoltada y que tiñe la grada de azul, rojo y amarillo. El ambiente es espectacular. Me consta que hay alcohol, y los nervios se palpan sobre el césped. De hecho, parece que los visitantes jueguen en casa. Pasan 20 minutos y ya han marcado dos goles. Aunque poco parece importarles a los insaciables aficionados del AIK, que a causa del humo de sus bengalas ya han provocado parones en el partido durante varios minutos.

 

Se apaga la música y el estadio empieza a humear. No es ninguna barbacoa. Son los fondos. En el norte se sitúan los aficionados del AIK, todos de negro, con bengalas amarillas. La zona sur queda reservada para la gente del Djurgarden

 

No será la última vez. Marca Kevin Filling para los locales, y la pirotecnia salta por las gradas. Tanto, que una pancarta empieza a quemarse. De nuevo el partido se detiene. El humo es incapaz de salir por el pequeño cielo que se deja ver en el Friends Arena. Y esta vez serán unos cuantos minutos de suspensión, porque los jugadores se marchan a vestuarios. La que hubiese liado Infantino con esta pausa. Aunque en las gradas no les hace falta ningún entretenimiento. Los ultras siguen a lo suyo con sus cánticos y sus banderas. Se reanudará el encuentro, pero a pesar del tanto local, el Djurgarden viene dispuesto a machacar. Finalmente 2-4 en el marcador, aunque con un gol anulado para el conjunto del AIK que, con VAR, algo que desconocen en el fútbol sueco, hubiese subido al electrónico.

Curiosa la escena que presenciamos tras salir del estadio. Por las escaleras del tren, desfilan pletóricos aquellos que han conquistado territorio enemigo. Cantando, saltando, y pegando pegatinas como quien planta la bandera en la cumbre de un monte. Nosotros, sorprendidos con lo vivido, nos deleitamos con unas albóndigas en el IKEA. Me quedo pensando. El fútbol transmite un aroma a Leeva livet que en Suecia no están dispuestos a abandonar.

 


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Fotografías de Gorka Urresola.