La Copa Mundial de Fútbol es el Olimpo de las competiciones de este deporte. Levantar una Copa del Mundo supone grabar tu nombre con letras de oro en la historia del fútbol. Se trata de una competición donde participan 32 selecciones –de momento– y donde no siempre todas las naciones y continentes tuvieron derecho a participar. La evolución del torneo fue marcando la apertura hacia nuevas confederaciones: desde la primera edición en Uruguay con selecciones de Europa y Sudamérica hasta la actualidad donde puede participar cualquier selección de cualquier continente que consiga clasificarse. Sin embargo, no todas las confederaciones poseen el mismo cupo de selecciones para llegar a un Mundial. Hubo un momento, en pleno apogeo descolonizador, que África se puso a reclamar un sitio que, a la altura de los años 60, no tenía asegurado en la Copa del Mundo. Sus insurrecciones buscando encontrar su propia identidad llegaron también a los campos de fútbol y decidieron mostrar su descontento y decisión en el mayor foco mediático posible: el campeonato del mundo de Inglaterra 1966. Este boicot nació, sobre todo, vertebrado por el éxito de uno de los mejores equipos que ha visto África, y posiblemente el mundo, en toda su historia. Hablamos de la selección de Ghana.

Para entender el boicot de África, por medio de la Confederación Africana de Fútbol (CAF), al Mundial de Inglaterra de 1966, hay que girar la mirada hacia el momento sociopolítico que vivía la nación de Ghana. A comienzos de la década de los 50, la Costa de Oro, como realmente se le conocía en esos años, comenzó un paulatino proceso que desembocó en su independencia del imperio británico. La figura clave para entender este proceso independentista es Kwane Nkrumah, un político ghanés que se había formado en Ciencias políticas en Pensilvania y en Derecho en Londres. Después de permanecer en prisión por la formación del que sería su partido político en Ghana, salió de la misma en 1951 cuando consiguió la victoria en las elecciones de ese mismo año y, acto seguido, pasó a convertirse en el máximo dirigente del nuevo gobierno autónomo. Paso a paso, fue avanzando hasta que, en 1957, Costa de Oro se convirtió en la primera nación africana que se independizaba de los británicos, convirtiéndose Nkrumah en el primer ministro de la renombrada nación de Ghana. Una de sus muchas labores como máximo dirigente del país, todas ellas marcadas por el movimiento del panafricanismo, fue otorgarle cierta fortaleza al estamento deportivo. Las claras influencias británicas en la zona habían dejado una herencia futbolística muy fuerte, por lo que el equipo nacional ghanés, las ‘Estrellas Negras’, pasó a ser el buque insignia de su política deportiva.

La III edición de la Copa África estaba en el horizonte, pero Ghana no pudo clasificarse para la fase final de la misma cayendo, a primeras de cambio, ante Nigeria. Sin embargo, se estaban plantando las semillas y comenzaban a germinar. Uno de los días más recordados en la historia de la selección ghanesa fue el amistoso que disputaron las ‘Estrellas Negras’ ante el Real Madrid cinco veces campeón de la Copa de Europa y que llegaba de haber sido finalista en la última edición. El encuentro ante el conjunto blanco capitaneado por Alfredo Di Stéfano y Ferenc Puskás acabó con un meritorio 3-3 que el Accra Sports Stadium celebró con sus más de 30.000 espectadores. Sin duda alguna, ese encuentro marcó la pauta ganadora de un equipo que arrasaría África en los años siguientes.

Ghana fue designada como anfitriona de la IV edición de la Copa África celebrada un año después de la anterior, en 1963, por lo que se clasificó para la fase final automáticamente como organizadora. Por primera vez, el torneo se dividió en dos grupos y los dos ganadores diputarían la final. Ghana quedó por delante de Etiopía – ganadora en la edición anterior – y de Túnez y disputó la final ante Sudán, a la que goleó por 3-0 adjudicándose su primer título. Osei Kofi, integrante de aquel equipo, declaró que la celebración del pueblo ghanés fue similar a cuando se alcanzó la independencia. La V edición del torneo recibió nuevamente a Ghana como campeón actual. Ghana volvió a liderar su grupo con mano de hierro, sin dejarse ningún punto. Túnez, la selección anfitriona, fue su rival en una final emocionantísima que llegó a la prórroga con 2-2, después de que Túnez remontara el gol inicial de Odoi y que Kofi volviera a igualar. En la prórroga, Ghana asestó el golpe final que aseguró su segundo título consecutivo. El dominio continental de Ghana continuó en las dos siguientes ediciones, pero sin premio en forma de título, ya que llegó a dos finales, pero perdió ambas.

