Hasta que la maldita pandemia obligó a echar el cierre para siempre, el Anuario Dinámico era un pilar de la historia del fútbol español. No sólo por imprimirse en Zaragoza, sino porque con un sello de estilo inconfundible este pequeño trabajo de impresión resumía al detalle todos los partidos de nuestro fútbol desde 1949. Todo el fútbol que habíamos visto, escuchado o leído estaba allí. Sirva este reportaje que publicamos en noviembre de 2015, cuando el proyecto todavía funcionaba, para honrar su memoria. 


Este texto está extraído del #Panenka46, un número que sigue disponible aquí

 

Cuando Totò, más de un cuarto de siglo después, regresó a su Cinema Paradiso no encontró más que polvo, herrumbres y destrozo. Pero ahí había más, mucho más: todos sus inicios, toda su infancia, toda su adolescencia. Todo lo que aprendió de la vida antes de vivirla. Toda su memoria. Todo estaba allí. Todo. Visitar la sede del Anuario Dinámico, en la calle Río Huerva de Zaragoza, produce una sensación parecida. La imprenta es en realidad un almacén caótico en el que Tomás Tocino –que por sus iniciales bien podría ser Totò-, dueño de Dinámico, se mueve con soltura. Y sí, hay polvo, herrumbres y destrozo. Pero también está, entre cajas, linotipias y sofás desvencijados, toda la memoria del fútbol español. Toda nuestra memoria, en cierta manera.

Y ese todo comenzó en 1949. Tomás Tocino padre, un gallego emigrado a Zaragoza que se dedicaba al negocio de la impresión, tuvo la idea de publicar un calendario con los partidos de la Liga de fútbol 49-50. Algo sencillo, casi lógico debido a su actividad: imprimía calendarios ordinarios, pequeñas agendas y similares, por iniciativa propia o por encargo. Pero en aquella España gris -cuándo no ha sido gris España- el fútbol empezaba a convertirse en un divertimento popular. Y Dinámico, con una tipografía propia y un diseño que se mantiene prácticamente inalterado desde entonces, empezó a tener personalidad. “Muchas veces me dijeron que cambiara el diseño”, explica Tocino hijo, “pero yo les decía: ¿Tú sabes cuánto cuesta construir una marca como para cambiarla?”.

La idea del Dinámico era buena, sí. Y útil. Pero lo que la convirtió en genial, en clásica, fue lo que sucedió a primeros de los 50. Aprovechando los recursos tipográficos, que no eran demasiados, y el sentido común, Tocino padre pensó en dos conceptos que parecen recién descubiertos. Periodismo y datos. Por un lado, como impresor, tenía los recursos para dar la mayor información en el menor espacio posible. Y de otro, los datos eran un bien escaso en los años 50. Porque la única manera de acreditar quién había marcado en tal partido o cuántas amarillas vio tal jugador era un documento en papel. Y o conservabas los periódicos deportivos del lunes -entonces no se publicaba prensa generalista los lunes- o no había forma de certificarlo. Sin saberlo, Tomás Tocino padre construyó la primera base de datos del fútbol español.

Su hijo explica cómo era el proceso del que -algunos, pocos- consideraríamos uno de los mejores trabajos posibles: “Cada lunes, un operario cogía los periódicos deportivos, que eran tres entonces, y en una hoja anotaba las alineaciones, las tarjetas, los goles, el estado del campo, la asistencia al estadio… Al final de temporada todo eso se transcribía a los códigos de Dinámico y se montaba en la máquina de impresión. Había que hacerlo pieza a pieza, como un puzle. Cada letra, incluso cada espacio, era una pieza”. ¿Y si había discrepancias entre un periódico y otro sobre algún dato? “Por eso teníamos tres, para evitar discrepancias. A veces los colegios de árbitros nos ayudaban y nos enviaban las actas de los partidos. Los clubes también ayudaban, pero no demasiado”. En consecuencia, Tomás Tocino es dueño también de una de las mayores colecciones de diarios deportivos de España. Cerca de 60.000 ejemplares perfectamente embalados y organizados para garantizar su conservación.

