Hay fútbol entre semana. Alejados de las competiciones domésticas, dieciséis estadios harán sonar el himno de Tony Britten. Los seguidores de esos clubes elegidos, enfundados en sus colores, llenarán gradas, bares, pubs o, simplemente, ocuparán el sofá de su salón. También los aficionados al balompié que no se identifican con ningún equipo en concreto buscarán el partido más interesante de la jornada para poder disfrutar del mejor fútbol durante un par de horas. Porque esta semana vuelve la Champions League y, con ella, auténticos partidazos como el Dortmund-Mónaco, el Barça-Tottenham o el Liverpool-Nápoles. Sin embargo, esta jornada de Champions también nos llevará de manera inevitable a repasar la hegemonía de los años 70. Porque a partir de las nueve de la noche, en el Allianz Arena, el Bayern de Múnich se enfrentará al Ajax de Amsterdam.

No es el partido fuerte de la jornada y la mayoría de aficionados neutrales dan por hecha una nueva victoria a favor de los bávaros. Incluso las casas de apuestas juegan sus cartas y colocan una cuota elevadísima en caso de que los de Amsterdam den la campanada. Solo los aficionados más soñadores de los Países Bajos creen que el conjunto dirigido por Erik Ten Hag se llevará los tres puntos del feudo germano. Esto es lo que sucede en 2018. En un fútbol mercantil y consolidado en el que los grandes equipos se reparten entre Alemania, Inglaterra, Italia, Francia y España, los conjuntos llegados de ligas más pequeñas tienen muy difícil el camino al Olimpo europeo.

 

Corría el minuto 85 de partido cuando un centrocampista endeble y delgaducho, de tan solo 17 años, maquilló el marcador

 

Sin embargo, allá por los años 70, la situación era totalmente distinta. Cincuenta años atrás, el fútbol era mucho más anárquico y ofensivo. Los equipos componían sus alineaciones con unos cuantos defensas, otros pocos centrocampistas y muchos atacantes. El objetivo era llegar al área rival sin demasiado miramiento y con un posicionamiento táctico sencillo. Hasta entonces, enfrentarse a un equipo de la Eredivisie en competiciones europeas te otorgaba el papel de favorito. Pero en la tierra de los tulipanes ya había echado raíces un nuevo fútbol sobre el césped de Amsterdam. Comenzó, quizás, el 15 de noviembre de 1964. Aquel día, el Ajax perdía por 3-0 en el estadio del Groningen. Corría el minuto 85 de partido cuando un centrocampista delgaducho, de tan solo 17 años, maquilló el marcador. Johan Cruyff, escribió el colegiado de aquel encuentro en el acta.

El reinado de Cruyff

El fútbol floreció en Amsterdam con el primer contrato del flaco. “¡Deje de lavar esa ropa, señora! Usted tiene que atender al mejor fútbolista del mundo”, gritó el joven Cruyff a su madre al llegar a casa. Pero aquel chico no fue el único en firmar. Piet Keizer también subió al primer equipo con un contrato profesional y, junto a jugadores de la talla de Johan Neeskens, Ruud Krol o Swart, confeccionaron una plantilla para la historia. Claro que, para que esta comenzase a escribirse, en los banquillos necesitaron a un guionista como Rinus Michels. El inventor del fútbol total llegó a la zona técnica del Ajax con una idea en mente. Los defensores debían atacar y los atacantes debían defender. Todos debían morder para recuperar el balón y cuando este se hallaba en su poder debía circular rápido entre los futbolistas para desorganizar al conjunto rival. Fútbol total le llamarían, años más tarde, a este estilo de juego. Así pues, con las bases del equipo bien organizadas, el conjunto holandés ganó la liga holandesa tres veces seguidas.

En Europa, el primer zarpazo de este conjunto llegaría en 1966 ante el mítico Liverpool de Bill Shankly. Los holandeses sonrojaron a los de Merseyside con un contundente 5-1. No obstante, los verdaderos éxitos llegaron en los años 70. La mecha se prendió, de hecho, justo al inicio de esa década. El Feyenoord, su rival en Holanda, aterrizó en Amsterdam con la Copa de Europa bajo el brazo, para regodeo de sus aficionados. Los de Rotterdam se convertían en el primer conjunto holandés en ganar la máxima competición europea. Aunque la respuesta del Ajax fue para encumbrar. En 1971, los de Amsterdam se impusieron al Panathinaikos por 2-0 y lograron su primer título europeo. Para entonces, el mundo ya se rendía a los pies de Johan Cruyff. “Lo he hecho lo mejor que he podido”, declaró Michels antes de partir, ese mismo año, a Barcelona.

