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Ceca Raznatovic: cuando la tigresa de Arkan visitó el Calderón

La reina del turbofolk, un señor de la guerra y la visita del Obilic al Estadio Vicente Calderón. Un viaje por la antigua Yugoslavia para conocer la relación de Ceca Raznatovic con el mundo del fútbol

Raznatovic

Se abre el telón. Una inusual presencia amenaza en el banquillo visitante del Vicente Calderón. Parece una mujer joven. Encima de sus pechos, la brillantez de una cruz ortodoxa retiene la atención de la prensa local. Incluso de jugadores y cuerpo técnico. Nos encontramos en septiembre de 1998. Arrigo Sacchi debuta en competición europea con el Atlético de Madrid. Es la primera ronda de la Copa de la UEFA, y los ‘Colchoneros’ tienen por delante al recién campeón de Serbia, el FK Obilić, rival que, a priori, no entraña demasiadas dificultades. Y así lo dirá el marcador tras 90 minutos. Los goles de Juninho y José Mari dejan al conjunto madrileño a un paso de la siguiente ronda. “El resultado debería valer, pero la verdad es que hoy el espectáculo estaba en otro sitio”, fueron las palabras de un siempre elocuente Jesús Gil al término del partido. Pero… ¿a quién se refería el presidente rojiblanco?

Podríamos definir de muchos modos a esa misteriosa mujer que aquel día abanderaba en el Vicente Calderón al vigente campeón de la liga serbia. Desde cantante, pasando por símbolo sexual entre las juventudes serbias, hasta esposa de un criminal de guerra buscado por la Interpol. Pero para hablar de Sveltana Veličković, mayormente conocida como Ceca, hay que empezar su historia en la pequeña localidad de Žitorađa, al sur de Serbia. Allí creció como una chica de pueblo que, apasionada por la música, lucía su talento en bodas locales o delante del espejo, imitando a los cantantes que veía por la televisión. Nacida en los felices años yugoslavos, donde todo era paz, Svetlana no tardó en recibir las primeras invitaciones de cantantes serbios antes de erigirse como una joven promesa del espectáculo.

Adorada por las adolescentes, Ceca cantaba sobre amor, amas de casa y soldados, versos en muchas ocasiones con dobles sentidos sexuales de los que ella no era consciente. Con mucha proyección, Svetlana empezó a discutirle la fama a la célebre Lepa Brena, en ese entonces la reina del turbofolk, un particular género musical que mezclaba los sonidos tradicionales con la modernidad del pop y los teclados electrónicos. Todavía una niña, Ceca se convirtió en símbolo de una nueva cultura que penetraba con fuerza a la vez que Yugoslavia se fragmentaba en pedazos. Porque la irrupción de esa cantante fue también la caída de un país en el que, durante treinta años, había convivido en paz un cóctel de etnias, nacionalidades y lenguas.

Breve repaso a lo que fue Yugoslavia: entre el comunismo de Stalin y el capitalismo de Occidente, una próspera tierra se erigía a orillas del Adriático. Era la República Federativa Socialista de Yugoslavia, donde siete naciones eran gobernadas con mano de hierro por Josip Broz Tito, líder de los partisanos comunistas durante la liberación nazi del territorio. Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia (con las provincias autónomas de Kosovo y Voivodina), Montenegro y Macedonia. Un compendio de culturas que convivían en armonía bajo el lema ‘Hermandad y unidad’ desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Aquella Yugoslavia fue próspera económicamente, exitosa a nivel deportivo, y capaz de convivir entre dos mundos de lo más diferenciados, a pesar de que nunca dejara de ser una dictadura (no es oro todo lo que reluce).

 

Los goles de Juninho y José Mari dejaron al conjunto madrileño a un paso de la siguiente ronda. “El resultado debería valer, pero la verdad es que hoy el espectáculo estaba en otro sitio”, fueron las palabras de Jesús Gil

 

Sin embargo, tras la muerte del mariscal en 1980, todo se torció. Una grave crisis económica y el auge del nacionalismo hicieron de Yugoslavia un potencial polvorín. Y aunque el régimen había acuñado el eslogan “Después de Tito, Tito”, ni el recuerdo de esos tiempos mejores sería capaz de evitar el desastre. La disolución de la Liga de los Comunistas, el único partido político, y el triunfo en las urnas del nacionalismo en Eslovenia y Croacia en favor de su independencia, desatarán las hostilidades. Belgrado, donde Slobodan Milošević había concentrado todo el poder de Yugoslavia, no lo consentirá. Como pretexto, que las minorías serbias en esos territorios estaban en peligro, ya que pasarían de ser pueblo constituyente a minoría. Como objetivo, crear la Gran Serbia.