¿Y hoy? Hoy toda esa información está recogida en internet, pero no sería descabellado que muchos de esos datos se hayan sacado de Dinámicos antiguos, le comento. Y Tocino, como respuesta, sonríe entre satisfecho y desengañado. Obviamente, parece que dice.

 

“Cada lunes, un operario cogía los tres periódicos deportivos y en una hoja anotaba las alineaciones, las tarjetas, los goles, el estado del campo, la asistencia al estadio… Al final de temporada todo eso se transcribía a los códigos de Dinámico y se montaba en la máquina de impresión”

 

¿Pero cómo resumir toda una Liga en un cuadernillo de 20 hojas de 8 por 12 centímetros? Con filas numéricas, relata. La ‘ficha pitonisa’ de Dinámico permanece casi inalterada desde los 50. A cada jugador, por ejemplo, se le representa con dos letras. El signo 1 representa un gol; 10 indica que ese gol fue de penalti. 7 es tarjeta amarilla… Y así sucesivamente: Penaltis fallados, expulsiones por doble amarilla, roja directa; tarjeta que acarrea sanción… Y junto a la fila de números, una pequeña cuadrícula para datos añadidos. A la climatología, asistencia o demás incidencias posibles en un partido de fútbol se le asigna un número, que se añade al partido. De esta manera, en apenas dos filas de números, letras y códigos, queda resumido cada encuentro de la historia del fútbol español.

Tocino no recuerda quién ideó ese sistema. Supone que su padre. “Pero no fue más que la consecuencia de aprovechar los recursos tipográficos de los que disponíamos”, cuenta, sin darle demasiada importancia.

Aunque todos esos datos había que resumirlos. Así que Dinámico presenta a cada futbolista con su foto y tres números separados por guiones. El primer número son los partidos jugados esa temporada; el segundo, los goles anotados -o una p si se trata de un portero-; y el tercero, en el caso de los españoles, el número de partidos internacionales que ha disputado. Hubo un tiempo en el que había un cuarto número, que indicaba las veces que el jugador había sido internacional B. Así es Dinámico. Datos, datos, datos. Y en el menor espacio posible.

Pero los Tocino, ya con Tomás hijo incorporado al negocio –“empecé a trabajar con 14 años”, dice desde sus 69- tenían que afrontar otro problema: la difusión del anuario. Sin recursos para una campaña publicitaria, una vez más la familia recurrió a la imaginación. Tomás explica lo que ya contó en su día al Heraldo de Aragón: “Un año imprimimos demasiados Dinámicos y mi padre decidió enviar los sobrantes, gratuitamente, a todas las peluquerías de España. A todas las que encontró”

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. Muchos lectores conocieron allí la existencia del Dinámico. Y así llegó 1970. “Vendimos más de 300.000 ejemplares. Y eso mantenía el negocio. Con lo que obteníamos de Dinámico pagábamos el 70% de las nóminas”, cuenta Tocino quien, por cierto, nunca ha tenido vacaciones de verano. Es obvio el por qué: julio es el mes en el que Dinámico se construye, pieza a pieza hasta hace relativamente poco, cuando se optó por la informatización pero sin perder el estilo. Y siempre hay algún problema externo: el sorteo del calendario, que se retrasa. Equipos que descienden administrativamente el 30 de julio. “Siempre pasaba algo que complicaba las cosas”, recuerda. En agosto los Tocino tampoco podían descansar: es el mes de la distribución y las ventas. En resumen, una vida dedicada a la Liga, a la Segunda División y, desde 1972, a la historia de los Mundiales y Eurocopas.

Y todo ello con cierta distancia. ¿Por qué? “Pues porque la verdad es que no me gusta el fútbol”, contesta Tocino, encogiéndose de hombros. Mientras lo dice, todo lo que le rodea en su taller es fútbol.

