Bjelica tenía ganas de volver a España. Y ya se sabe que en la Champions, si existe la posibilidad de cruzarse con el pasado lo más seguro es que acabe ocurriendo. Este técnico de 42 años fue durante un tiempo una de las figuras claves del Albacete, una pieza destacada en una plantilla que acabó conociéndose como ‘El Queso Mecánico’ y que, gracias a él, se plantó en una semifinal de la Copa del Rey, una de las mayores gestas del equipo manchego. La víctima en aquella ocasión, el Atlético de Madrid.

En 1992 aterrizaba en Albacete y pronto se asentó en el once titular del equipo. Repartía asistencias por doquier y firmaba goles que, más que numerosos, resultaron trascendentales. En compañía de Morientes, Josico, Zalazar o Maqueda, llevaron al ‘Alba’ a su máximo esplendor de la mano del preparador Benito Floro. Y fue en 1995 cuando Bjelica eliminó al Atlético de Madrid, a tres minutos del final de unos cuartos de final de la Copa del Rey.

Nenad Bjelica con la camiseta del Albacete Balompié.

Nenad Bjelica con la camiseta del Albacete Balompié

El centrocampista croata ponía el 1-0 en el marcador del Carlos Belmonte. Metía al Albacete en semifinales de Copa y desataba el éxtasis en el estadio y en toda la ciudad, la misma que un año después sufrió el descenso a Segunda. Fue entonces cuando el jugador prefirió mantenerse en la máxima categoría y puso rumbo a Sevilla. Y es que Bjelica no quería pasar de puntillas por la liga española. Y lo consiguió. Si ya fue protagonista en esa eliminatoria frente al Atlético, en las filas del Betis la volvió a liar. Tanto, que se le conoce como el mechero que encendió la llama de la rivalidad, aún existente, entre el Celta y el Betis.

Otro gol de Bjelica situaba a los sevillanos en la final de la Copa del Rey la temporada 1996-97. El tanto estuvo rodeado de polémica. El croata no sacó el balón fuera del campo para que atendieran a un jugador del Celta, rival en semifinales, tendido en el suelo. Eso bastó al Betis para hacer historia en la competición copera y al Celta para crucificar a Bjelica y al beticismo. Esa copa acabó llevándosela el Barcelona y Bjelica no volvió a ser el mismo, al menos en España. Y así, dejando a ambas aficiones enfrentadas hasta hoy, volvió a su país natal.

Antes pasó por una desaborida cesión al Las Palmas, pero fue en Alemaniadonde alcanzó su madurez como futbolista y en Austria donde pondría fin a su carrera como jugador y empezaría otra como técnico. Siendo hoy el entrenador revelación, ahora tiene la oportunidad de disfrutar de una Liga de Campeones. Bjelica ya se forjó un recuerdo en la memoria de todos aquellos manchegos, béticos y celtistas para quienes su nombre no deja indiferentes. Si hace 18 años eliminaba al Atlético y desataba el delirio en Albacete, pasar por encima del mismo en un partido de Champions ya sería una auténtica locura.