Apenas tuvo repercusión la independencia de Eslovenia, dada la poca presencia de serbios en el territorio (la guerra duró diez días), no así en Croacia, donde la minoría serbia se levantó en armas con el apoyo en la sombra de Milošević. Pero, por si fuera poco, en 1992 Bosnia también proclamó su independencia, lo que desataba una nueva guerra civil, esta vez entre los bosnios partidarios de separarse y quienes apostaban por permanecer dentro de Yugoslavia. Y así es como llegamos a las trincheras, donde las melodías de Ceca la estaban consagrando como la nueva reina del turbofolk. Porque de sus canciones surgieron tradicionales cantos nacionalistas, así como la modernidad presentada en videoclips subidos de tono.

Ceca, que con 20 años enamoraba en el frente, aceptó en 1993 dar un concierto en Erdut, ciudad fronteriza entre Serbia y Croacia y base de operaciones de la Guardia Voluntaria Serbia, unidad paramilitar serbia liderada por Željko Ražnatović, uno de los hombres más poderosos del país. ¿Željko Ražnatović? Presentamos un nuevo personaje de esta función. Seguramente el más importante. Antiguo ladrón de bancos y sicario de la Policía Secreta Yugoslava (UBDA), aquel hombre conocido como Arkan lideraba a los ‘Delije’ (héroes, en serbio), un ejército paramilitar formado por fanáticos del Estrella Roja que cometió atrocidades tanto en Croacia como en Bosnia. Aunque él prefería llamarles “los tigres de Arkan”, un nombre surgido por su fascinación por aquel animal, que era bonito a la vez que mortal.

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Cuando tras el concierto Arkan quiso agradecer a la joven estrella el aliento nacionalista de sus canciones, se enamoró de ella, aunque quedó decepcionado. Esa diva era demasiado flaca. Pesaba 48 kilos, insuficientes para convertirse en la mujer de todo un líder. Y cautivada por ese hombre, algo cambió en Ceca, que inició su transformación a tigresa. De sudar en el gimnasio – convirtiéndose en campeona nacional de bodybuilding- y salir del quirófano con los labios carnosos y los pechos pronunciados pasaron solo dos años. En 1995, la boda entre Arkan y Ceca paralizó Serbia. Un evento que se retransmitió en televisión y fortaleció la figura de ambos personajes, vinculados estrechamente con el régimen nacionalista de Milošević. Las guerras en Croacia y Bosnia se habían acabado, Yugoslavia ya solo era un recuerdo entre los escombros.

Podríamos decir que tras esa recordada boda vivieron felices y comieron perdices, pero todavía no se acaba la función. Mientras los acuerdos de Dayton en 1995 significaban la paz, Arkan abandonaba el traje de militar para enfundarse el de empresario, y Ceca seguía triunfando con su música. Una pareja poderosa, con tintes políticos y musicales. Ahora solo faltaba un paso para exhibir su poder: comprar un equipo de fútbol. El objetivo era volver a dominar el Estrella Roja como ya había hecho a finales de los ochenta liderando a los ‘Delje’, pero esta vez desde el palco. Sin embargo, el club pertenecía al Estado, por lo que finalmente se decidió por el FK Obilić, club belgradense que militaba en la segunda división. Su nombre hacía referencia a Miloš Obilić, mártir del nacionalismo serbio que, según cuenta la leyenda, en 1389 sacrificó su vida frente a los otomanos para asesinar al sultán Murad. Una estrategia de propaganda para identificar a Ražnatović con el héroe medieval. Casualmente ese mismo Obilić acababa de ser finalista de la copa yugoslava (perdieron 4-0 ante el Estrella Roja), pero con la llegada de Arkan, su poder sustituyó de facto el mérito deportivo.

Desde la temporada 1996-97, el Obilić inició un rápido camino hacia el éxito nacional. Pese a perder otra final de copa, logró ascender a la máxima categoría. Un año después, el equipo derrumbaba el binomio Estrella Roja-Partizan para alzarse con el campeonato de liga. No obstante, el Obilić estaba rodeado de polémicas. Amenazas a rivales y árbitros, hostilidad, y dinero sucio circulando entre los fichajes. Un modus operandi en el que su dueño se sentía como pez en el agua, porque nadie se atrevía a decir nada, su mera presencia asustaba. Y así es como el club llega a la Liga de Campeones. Su primer rival será el IBV islandés. El partido se disputa en el estadio del Partizan, ya que el Miloš Obilić no cumple con los requisitos de la UEFA. Sin problema alguno, los serbios decantan la eliminatoria a su favor. Para la segunda ronda les tocará enfrentar al Bayern.