A la altura de 1964, con dos Copas de África conseguidas de forma consecutiva, Ghana se ubicaba a dos años del Mundial de 1966. Una Copa del Mundo que no jugaría. Kwame Nkrumah había visto hecho realidad su sueño de construir un gran equipo deportivo, triunfante, que le sirviera de herramienta para trasladar su mensaje panafricanista. Fruto de sus éxitos deportivos, el punto de mira en el fútbol africano se colocó en Ghana y en su posible participación en el Mundial como una de las selecciones más fuertes y candidatas al título. De haber participado en la cita mundialista, las ‘Estrellas Negras’ se habrían convertido en el segundo equipo africano en participar en una Copa del Mundo, ya que Egipto había sido la primera nación en hacerlo en Italia’34. Ghana finalmente no participó en esa Copa del Mundo. No consiguió poner a prueba a las selecciones europeas y sudamericanas con un equipo que se creía capaz de todo. Sin embargo, la valía de lo conseguido traspasaba la de una Copa del Mundo y mantenía firmes los valores del panafricanismo de Nkrumah.

El verdadero Mundial de Ghana

El fútbol y el panafricanismo unieron a toda África en busca de la igualdad. La fase de clasificación para el Mundial de Inglaterra de 1966 otorgaba a todo el continente africano media plaza para su presencia en el torneo. Tan solo media para el tercer continente más grande del mundo, por delante de la dominante Europa. La única posibilidad de que África colara un representante de su confederación en el Mundial de Inglaterra pasaba por discernir a la mejor selección de África por medio de tres fases clasificatorias: una fase de grupos, una eliminatoria entre las primeras clasificadas y, con las tres restantes, una liguilla para decidir a la campeona. Aquí no quedaba la cosa, ya que la ganadora de esa fase de clasificación africana aún tenía que superar una eliminatoria ante la ganadora de la fase de clasificación de Asia y Oceanía. Un periplo que África decidió no recorrer para el Mundial de 1966 en señal de protesta por la injusticia de no disponer de una plaza asegurada. De hecho, el panafricanismo también expulsó a Sudáfrica, por su política de segregación racial, de la fase de clasificación africana antes de su suspensión. Todo ello, el boicot al Mundial y la expulsión de Sudáfrica, se consiguió gracias a las acciones de la CAF, la primera organización panafricana que existió.

Ghana, junto con Kwane Nkrumah y sus ‘Estrellas Negras’, fueron la cabeza visible de una decisión que pronto reportó sus beneficios. Dos años más tarde de la celebración mundialista que dio como ganadora a Inglaterra, la FIFA tuvo que recular y otorgar dos puestos seguros tanto a África como a Asia. Mientras que África luchaba por su independencia y su sitio en el mundo, en el deporte también se comenzaban a colocar las primeras piedras para establecer el reconocimiento africano en pos de la igualdad. Sin embargo, para el Mundial de México’70, el gran momento de las ‘Estrellas Negras’ había pasado. Quedaron fuera de la clasificación en la segunda ronda, a manos de una Nigeria que sí logró acceder a una tercera ronda final donde Marruecos se alzó como ganadora. Osei Kofi, uno de los integrantes más destacados de aquella generación dorada de Ghana en los sesenta, fue descrito por Gordon Banks como uno de los mejores jugadores del mundo. El propio Kofi le anotó cuatro goles al portero inglés en dos amistosos. Sin duda, hablamos de una generación histórica que se quedó sin un Mundial que nadie sabe si hubiera ganado. Pero lo que sí consiguieron es un hueco en la historia de África por su constante lucha unida reclamando su sitio en el mundo.

 


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Fotografía de Imago.