Fotografías de Dave Harry
Pocos clubes de fútbol idearían un plano con rutas para llegar a pie a su estadio. Lo ha hecho el Bristol City FC, un club con compromiso en una ciudad librepensadora. Hay siete senderos señalizados que llevan hasta Ashton Gate, la casa del Bristol. Entre ellos, el paso por un desfiladero y el célebre puente colgante, o una caminata por la zona del puerto, por las vías del muelle, junto a la icónica locomotora que echa humo por encima de las altas grúas. Los que pasan por el barrio de Spike Island, pueden ver La chica con un piercing en la oreja, la obra de Bansky que muestra una figura de mirada inquisitiva y con una alarma callejera por pendiente. Los rumores dicen que este grafitero mundialmente conocido es natural de Bristol.
Con suerte, uno tiene tiempo de para a tomar una pinta de sidra en el instagrameado Orchard Inn, y sacar el celofán a uno de sus bocadillos de queso y cebolla. El bloguero gastronómico Bos Finesse, también de Bristol, ha ido un paso más allá y ha editado un vídeo para homenajear a los mejores sitios para comer en la previa de los partidos, desde Clarks Pies a North Street Shawarma. Nuestro estómago se lo agradece.
Los días de calor, las nubes que se forman en el cielo se pueden confundir con los rizos del pelazo que luce el ex del City Chris Garland en un mural pintado junto al estadio. Garland, que falleció en 2023, es una auténtica leyenda del club, para el que jugó en las cuatro categorías profesionales del fútbol inglés, con 54 goles en total. Un delantero que se bajó el sueldo a principios de los 80, cuando el club se asomaba al abismo de la bancarrota; un gesto que concuerda con el sentimiento de bien común que emana de Bristol, y al que contribuye el equipo, hoy floreciente. Ashton Gate, renovado, ya no es aquel campo tosco, sino que hoy transmite bienestar y en él los aficionados pueden crear una cultura propia. El propietario del club, Steve Landsdown, ha sido una figura clave para la transformación de Ashton Gate en un recinto multiusos en el que se puede disputar un partido de rugby un viernes y uno de fútbol un sábado, siempre sobre un terreno de primer nivel. En él, también se ha podido escuchar buena música, y no solo gracias a los cánticos de los ‘robins’ (‘petirrojos’, el apodo del Bristol City), con conciertos de artistas como Elton John, Muse o los Rolling Stones.
La entidad forma parte del conglomerado Bristol Sport Group, que ha unido a los equipos masculino y femenino (este último ha sido vendido al grupo Mercury13), los Bristol Bears de rugby masculino y las Bristol Flyers de baloncesto femenino. Esta forma de organización no anda muy lejos del modelo europeo de clubes polideportivos, ese que une a varios deportes bajo un mismo escudo, para crear un propósito común y aumentar la participación y la cohesión de la masa social. De hecho, el City tiene prevista la construcción de un pabellón de 5.000 localidades para las Bristol Flyers, dentro una zona deportiva que hará de Ashton Gate uno de los mejores emplazamientos polideportivos del deporte inglés.
DÍA DE PARTIDO
Es sábado, y el Birmingham City es el equipo visitante. Como bienvenida, los ‘bluenoses’ se encuentran con un bar que sirve Guinness y con la libertad de derramar algo de cerveza sobre el asfalto al calor del sol de octubre. Es en el Independence Sports Bar donde se crea ese sentido inclusivo. Con su estilizada barra curvada, es un lugar ideal para hacer la previa. Su cerveza de barril está elaborada en fábricas locales, al otro lado de la calle. El local cuenta con una pantalla gigante y un altillo que sirve como Salón de Leyendas; ahí se reúne la Asociación de Exjugadores.
En una de las paredes del Bristol City Supporters Club and Trust, la organización que agrupa a los hinchas del club, cuelga una camiseta clásica enmarcada, la zamarra visitante púrpura de la temporada 1993-94. Junto a ella, se acomoda un aficionado del City vestido con un elegante jersey Lacoste. Afuera, los seguidores sonríen y beben mientras una banda toca en directo temas de Oasis, junto a otras canciones que son populares en las gradas. Los ‘robins’ están al alza. Encajados en las posiciones de play-off de la Championship, tienen la mirada puesta en el ascenso a la Premier League, lo que supondría su primera presencia en la máxima categoría desde 1980. Todo indica que el fichaje del entrenador austriaco Gerhard Struber, del que el Colonia prescindió pese al segundo puesto en la 2. Bundesliga, ha sido una decisión inteligente. Su equipo, bien organizado, es capaz de controlar a un Birmingham peligroso, lo que le permite crear peligro en las transiciones y habilitar a Sinclair Armstrong para que marque el gol local, a los 42 minutos. El atacante irlandés, formado en el Shamrock Rovers, recibe en velocidad un pase en profundidad y, tras controlar de zurda, anota con la derecha un tanto que será suficiente para ganar. “Together we rise” (‘nos levantamos juntos’) es el lema de los ultras del equipo, Section 82, que botan todos a la vez cuando la pelota toca las redes. En la zona baja, en un vestíbulo con forma de herradura, la alegría se dispara, también entre los trabajadores del puesto de comida india, encargados de servir un curri de cabra legendario a aficionados hambrientos.
Michelle Dring, jefa de Estrategia del Bristol City, se esfuerza para que los aficionados disfruten del día de partido con los menos inconvenientes posibles. Gracias al diseño único del campo, los hinchas pueden andar alrededor de casi dos tercios del estadio, y pararse a comprar comida o una pinta en el Wedlock Bar, al que no le falta la señal colgada, oscilante, propia de los pubs añejos. El City ha habilitado otros puntos de venta, con un novedoso sistema que corta la parte superior de las latas de cerveza sin dejar bordes afilados, lo que permite acortar las colas. Ahí es donde el Bristol City sobresale: los aficionados están en el centro de todo lo que da sentido al club. Cuando tienes tal nivel de atención por los detalles, el crecimiento es inevitable: en el Bristol City FC están construyendo un club en el sentido más puro de la expresión. Los aficionados ‘robins’ más jóvenes seguirán vistiendo camisetas rojiblancas los sábados; el club, al que la liga inglesa ha otorgado el premio Gold Family Excelence, que pone en valor la experiencia familiar en el campo, han implementado el colectivo Future Reds, que busca involucrar a seguidores de entre 12 y 17 años.
Ya fuera del estadio, con la última brisa cálida del otoño besando las mejillas de los aficionados, un seguidor veterano ataviado con una preciosa bufanda oscura se para y sonríe. Aunque el tirón de Bristol es potente, no hay prisa por volver al centro una vez terminado el encuentro, y marcharse de un recinto que ofrece una de las mejores experiencias que un aficionado puede vivir en Inglaterra.





