Hasta la fecha, Australia no había sido un territorio demasiado permeable al avance del gen español, tan aventurero y camaleónico en los últimos años, porque únicamente dos intrépidos futbolistas, Dani Sánchez (Wellington Phoenix) y Ubay Luzardo (Melbourne Victory), se atrevieron a cruzar más de 16.000 quilómetros en busca de una oportunidad profesional. Ya no continúan en Australia, pero tres catalanes han empezado a trazar un cambio de rumbo.

El segundo fin de semana de octubre, Sergio Cirio (L’Hospitalet) e Isaías Sánchez (Ponferradina) tomarán su relevo, debutando en la Hyundai A-League con el Adelaide United, un club que acunó, hace siete años, el propósito disparatado de un genio del balón que se encontraba ya en el ocaso de su dilatada trayectoria. Romario da Souza, con 977 goles en su haber y 40 años en su mochila vital, quiso emular los 1.000 goles de su compatriota Pelé, fichando por el Adelaide para disputar cuatro partidos, y sumar así más tantos a su colección, pero tan sólo pudo pegar un grito de gol.

Pero no serán los únicos españoles de campo puesto que, a última hora, Albert Riera (Auckland City; no confundir con el del Galatasaray) ha firmado por el Wellington Phoenix tras su paso por el equipo neozelandés, cuyo entrenador era otro catalán como Ramon Tribulietx. Con su fichaje, ya son cinco los españoles que han desembarcado en la élite australiana en los últimos años.

EL IDIOMA NO SERÁ UN PROBLEMA

Lo mejor de todo es que Cirio e Isaías, pese a estar en la otra punta del mundo, no tendrán que renunciar a su idioma para intercambiar conceptos tácticos con su entrenador porque quien los ha fichado y seducido para el proyecto es otro catalán: Josep Gombau. Tras ser el director de la escuela del Barça, y de ganar dos ligas y dos copas en Hong Kong al mando del Kitchee FC, Gombau se convierte en el primer español que entrenará en Australia. “Me han pedido implementar en el Adelaide la ‘marca Barça’. Evidentemente, yo siempre digo que Barça sólo hay uno, y que es muy difícil porque no tengo los mismos ingredientes, pero intentaremos aportar nuestra experiencia”, admite a Panenka.

Para lograrlo, aterriza secundado por otro catalán, su ayudante en el Kitchee y el Barça, Pau Martí, y también lo hace de la mano de dos españoles que comulgan a pie juntillas con su idea de juego. “Josep tiene una forma de jugar que a mí me va bien, que me gusta, que consiste en tener el balón y atacar y, sobre todo, lo que me acabó de decidir fue la insistencia que puso en mi fichaje, viniéndome a ver incluso en partidos con L’Hospitalet“, reconoce un Cirio al que Gombau ya tanteó hace dos años para acompañarle a Hong Kong.

Cirio e Isaías no estarán solos en el propósito de fraguar un fútbol expresivo. En el vestuario, coincidirán con buenos mimbres como Eugene Galekovic, mundialista con Australia en Sudáfrica pese a no disputar ningún minuto; Marcelo Carrusca y Jerónimo Neumann, dos argentinos que llegaron a estar bajo las órdenes de Alejandro Sabella en Estudiantes; Jon McKain, poderoso central o mediocentro, y Cássio, un lateral brasileño, nacionalizado australiano, tricampeón carioca con Flamengo, cuyo recorrido y desparpajo ofensivo le permiten cubrir todo el flanco izquierdo del campo. “Por eso, entre otras cosas, nos fijamos en Cirio porque, pese a ser diestro, puede jugar como extremo izquierdo y caer hacia el centro, dejando el espacio libre para las incorporaciones del lateral“, analiza un Gombau que no deja la pizarra ni siquiera durante las entrevistas.

De hecho, ahora que se cumplen diez años de la tierna existencia del Adelaide, se han propuesto desde el club, con ayuda de la hinchada, confeccionar el Once de su Década, donde aparecen dos baluartes como Galekovic y Cássio en el equipo titular. El argentino Carrusca forma parte de los suplentes; son los tres únicos jugadores de la actual plantilla presentes. En el banquillo, como técnico más laureado, aparece un viejo conocido de la afición del Tenerife como Aurelio Vidmar, y en el eje de la defensa, un tanque como Sasa Ognenovski (ahora en el Umm-Salal de Qatar).

UNA SEGUNDA EXPAÑOLA

La Hyundai A-League es una categoría totalmente profesionalizada: desplazamientos en avión, buenos sueldos y amplia cobertura mediática. “Ya he visto en vídeo las 27 jornadas de la temporada pasada del Adelaide y pienso que el nivel futbolístico es muy parecido al de la Segunda División española y, en cuanto a infraestructuras, asistencia de público y televisión, sería como una Primera División de aquí“, sostiene Gombau, quien considera que el Adelaide podría competir tranquilamente en la categoría de plata del fútbol español.

 

“El nivel futbolístico es muy parecido al de la Segunda División española y, en cuanto a infraestructuras, asistencia de público y televisión, es una Primera División de aquí”

 

La liga australiana está considerada como una de las tres más fuertes de la Confederación Asiática y, cada vez más, la habitan figuras de talla mundial, ya en la comba de sus carreras, como Alessandro Del Piero, Emile Heskey, Lucas Neill, Harry Kewell, Brett Emerton, Orlando Engelaar o Shinji Ono.

Este verano, incluso, se han sumado defensores de segunda fila como Pablo Contreras (ex del Celta), Patrick Kisnorbo (ex del Leeds) y Kew Jaliens (otrora internacional orange). Además de fagocitar estrellas languidecidas por el paso del tiempo, el fútbol en Australia tiene cada vez más pujanza como demuestra el récord histórico de espectadores (95.446), registrado en el partido de pretemporada que enfrentó al Melbourne Victory con el Liverpool de Luis Suárez.

La composición de la A-League es muy democrática: la integran diez equipos que parten sin grandes diferencias de presupuesto y sin la existencia de un club hegemónico –en los últimos ocho años, han ganado el título cinco equipos diferentes, entre los cuales no se encuentra el Adelaide, y sólo el Brisbane Roar ha repetido laurel–. Aun así, The Reds mantienen el honor de ser el único equipo australiano que, desde la adhesión a la Confederación Asiática en 2006, consiguió ser finalista de la Champions ante el Gamba Osaka japonés en 2008.

El trazo de Isaías, el instinto goleador de Cirio, la inteligencia de Pau Martí y el liderazgo de Josep Gombau aterrizan en las antípodas del mundo para cambiar la identidad de un club, atraído por las bondades de la ‘marca Barça y la luminosidad que desprende el fútbol español.