 

Meses más tarde, la policía entraba en el domicilio de Ceca investigando el asesinato del primer ministro Zoran Đinđić, quien había tomado el relevo de Milošević. Sospechosa de dar cobijo a dos de sus asesinos, pasó tres meses en prisión

 

Pero a pocos días del partido de ida, el Tribunal Internacional Penal para la antigua Yugoslavia emite una orden de búsqueda y captura contra Arkan. Se le acusa de genocidio y de ordenar las masacres de Vukovar y de Bijeljina. La UEFA no tarda en actuar y prohibirá su presencia en cualquier partido oficial. Para evitar represalias y proteger deportivamente al club, Arkan cede la presidencia a su mujer Ceca. Mientras tanto, por la cabeza del criminal pasará el posible asesinato de Lennart Johansson, presidente de la UEFA, tal y como se supo años después. Beckenbauer, presidente de la entidad bávara, se niega a viajar a Belgrado para el primer encuentro. El 0-0 se resolverá en el partido de vuelta con una goleada a favor de los alemanes que relegará al Obilić a la Copa de la UEFA. De entre los muchos rivales posibles, el sorteo escogerá al Atlético de Madrid.

Volvamos a esa eliminatoria. Porque en el partido de ida, el presidente ‘colchonero’ ya lo dijo. “El resultado debería valer, pero la verdad es que hoy el espectáculo estaba en otro sitio”. Como es evidente, se refería a la presencia de Ceca, que decidió cambiar el palco para acompañar a sus futbolistas en un papel de asistente. Un curioso paso por el fútbol para la estrella del turbofolk, que no daba muchas muestras de estar interesada en lo que sucedía en el césped. Algo que cambiaría tras el asesinato de su marido el 15 de enero del 2000. Cuatro pistoleros aparecieron en la terraza del Hotel Intercontinental y atentaron contra la vida de Arkan mientras ella se encontraba a solo unos metros comprando con su hermana. Más de 20.000 personas acudieron a su funeral. Era el fin de un criminal, pero también el de un hombre considerado héroe del nacionalismo.

Tras ello, Ceca se involucró seriamente en la presidencia del Obilić. El equipo volvería a jugar competición europea, aunque sin apenas trascendencia. El fin de Arkan supuso el fin de una era. Tanto dentro como fuera del campo. Porque también cayó Milošević del poder. La sociedad serbia respiraba. Aun así, la presencia de Arkan permanecía intacta. Dos años después de su fallecimiento, el Pequeño Maracaná se llenaba con más de 80.000 personas para presenciar a Ceca en acción. Un concierto en homenaje a quien fue líder en la sombra en los peores días del país. “Arkan, Arkan, Arkan” coreaban al unísono los irreductibles ultras serbios. Meses más tarde, la policía entraba en el domicilio de Ceca investigando el asesinato del primer ministro Zoran Đinđić, quien había tomado el relevo de Milošević. Sospechosa de dar cobijo a dos de sus asesinos, pasó tres meses en prisión.

A la caída a los infiernos de Ceca se le sumó una crisis institucional y deportiva en su club. El Obilić fue perdiendo importancia y descendido de categoría año tras año. Sin patrocinadores ni jugadores de nivel, las polémicas y el lujo que seguían rodeando a la viuda de Arkan no beneficiaron a la imagen de un Obilić, que, después de cumplir su centenario, hoy se encuentra compitiendo en lo más bajo del sistema de ligas de Serbia. Ya sin Ceca, que en 2011 fue acusada de irregularidades financieras durante su mandato. Entre un entorno desgastado y un césped mal cuidado, la cara de Arkan y un cartel que nos remite a ese título de campeones de Yugoslavia, son los únicos resquicios del efímero éxito del Obilić. Y así se cierra el telón. Aunque a pesar de la tragedia, Ceca sigue llenando salas y despertando el recuerdo de toda una generación que creció escuchando los ritmos sincopados de su turbofolk.

Raznatovic


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Fotografías Gorka Urresola y Getty Images.