Si se hubiera grabado ahora, y no hace 13 años, cuando el Atleti, desnortado, frustrado por la incapacidad de dar respuesta a las urgencias históricas que le traumatizaban, luchaba por salir del árido páramo en el que vivía condenado, aquel padre en el que tantos se sintieron reflejados no restaría en silencio cuando su hijo le apuñaló con un ¿Por qué somos del Atleti? tan tierno como doloroso para aquel hombre; que, melancólico, se quedó con la mirada fija, buscando respuestas en el horizonte, detrás del parabrisas; planteándose por qué no lo había enviado todo a la mierda y había abrazado la fe de los que siempre ganan. Ahora, 13 años después, aquel hombre, sonriente, enumeraría mil gestas, mil nombres; los de todos aquellos que, liderados por el ‘Cholo’ Simeone, le han devuelto la sonrisa, la esperanza, a la parroquia colchonera, feliz de saberse parte de un equipo que ha alcanzado metas que un día llegaron a parecer inconquistables. Nombraría a Thibaut Courtois y a Jan Oblak. A Diego Godín, a João Miranda y a José María Giménez. A Filipe Luis. A Gabi, a Koke, a Saúl Ñíguez, a Raúl García, a Arda Turan y a Tiago Cardoso. A Radamel Falcao, a Diego Costa, a Antoine Griezmann, a David Villa y a Fernando Torres. Y a Juanfran Torres. ¿Cómo iba a olvidarse de Juanfran Torres?

¿Cómo iba a olvidarse del que, sin duda, ha sido uno de los futbolistas que mejor sintetizan todo lo que es el Atleti en la actualidad? La pasión, el coraje, el compromiso, la solidaridad, la humildad, la solidaridad y la entrega. “Cuando alguien me manda una foto de Juanfran roto después de fallar el penalti de la Champions igual se cree, el muy ignorante, que me duele; cuando precisamente lo que siento es todo lo contrario”, proclamaba estos días un aficionado colchonero, convencido de que el ’20’ se despedirá siendo historia viva del Atlético de Madrid. Se marchará del Wanda Metropolitano en silencio, eclipsado por los adioses de Diego Godín o Antoine Griezmann; pero podrá hacerlo con la consciencia tranquila. Ni siquiera el penalti que erró en aquella triste noche milanesa ensombrecerá el legado de un obrero del balompié, de un luchador incansable, que ha muerto por la camiseta en cada encuentro, que ha jugado cada partido como si fuera una final; dando la cara, erigiéndose en un referente para la hinchada rojiblanca, que, a la hora de nombrar la mejor defensa de la historia del Atlético de Madrid, siempre empezará con su nombre. “Muchos nos vendrán con historias o hablarán de un tiro al palo, pero me diste uno de los mejores días de mi puta vida. Casi nadie creía en vosotros”, añadía, en las redes sociales, otro aficionado, uno de los muchos que jamás olvidarán que si el Atleti se plantó en el Giuseppe Meazza para discutirle el entorchado continental al Real Madrid fue gracias al propio Juanfran, que decidió la eliminatoria de octavos contra el PSV Eindhoven.

