Es sábado y los hinchas del Club Atlético Banfield acuden en masa al Florencio Sola, una jornada nueva de peregrinación para aquellos que viven a dos cuadras del estadio como también para esos que hicieron kilómetros hasta llegar a la ciudad que reside al sur de Buenos Aires. La mayoría luce orgulloso su indumentaria donde impera el color verde, pero también hay quien decide dejar atrás todo símbolo relacionado con el club de su vida ya que podría ser mufa y hacer que pierdan. Ya sabéis, las cábalas. Familias de varias generaciones se sientan en su localidad, suenan los primeros cánticos y tiembla la grada que lleva el nombre en honor a Eliseo Mouriño. Aquel hijo del gallego Antonio Mouriño y de la vasca Concepción Oyarbide jamás pensó, aunque quizá sí soñó, en que su nombre fuera parte de un estadio o que su figura transcendiera durante décadas. Todos soñamos con cosas así, pero de ahí a que sucedan…

Como otros tantos inmigrantes españoles que recalaron en Sudamérica, Mouriño nació en 1927 en Mataderos (Argentina). Cuando apenas tenía cuatro años perdió a su padre y comenzó a jugar con sus amigos del barrio a fútbol, una decisión que cambiaría su vida. Un delegado de Banfield observó que aquel joven tenía aptitudes suficientes como para defender el escudo de la entidad y así fue cómo Mouriño llegó a ‘El Taladro’ tras dejar su trabajo de transcriptor de piezas de música para piano. Aquellos que lo vieron jugar, recuerdan a Mouriño como un volante que sabía situarse sobre el verde, poseía capacidad de mando y contaba con una notable visión de juego. Al igual que sucede con todos los grandes futbolistas de cada época, el argentino de ascendencia española fue un adelantado a su tiempo. Al tratarse de una figura dentro del campeonato argentino, Boca Juniors trató de ficharlo en varias ocasiones, incluso su no-fichaje se convirtió en una cuestión de estado. Al parecer, según afirmaban los rumores de entonces, Eva Perón no estaba muy por la labor de que Mouriño se pusiera la camiseta ‘xeneize’.

La grandeza del fútbol reside en que aficionados que jamás vivieron, ni tocaron de cerca, un fracaso del pasado, todavía sienten angustia al recordarlo. Eso es lo que les sucede a los hinchas de Banfield cuando rememoran la temporada de 1951. Por situarlo en contexto, ‘El Taladro’ y Racing llegaron igualados al término del curso y tuvieron que realizar dos partidos de desempate para dirimir quién sería el campeón argentino. En la ida empataron a cero pero en la vuelta ganó el favorito, un Racing que sufrió para vencer a Banfield por un escueto 1-0 en el Viejo Gasómetro. La transcendencia del partido fue más allá y disparó una serie de rumores que jamás su pudieron confirmar. Estos decían que Juan Domingo Perón deseaba el título de Racing y que Eva Perón, ya gravemente enferma, había ordenado la victoria de Banfield como muestra de superación de los más humildes. Mouriño, figura clave de ‘El Taladro’, no superó aquella derrota, al igual que unos hinchas que aún hoy sienten cómo las mejillas se les humedecen de unos recuerdos que quizá la mayoría no vivieron, pero que sienten como propios.

 

La grandeza del fútbol reside en que aficionados que jamás vivieron, ni tocaron de cerca, un fracaso del pasado, todavía sienten angustia al recordarlo

 

Mouriño, aún con el dolor de la derrota, firmó al fin por Boca en 1953 y tan solo un año después salió campeón, el magnífico volante sintió alivio. La historia de ‘El gallego de oro’ es una historia donde el drama impera, en el que la mala suerte se adueña del destino. Cuando en mejor estado físico y relevancia deportiva se encontraba, tuvo que perderse una temporada entera debido a una hepatitis que se fue complicando. Así pues, recibió ofertas de Ferro, Racing o Argentinos pero decidió fichar por el Green Cross chileno ya que allí militaba un buen amigo suyo, Gustavo Albella. Sin haber debutado con el equipo chileno viajó con la expedición a un partido de Copa. En el vuelo de vuelta desde Osorno hasta Santiago, el avión perdió el rumbo por causas desconocidas y se estrelló en el cerro de Las Ánimas en abril de 1961. A sus 33 años Eliseo Mouriño, al igual que todos los tripulantes, perdió la vida, y en ese preciso instante el mito de Banfield se convirtió en leyenda. Una ceremonia multitudinaria despidió y recordó a los integrantes del Green Cross pese a que los restos del avión fueron encontrados el pasado mes de enero de 2015, 54 años después de la tragedia.

Desde aquellos días en los que varias familias anglosajonas fundaron el Club Atlético Banfield hasta la actualidad ha llovido mucho; los instantes de gloria y triunfos históricos se cuentan con una mano, no así los tristes recuerdos. Descensos, héroes fallecidos y agónicas derrotas. Pero qué más da, nada empañará que los hinchas de ‘El Taladro’ acudan con una sonrisa en la cara al Florencio Sola, al fin y al cabo los momentos complicados unen todavía más que los propios abrazos de un éxito. Nacer, vivir y transcender. 

 


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Fotografía de Getty Images.