Pero los éxitos europeos no se marcharon con el entrenador holandés. Al banquillo de Amsterdam llegó Stefán Kovács y, con él, dos Copas de Europa más para cerrar un triplete maravilloso. En la edición de 1972, los holandeses apearon de la competición a conjuntos como el Marsella, el Arsenal y el Benfica para imponerse, por 2-0, al Inter de Milan en la final. El golpe definitivo llegaría en 1973. Aquella edición enfrentó al Ajax ante grandes conjuntos europeos. Los de Cruyff, sin embargo, no balbucearon en ningún momento. Eliminaron al Bayern de Munich y al Real Madrid para plantarse en la final. En el estadio de Belgrado, casa del Estrella Roja, el Ajax sumó un nuevo éxito a su palmarés tras imponerse por 1-0 a la Juventus.

Aquel Ajax de leyendas se desmembró durante la campaña siguiente. El propio Cruyff o jugadores como Neeskens decidieron volar lejos de Amsterdam. Aquella tierra, ya florecida, comenzaba a marchitarse en Europa. No así en liga, dónde han ido sumando títulos regularmente.

La fiabilidad alemana

El Ajax lanzó el testigo al viento y el Bayern de Munich lo recogió. Para ello, el conjunto teutón llevaba años confeccionando una plantilla poderosa. Aquel conjunto destacaba por el poderío físico, la disciplina táctica y una interpretación del juego única para la época. Con las bases bien marcadas, la plantilla bávara se reforzó con jugadores de la talla de Franz Beckenbauer, Sepp Maier y Gerd Müller. No obstante, cuando estos jóvenes se enrolaron en la plantilla del Bayern, el conjunto alemán vagabundeaba por la segunda división y el equipo principal de la ciudad era el 1860 Munich. Nadie se imaginaba que, a finales de los años 60 y principios de los 70, la historia cambiaría por completo. “¿Qué voy a hacer con un levantador de pesas? Es demasiado bajito y rechoncho para ser futbolista profesional”, declaró Zlatko Cajkovski, entonces entrenador del Bayern, sobre el físico de Gerd Müller.

El primer éxito deportivo en Europa llegaría en 1967 cuando, tras vencer al Rangers, levantaron su primera Recopa. Para entonces, en Alemania ya comenzaba a forjarse una rivalidad entre Bayern y Borussia Moenchengladbach, que se alargaría durante varias décadas. Eso obligó a ambos equipos a renovarse constantemente e innovar sus fórmulas de juego. Durante los años 70, cuando Europa se rendía al fútbol total del Ajax, el Borussia Mönchengladbach incorporó a sus filas a futbolistas como Berti Vogts, Gunther Netzer o Jupp Heynckes. Una de las consecuencias de esta rivalidad entre ambos clubes fue el gran poderío del combinado nacional. La selección absoluta dominaría el panorama a nivel europeo y mundial, levantando la Eurocopa del 72 y el Mundial del 74, y siendo subcampeones en la Eurocopa del 76. Además, el crecimiento de la Bundesliga llamó la atención de los mejores futbolistas del norte, centro y este de Europa, convirtiéndose así en el campeonato doméstico más potente de todos.

 

Con la desintegración del Ajax a final de temporada, el camino quedó allanado para los de Munich

 

A partir de los 70, y con Udo Lattek al frente del equipo, el conjunto teutón comenzó a verse, a ojos del viejo continente, como uno de los serios candidatos a levantar la Copa de Europa. Sin embargo, en 1973, los bávaros recibirían un serio correctivo del Ajax. Aquel 4-0 recibido en De Meer fue un auténtico revés para un equipo que venía de dominar la Bundesliga con claridad. El Fútbol Total de los holandeses barrió por completo a los alemanes. Pero todas las historias comienzan con un revés de ese estilo. En muchos casos, la necesidad de tocar fondo para alcanzar la gloria es primordial. Así que, con la desintegración del Ajax a final de temporada, el camino quedó allanado para los de Munich. 

