Si tu padre te pone de nombre Dennis por culpa de un tal Denis Law. Si tus primeros pasos son por las calles del Ámsterdam de principios de los 70, coincidiendo con el Ajax de Rinus Michels y Johan Cruyff que enamoró a Europa entera con su ‘Fútbol Total’. Entonces, tienes todas las papeletas para crecer al lado de un balón y que tus sueños vengan acompañados por miles de gargantas gritando gol en el antiguo estadio De Meer después de haber presenciado, una vez más, otra de tus sutiles y elegantes definiciones ante el portero rival. Si, además, cumples esos sueños, tu nombre no es otro que el de Dennis Nicolaas Maria Bergkamp.

Nacido el 10 de mayo de 1969, el pequeño Dennis se contagió de la pasión por el balón de su padre, fontanero de profesión y amante del fútbol inglés. La pared del bloque de pisos donde vivía a las afueras de Ámsterdam fue su primer compañero de equipo. Fue su primer gran aliado para sacar a relucir una facilidad innata para controlar el balón y ofrecérselo a los suyos de manera exquisita y precisa. Esa pared le acompañó hasta fichar por el fútbol formativo del club de sus amores, el Ajax. Tras ir escalando por las divisiones inferiores ajaccied, fue Johan Cruyff quien le brindó la oportunidad de debutar en el primer equipo en un encuentro ante el Roda. Ese 14 de diciembre de 1986 se empezó a labrar la leyenda de un chico tímido y reservado lejos del césped, pero tremendamente atrevido y descarado cuando se calzaba las botas.

En ese Ajax de finales de los 80 y principios de los 90, creció junto a jugadores como Frank Rijkaard o Marco van Basten, con los que ganó la Recopa de Europa en 1987 antes de que lideraran el legendario Milan de Arrigo Sacchi; y vio progresar a la hornada de jóvenes que conquistaron la Champions League en 1995, entre los que destacaban los hermanos de Boer, Edgar Davids o Edwin van der Sar. Dos veranos antes de que el Ajax de Louis van Gaal se llevara la máxima competición europea, los mejores equipos del Viejo Continente entraron en guerra por fichar a Dennis Bergkamp. Las ofertas venían desde Italia y desde España. Barcelona, Real Madrid, Inter de Milán y Juventus eran los implicados, en una época en la que el fútbol italiano dominaba el deporte rey y su dinero, por lo que el holandés se acabó enfundando la camiseta nerazzurra para jugar en el Giuseppe Meazza. Atrás quedaban siete cursos de ensueño con el Ajax. Atrás quedaban el estadio De Meer y 122 goles como ajaccied.

“El Inter cumple con todas mis exigencias. Lo más importante para mí es el estadio, la gente del club y su estilo de juego”, declaraba el holandés el día de su presentación con el Inter. Pero fue precisamente una de esas exigencias, el estilo de juego, lo que no dejó que se viera en Milán al mismo Bergkamp que todos conocían en Ámsterdam, ese delantero llamado a ser el heredero de Marco van Basten en la selección neerlandesa, con la que ya había disputado la Euro’92. En Italia se encontró con un fútbol extremadamente defensivo al que no supo aclimatarse. Defensas encerradas, pocos huecos por los que llegar al área rival y un fútbol poco vistoso, justo todo lo contrario de lo que necesitaba Bergkamp para sentirse cómodo sobre el campo. Sin espacio para asistir y golear, parecía fuera de lugar en la Serie A.

 

“Dennis es el mejor futbolista con el que he jugado. Para un delantero es un sueño tenerle en el equipo”

 

A sus problemas para adaptarse al férreo estilo italiano, se le sumó el mal momento por el que pasaba el Inter, una lesión que le condicionó en su segunda temporada en el país transalpino y una personalidad introvertida y distante que le valió el apodo de Iceman (el hombre de hielo). Los nerazzurri vivieron a la sombra de Milan y Juventus hasta la llegada de Massimo Moratti en 1995 a la presidencia del club. En los 90 fueron la Vecchia Signora y los rossoneri quienes dominaron el fútbol doméstico y los máximos exponentes del país en competiciones europeas, con una Champions League para los lombardos en 1994 y otra para los de Turín en 1996. Durante los dos cursos que Bergkamp estuvo en San Siro, el Inter solo añadió a sus vitrinas la Copa de la UEFA de 1994.

Tras su complicado primer año en Italia, el Mundial’94 de Estados Unidos era un buen paréntesis con el que desquitarse de ese fútbol tan pesado con el que tenía que convivir en el día a día y poder disfrutar del estilo atacante holandés. En el país del soccer, Bergkamp y la selección oranje llegaron hasta cuartos de final, cuando se cruzaron con la Brasil de Bebeto y Romario en Dallas, que saldría campeona tras vencer a Italia en la final, y un tardío gol de Branco en el minuto 80 ponía el 2-3 definitivo. Los holandeses volvían a casa y Brasil estaba más cerca de la cuarta estrella en el pecho, que se certificó cuando Roberto Baggio lanzó el definitivo penalti de la final por encima del travesaño.

La desilusión por la eliminación no fue el único mal trago que pasó Dennis Bargkamp durante el torneo mundialista, con su viaje a las Américas se llevaría consigo un temor que aún hoy le atormenta: el pánico a volar. Dennis nunca fue un amante de los aviones, lo pasaba mal a tantos metros del suelo, pero lo vivido en el vuelo de Holanda a Estados Unidos marcó un antes y un después para él. Todo empezó con un aviso de bomba que retrasó el despegue de la expedición holandesa hacia tierras yanquis y que provocó inquietud entre algunos pasajeros. Ya en pleno vuelo, y cerca de llegar a su destino, el avión entró en una bolsa de aire que provocó una caída libre durante unos segundos. Ese día decidió no volver a volar, una decisión complicada para un futbolista profesional.

