Crecer en la Bosnia y Herzegovina de los años noventa no fue fácil, al igual que en otros lugares, como Croacia, la guerra llegó a las calles y no dejó a nadie ajeno a esa cruel realidad. Es allí, en Sarajevo, en 1986, cuando nace el mejor futbolista en la historia de Bosnia: Edin Dzeko. “Yo era un niño cuando estalló la guerra y no estaba al tanto de la mayoría de las cosas. La guerra hace que crezcas más rápido, te obliga a aprender cosas que nunca aprenderías y a vivir la vida de otra manera”, afirma Dzeko en una entrevista para The Guardian. Ese instinto de supervivencia no lo ha perdido a sus 32 años, sigue siendo el mismo delantero que mantiene sus cifras goleadores cada temporada y es capaz de sobrevivir en cualquier liga. Pocos futbolistas pueden decir que han podido triunfar en la Bundesliga, Premier League y Serie A. Existen dos tipos de jugadores, aquellos a los que el juego hace que se les ilumine el rostro y esos que ven el balón como un oficio y no como el recreo.

El máximo goleador de Bosnia es de los primeros, afirma que para él la pelota fue una vía de escape de la guerra y su primer amor; más que verse como una estrella, se ve como un afortunado. Al bueno de Edin le encanta el fútbol, se considera todo un enfermo de este deporte y en el autobús cuando viaja con la Roma no para de ver partidos en el móvil o en la tablet. Además, reconoce que observar tantos encuentros le ayuda a conocer las debilidades de sus defensas rivales. Dzeko sigue comprometido con la población bosnia (es embajador de UNICEF), pero el país balcánico da la sensación de no avanzar, posee una de las tasas de desempleo juvenil más altas de Europa y de ahí que la población más joven decida salir del país como ya hiciera él.

 

Roma es similar a Bosnia: la gente no critica, te insulta”

 

La sensación que transmite el delantero de la Roma es la de un futbolista ajeno al juego, no tiene el peculiar carácter balcánico y de ahí que parezca indolente. A lo largo de su trayectoria se la he tachado de poseer el clásico pechofrío argentino. Pese a una magnífica carrera internacional, Dzeko siempre ha sido perseguido por las dudas por parte del público. En su primer club, el Zeljeznicar bosnio, le apodaban “kloc”, que significa de manera coloquial tronco. Incluso en Italia le apodaron “Edin Ciego” por haber estado 12 horas seguidas sin marcar. Los futbolistas no son ajenos a las críticas y menos aún en el fútbol actual, las redes sociales han hecho que estén expuestos en todo momento a la opinión del aficionado. Dzeko reconoce que él sí lee y escucha lo que dice la gente, ignora las faltas de respeto pero es de esos jugadores a los que sí les interesa conocer qué se está diciendo sobre ellos. En una entrevista para Il Messaggero hacía la siguiente reflexión: “Roma es similar a Bosnia: la gente no critica, te insulta”. El capitán de la selección bosnia ha pasado por Wolfsburgo y Mánchester, dos ciudades futboleras pero que nada tienen que ver con Roma. El delantero no puede salir por las calles de la capital de Italia y en un partido puede pasar de ser el ídolo de los hinchas al jugador más odiado, así es la pasión romana.

En 2005, el Teplice checo fichó por tan solo 25.000 euros a un joven bosnio de casi dos metros que idolatraba a Shevchenko y que jugaba como extremo. En el contexto actual no imagino a Dzeko moviéndose por la banda. Tras dos temporadas en la República Checa, el Wolfsburgo de Felix Magath llamó a su puerta a cambio de 4 kilos. ¿Quién no recuerda aquel Wolfsburgo de 2009? Era imposible tener más carisma que los Zaccardo, Barzagli, Josué, Misimovic, Dejagah, Grafité y el propio Dzeko. Aquella dupla bosnio-brasileña sumó 54 goles en Bundesliga, una locura. Lograron el título de liga por delante el Bayern, al año siguiente el equipo se desplomó pero Dzeko con 22 goles fue el máximo goleador del torneo doméstico. Sus cifras con el Wolfsburgo son realmente buenas: 85 goles en 142 partidos; es el máximo goleador histórico del club y tendrá el recuerdo eterno por haber llevado el primer título de liga al equipo de la Volkswagen. En 2011, el Manchester City de Roberto Mancini pagó 37 kilos para hacerse con sus servicios, fueron unas cifras de récord para el club de Mánchester, tan solo Robinho había costado más dinero que él. Aquel verano de 2010 llegaron otros ilustres como Yaya Touré, Balotelli, David Silva, Kolarov o Milner.

A sus 24 años parecía el momento idóneo para que Dzeko arrasara en la Premier, sus características de juego y sus magníficos años en el Wolfsburgo lo hacían presagiar. Pero el bosnio, durante las cinco temporadas que vistió la camiseta del City, nunca fue un fijo en el once, al año de llegar el club fichó a Agüero y ahí terminaron sus aspiraciones de ser indiscutible. De todas formas, sus cifras no fueron malas: anotó 72 goles en 189 partidos, levantó dos Premier League y varios títulos de copa. “Algunos de mis mejores recuerdos están relacionados con Mánchester, con el equipo ganador del título y del partido loco ante el QPR”, señala Dzeko para The Guardian. Los aficionados del City aún recordarán sus dos goles en Old Trafford, el primero de ellos llegó antes de cumplirse el primer minuto de partido. De su paso por el City, el nueve bosnio ha reconocido que David Silva ha sido el mejor futbolista con el que ha jugado en toda se trayectoria. Esto ha dicho del español para la web de la Roma: “solía llamarlo pequeño mago porque este tipo era brillante con sus pies. Podía coger cualquier balón, controlar y pasar”.

A un delantero de su talla se le quedaba en nada los minutos que le podía ofrecer el club inglés, de ahí que la opción de la Roma fuera tan buena para él, pero pudo terminar en la Juventus ya que su padre es íntimo amigo del agente de Buffon. En las tres temporadas que lleva en Italia le ha dado tiempo a ser el máximo goleador de la Serie A en 2017 con 29 goles y llevar 67 tantos en 128 encuentros. Tras lograr la Bundesliga y la Premier, el Scudetto está en su punto de mira: Dzeko sueña con llevar el cuarto título a Roma.