Christian Stuani se despertó una mañana con gol, desde entonces cada balón que toca lo convierte en oro. Hasta el año pasado el uruguayo no había tenido síntomas relacionados con él. Es cierto que en el Albacete y el Espanyol tuvo su idilio con el gol, pero nada parecido al embrujo que le persigue desde que viste la camiseta del Girona. Los clubes persiguen nueves con gol como si no hubiera mañana, pero a veces lo tenían delante de sus ojos sin darse cuenta de ello.

A los 21 goles que anotó la temporada pasada, habría que sumar los ocho en ocho jornadas de la presente campaña. El curso pasado perforó la red en más ocasiones que Griezmann, Bale, Rodrigo o Bacca. Stuani no avisó a nadie: apareció en 2017 y decidió que iba a ser un delantero letal. En el Espanyol, donde ya había logrado alguna cifra significativa, lo relacionábamos como un futbolista de banda, donde había más entrega que acierto de cara a portería. Sacrificio y Uruguay ya sabéis, siempre van de la mano.

Pero no solo son goles, el charrúa provoca la sensación de ser el jefe del área. Esa es su zona y ahí solo manda él, que se lo digan a los defensas del Barcelona. Y no solo va bien por alto, donde es capaz de rematar una lavadora, juega muy bien con su cuerpo y es capaz de sacarle ventaja a prácticamente cualquier defensa de la liga. Si hubiera nacido en otro lugar habría sido el nueve titular de casi cualquier selección en el pasado Mundial, pero teniendo a Suárez y Cavani por delante es lo que tiene, aunque su estado de forma para nada estaba lejos del suyo.

 

Stuani anotó 29 goles en 117 actuaciones con el Espanyol y ahora lleva 29 tantos en sus 41 partidos como futbolista del Girona

 

Lo magnífico de Stuani es que a sus 31 años ha llegado a su cénit como futbolista, está ofreciendo unos números y versión que no nos podríamos haber imaginado. Se han juntado un club como el Girona, que jamás había jugado en Primera, y un jugador que jamás había sido un goleador. No quiero ni imaginar cuánto dinero valdría el Stuani actual con cinco o seis años menos. Quizá pensar esto sea una tontería, ya que a muchos futbolistas les llega la madurez en su juego cuando uno menos se lo espera. La magia no avisa. Tras su dos goles ante el Eibar, Miguel Quintana hacía la siguiente reflexión: Stuani anotó 29 goles en 117 actuaciones con el Espanyol y ahora lleva 29 tantos en sus 41 partidos como futbolista del Girona.

Si la pasada temporada sus 21 tantos supusieron que el equipo catalán no pasara apuros, este año ha sumado ocho de sus diez goles. Más allá de la cantidad, también es importante matizar la calidad de los mismos. No nos referimos a su belleza, eso es lo de menos, sino que la pasada temporada 14 de ellos abrieron el marcador y este curso ya son cinco. En definitiva, el Girona pagó dos millones y medio por un jugador al que no le fue bien en el Middlesbrough, un futbolista más cercano a la banda que a la punta de ataque y se encontró con su mejor versión y con un olfato goleador a la altura de los mejores delanteros de la liga española. ¡Las gangas aún existen!

Otros casos

No es fácil encontrar futbolistas que antes no destacaban por ser goleadores y de repente se convierten en nueves de referencia para sus equipos. Un caso parecido al de Stuani es el de Jaime Mata. El actual nueve del Getafe, que también pasó por Girona, hasta la temporada pasada no había avisado a nadie de su idilio con el gol. Así, de la nada anotó 35 goles con el Valladolid. Hasta el curso pasado rara vez había pasado de los diez goles, la explosión llegó cercanos los treinta años. Otro caso similar es el de Ángel Rodríguez. El también delantero del Getafe jamás se había destacado por tener unas notables cifras, llegó al Zaragoza y allí se salió. A sus 31 años es un futbolista muy completo, no solo respecto a sus cifras goleadoras, es un delantero que ofrece muchas variantes en ataque y que pasada la treintena se encuentra en su mejor momento de forma.