Pero para Dinámico los tiempos de las 300.000 ventas han pasado. “Este año habremos vendido unos 3.000”, explica. Las guías de fútbol de las publicaciones deportivas e internet han quitado espacio al anuario. De hecho, la imprenta está semicerrada: ya sólo trabajan para encargos de clientes tradicionales. El negocio es ahora afición, compromiso. “He hecho esto toda la vida”, concede Tocino como explicación de por qué sigue publicando. El negocio ahora está en la nostalgia. Y la prueba es que hasta en ocho ocasiones la conversación que mantenemos la interrumpe el teléfono al que Tomás vive asido, y al menos siete tienen que ver con Dinámico. A través de la web, recibe pedidos de anuarios antiguos. Todavía tiene medio millón –medio millón- de ejemplares en su almacén. Originales y reproducciones de originales. Los vende a 4,50 euros la unidad. Y se sorprende de que el precio sorprenda. “Muchos clientes me dicen que han visto esos mismos anuarios, peor conservados pero mucho más caros, en webs de coleccionistas”. También existe cierta picaresca: en esos espacios se venden como originales anuarios que no lo son. Para saber si un Dinámico de los más antiguos -años 50- es o no original la clave está en las pestañas. La impresión original del cuadernillo, especifica, estaba organizada con pestañas, como los antiguos dietarios telefónicos. Fue una de las patentes de su padre. Así que si un Dinámico antiguo no tiene pestañas, no es original.

 

“Un año imprimimos demasiados Dinámicos y mi padre decidió enviar los sobrantes, gratuitamente, a todas las peluquerías de España. A todas las que encontró”. Muchos lectores conocieron allí la existencia del Dinámico

 

Este nuevo mercado, el de los nostálgicos, también da para anécdotas. Con protagonistas con nombre propio que Tocino se reserva. Como un político conocido, que tras muchos años fuera de España, le contactó para adquirir todos los Dinámicos que la distancia le hizo perderse. O cierto director de diario deportivo que acudió a Río Huerva a comprar y a ver. Y a conversar, porque Tocino es un gran conversador. Y también anécdotas anónimas, de cierta ternura. Sucedió al poco de terminar nuestra entrevista. En el buzón del taller había una carta que contenía sellos. Muchos sellos. “Algunos clientes son mayores y esto de internet o las transferencias les cuesta. Así que les digo que me envíen la tarifa en sellos, lo que es perfectamente legal”. Y uno no deja de imaginar a un anciano que habrá sonreído hace no muchas semanas al recibir en su casa una colección de Dinámicos, los mismos que tuvo, o quiso tener, cuando se abría a la vida.

En Cinema Paradiso –atención: spoiler– Totò no sólo encuentra polvo, herrumbres y destrozo. También recibe el legado de Alfredo, que es su propia infancia. La de Totò. Una infancia de besos rotos y encontrados. De recuerdos, de nostalgia. De memoria perdida, en definitiva. Dinámico, en parte, es eso. Es nostalgia, es una tradición que desaparece.“Esto tiene fecha de caducidad”, dice Tocino. Y lo dice sin pena. Todavía hoy, dentro de un fútbol moderno, comercial y objeto de consumo, el anuario atestigua el fútbol que fue. El fútbol que se recuerda. Que nos recuerda, antes de que el tiempo amarillo se pose en nuestras fotografías. Las de papel. Las digitales sólo amarillean –la edad es estética- en Instagram.

En el almacén de Río Huerva está el debut de Di Stéfano. El de Cruyff. Las Cinc Copes del Barça y las seis primeras del Madrid. La Eurocopa de 1964, la de 2008. La de 2012. Está Zarra, está Messi. Están Zamora y Casillas. Está Miguel Muñoz, Luis Aragonés y Del Bosque. Estamos nosotros: están todos los partidos que hemos visto y los que no hemos visto.

Todo está allí. Todo. Porque Dinámico es lo que fuimos, pero también lo que seremos. Un día nos volveremos recuerdo. Y después, nada.

 


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Ilustración de Racinguismo Ilustrado.