Al año siguiente recaló en el Arsenal y, entre las condiciones del contrato, destacaba que Bergkamp no viajaría con el resto del equipo si debía ir en avión, se desplazaría en transportes terrestres e incluso en alguna ocasión debió perderse partidos por falta de tiempo para llegar al encuentro. Una desventaja a la que el Arsenal acabó adaptándose. Y valió la pena. “Durante las negociaciones con el Arsenal, si yo decía un millón, ellos automáticamente descontaban 100.000 porque no volaba. Y lo acepté”, explica el futbolista en su biografía Dennis Bergkamp, Stillness and Speed: My Story. El holandés llegaba a un club histórico en horas bajas, que durante el último lustro se había ganado la burlesca etiqueta de ‘Boring, boring Arsenal’ (aburrido, aburrido Arsenal) por los sinsabores que pasaba el equipo dirigido por George Graham. Por esos motivos, Dennis se sentía extrañado por su fichaje. “Hay algo que me pregunto a menudo: ¿En qué estaba pensando el Arsenal? Antes de que yo llegara era el Boring, boring Arsenal. Y entonces, me fichan a mí y a David Platt… ¿Qué tenían en mente para el futuro?”. Y lo que los gunners tenían en mente era un nuevo proyecto de la mano de David Dein, el vicepresidente del club, que quería volver a ilusionar a los aficionados de Highbury. Y Dennis Bergkamp era el primer paso hacia el éxito.

 

Cuando más lo necesitaban, el Arsenal encontró a Dennis y Bergkamp encontró al Arsenal para dejar en el recuerdo a uno de los mejores equipos que ha dado el fútbol inglés

 

Se pasó de un grupo de jugadores disperso con poca ilusión por competir, a un equipo que dominaría la próxima década de la Premier League junto al Manchester United. Al iniciarse la temporada 96/97, llegó un nuevo inquilino al banquillo gunner, un desconocido francés de nombre Arsène Wenger que llegaba de la tan poco competitiva liga japonesa. Con él vino un jovencísimo Patrick Vieira que esperaba su oportunidad en Milan, pero se fue a Londres para ser el líder del equipo en el centro del campo.

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En Highbury, y con Wenger dirigiendo desde la banda y apostando por un fútbol asociativo y de ataque, Dennis Bergkamp se reencontró con su fútbol. En los campos ingleses, con espacios de por medio y con defensas más abiertas que en Italia, Iceman volvía a disfrutar. Con un rol diferente al del ariete que empezó en el Ajax y se estrelló en el Inter, partiendo desde la mediapunta construía todo el fútbol gunner. En sus primeros años formó pareja de ataque con el segundo máximo goleador de la historia del club, Ian Wright, quien recuerda que fue el holandés uno de los artífices de la reconversión del Arsenal: “Es el mesías, cuando llegó le dijimos que nos metiese en Europa y fue exactamente lo que hizo”. Con el retorno a las competiciones continentales, en 1998 el Arsenal demostró estar de vuelta con el doblete de Premier League y FA Cup, siendo Bergkamp el máximo goleador del equipo con 22 goles en esa campaña. Eran tiempos gloriosos para los aficionados gunners y el club seguía creciendo. En los siguientes años llegaron futbolistas que echarían raíces en Highbury. Nwankwo Kanu, Fredrik Ljungberg, Ashley Cole, Sol Campbell, Gilberto Silva o Robert Pires entre otros. Y, por encima del resto, en 1999 se instaló en el norte de Londres el ingrediente que le faltaba a Dennis Bergkamp para que esos milimétricos pases a ras de césped que trazaba desde la segunda línea, por detrás del punta, acabaran una y otra vez, partido sí y partido también, con el esférico dentro de la portería rival. Ese ingrediente era Thierry Henry, el mejor socio de Bergkamp. “Dennis es el mejor futbolista con el que he jugado. Para un delantero es un sueño tenerle en el equipo”, reconoció en su momento el legendario ’14’ del Arsenal.

Esa camada de futbolistas repitió el doblete Premier LeagueFA Cup en 2002. Era una época dorada. Los duelos contra el Manchester United eran a vida o muerte, con Roy Keane y Patrick Vieira defendiendo a los suyos en cada disputa; el juego del equipo seducía cada fin de semana a las gradas de Highbury; y los títulos estaban de vuelta. Ese dulce momento alcanzó el clímax en el curso 03/04. En las 38 jornadas de liga ningún equipo fue capaz de derrotar al Arsenal, que consiguió de nuevo la Premier League, la última hasta la fecha para el club. 26 victorias y 12 empates registraron ese año The Invincibles. Y dos partidos para el recuerdo, un Liverpool-Arsenal en Anfield que acabó con 1-2 y la ‘Batalla de Old Trafford’ ante el United que se saldó con un empate a 0.

Después de una nueva conquista de la FA Cup en 2005 y la derrota en la final de la Champions League contra el Barcelona de Ronaldinho, Samuel Eto’o y Deco al año siguiente, Dennis Bergkamp puso el punto y final a su carrera deportiva al acabar la temporada 05/06. Dejaba atrás once años vistiendo la camiseta gunner, la camiseta que le hizo reencontrarse con el fútbol que aprendió al lado de una pared cuando era niño, que perfeccionó en el club de sus amores y que se difuminó entre las piernas de las pobladas defensas italianas. Cuando más lo necesitaban, el Arsenal encontró a Dennis y Bergkamp encontró al Arsenal para dejar en el recuerdo a uno de los mejores equipos que ha dado el fútbol inglés. El mismo fútbol que le gustaba a su padre, el mismo fútbol donde jugaba un tal Denis Law.