La espinita, el recuerdo, de aquel fatídico penalti que el incansable lateral atlético estrelló en el palo el 28 de mayo del 2016 continuará siempre ahí, clavada dentro de los corazones de la familia colchonera. Fue uno de los peores momentos de toda sus vida, uno de los más tristes. Tanto para la afición como para Juanfran, que deambulaba perdido sobre el césped tratando de entender porque el fútbol, aquel deporte que tanto ha amado desde que lo descubrió, a los cinco años, había decidido ser tan cruel con él. “Hubiera dado los dedos de una mano por desaparecer. No solo de allí, sino probablemente de la faz de la tierra”, acentuó Eduardo Castelao en las páginas de El Mundo. Pero todo aquello, y las desconsoladas lágrimas que surcaron sus rostros mientras sentían como el mundo se hundía a su alrededor, como sus fantasmas, personificados en un Real Madrid que les barró el paso en cuatro Champions League consecutivas, les asestaban un revés definitivo, les unió para siempre. Tocaron fondo, sí. Pero lo hicieron juntos, una realidad que edificó un vínculo irrompible. “Nunca olvidaré vuestras muestras de afecto cuando me acerqué a pediros perdón. Ver mis lágrimas reflejadas en los rostros de los miles de rojiblancos que llenabais ese fondo del estadio sirvió para sobrellevar la tremenda tristeza que me abatía en esos duros momentos. Hace dos años os dije que volveríamos a una final. Ahora os digo que Gabi, nuestro capitán, levantará la Champions más tarde o más temprano. Y que lo celebraremos todos juntos en Neptuno“, escribió, en un intento de responder al cariño que le profesó la hinchada colchonera, un Juanfran que sobre el césped del Giuseppe Meazza acabó de convertirse en un atlético más.

Juanfran nació con los colores del Real Madrid (“Mi papá era del Madrid y me inculcó todo lo relacionado a su equipo”, reconocía el futbolista alicantino en una entrevista en EFE), pero la sangre que su corazón bombea ahora es de color rojiblanco (“El Atlético me ha transmitido unos valores que van mucho más con mi persona. Me ha hecho sentir y vivir el fútbol de otra forma. Siento el Atlético como si fuese parte mía desde pequeñito”). Más allá de la ilusión por seguir nadando de orilla a orilla de los estadios, poco o nada queda de aquel canterano del Real Madrid que, tras de proclamarse subcampeón del mundo con la sub20, llegó a disputar once encuentros con el primer equipo blanco. Ni siquiera la posición en el campo de aquel extremo eléctrico que, después de conquistar una Copa del Rey con el Espanyol y de alcanzar las semifinales de la Copa de la UEFA con Osasuna, desembarcó en el Calderón en enero de 2011 para cubrir la baja de Simão Sabrosa, a cambio de cuatro millones de euros. “El Real Madrid, como el Espanyol y Osasuna, forman parte de mi pasado. Les agradezco lo que han hecho por mí, pero ahora empiezo una nueva etapa. Y el Atlético es lo más importante. Espero agradar a su estupenda afición”, reconoció, en su puesta de largo como colchonero, un Juanfran que, después de tener una participación casi residual con Quique Sánchez Flores y Gregorio Manzano, se convirtió en un fijo en los esquemas del ‘Cholo’ Simeone, del técnico que siempre ha sido su gran valedor, del entrenador con el que se convirtió en uno de los mejores laterales derechos del panorama internacional, como lo demuestran las 22 ocasiones en las que ha vestido la camiseta de la selección española absoluta. “Es un segundo padre para mí. Se lo debo todo, futbolísticamente”, admitía, en EFE, Juanfran Torres, el más fiel soldado del ‘Cholo’ Simeone; su hijo perfecto, como enfatizaba Marcel Beltran hace unos años.

Ahora, a sus 34 años, ocho cursos y medio después de incorporarse al que siempre será el equipo de su corazón, el club de su vida, pone fin a su ciclo como colchonero. Lo hace tras haber defendido su camiseta en más de 350 partidos, tras haber alzado una liga, ganada en el Camp Nou contra el Barcelona, una Copa, una Supercopa de España, dos Europa League y dos Supercopas de Europa; un currículum que no deja ninguna duda acerca de la trascendencia de un tipo que siempre ha estado ahí, que siempre ha luchado por el Atlético de Madrid hasta desfallecer. “Me gustaría que se me recuerde por haberme dejado la vida en cada partido”, reconocía en las páginas de Marca. Y así será. Porque Juanfran Torres deja atrás el Wanda, pero puede hacerlo con el orgullo de saber que si todos somos un poquito del Atlético es por él, de saber que ya ningún niño tiene que preguntarle a su padre ¿Por qué somos del Atleti?.