En 1974, los bávaros comenzaron con dudas en la máxima competición continental. Tras eliminar al Atvidabergs en los penaltis, el conjunto alemán comenzó a sentirse mejor sobre el verde y dejó en la alambrada al Dinamo de Dresden, al CSKA de Sofía y al Ujpest Dozsa. El Atlético de Madrid les esperaba en la final. Aquella plantilla gobernada por Müller y Beckenbauer trató, durante los primeros 90 minutos, doblegar a los rojiblancos. Sin embargo, en la prórroga, Luís Aragonés dio un zarpazo que parecía apartar a los alemanes de la gloria. Tuvo que ser Schwarzenbeck quien sorprendiese a Reina con un lanzamiento desde muy lejos. Aquel gol hundió al Atlético de Madrid y levantó los ánimos del Bayern. El partido de desempate fue un huracán teutón y, tras un 4-0 apabullante, los alemanes levantaban su primera Copa de Europa. “Siempre recordaré con cariño ese primer título. Fue el más importante”, declaró Beckenbauer.

La época dorada del Bayern continuó con Dettmar Cramer en los banquillos. Aquel equipo corrigió su sistema de juego para jugar con el famoso 1-3-3-3, dejando a Beckenbauer como líbero. La libertad del defensa para sumarse en ataque cuando el equipo lo necesitase llevó a Schwarzenbeck a hacer el trabajo sucio en la zaga alemana. Con aquel modelo de juego, sumado a los interminables goles de Müller y la seguridad que ofrecía Maier bajo los palos, el conjunto alemán lograría una nueva Copa de Europa ante el Leeds. Con dos goles de Roth y Müller, el conjunto alemán se impuso en la final ante las quejas de equipo inglés por la actuación del colegiado Michel Kitabdjian. Sin embargo, la gravísima lesión de Hoeness fue el inicio del fin de este increíble equipo. 

El broche de oro de esta generación llegó en 1976. Quizás la Copa de Europa más difícil de lograr al dejar en la cuneta a conjuntos de nivel como el Benfica o el Real Madrid. La final, ante el Saint Etienne, se saldó con 1-0 a favor de los teutones. Aquel partido se decidió con un tanto de Roth. Además, ese mismo año el Bayern ganaría la Copa Intercontinental ante el Cruzeiro. Tras empatar en Brasil, Müller y Kapellmann marcarían los tantos de la victoria en Alemania. Fue el final perfecto para una generación histórica que, tras dichas victorias, decidiría acabar su carrera lejos de Munich y dejar paso a las nuevas generaciones de futbolistas.

Dos caminos distintos

Ajax y Bayern fueron los claros dominadores europeos en esos años. Sin embargo, tan solo se enfrentarían en dos ocasiones en la Copa de Europa del 73. Aquellos dos equipos de leyendas evolucionaron de manera diferente hasta el día de hoy. El Ajax levantó la Orejona en 1995 y el Bayern haría lo propio en 2001 y 2013. A nivel doméstico, ambos equipos han ido sumando títulos hasta la actualidad pero el nivel de las ligas ha variado notablemente desde los 70. Mientras que la Bundesliga es una de las grandes ligas europeas, la Eredivisie no goza del mismo renombre ni general el mismo nivel de ingresos. Precisamente por eso, al conjunto de Amsterdam le resulta difícil mantener a sus futbolistas más prometedores y decisivos. 

Esta noche, en el Allianz Arena, alemanes y holandeses se enfrentarán en la segunda jornada de la Champions League. A pesar de que los locales parten como favoritos, los registros históricos son muy igualados. Tres victorias para ambas escuadras y dos empates en un total de ocho enfrentamientos. El Bayern hará rodar su maquinaria. Ya lo dijo Lineker: “El fútbol son once contra once y siempre ganan los alemanes”. El Ajax, por su parte, quiere volver a pisar fuerte en el viejo continente a pesar de las dificultades actuales de echar raíces lejos de Holanda. Con la mirada puesta en aquellos años gloriosos, ambos equipos se mirarán a los ojos. Han pasado casi cincuenta años desde aquellas épocas doradas. Cinco décadas desde que se proclamasen como amos de los 70.