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Andoni Iraola, el triunfo de la bonhomía

Después de dos temporadas brillantes, el entrenador del Rayo afronta un auténtico desafío en un curso que ha comenzado de una forma inmejorable

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Llegó sin hacer ruido y con una experiencia que tan solo incluía los banquillos de AEK en Chipre y un Mirandés con el que sorprendió a propios y extraños alcanzando las semifinales de la Copa del Rey después de dejar por el camino a tres primeras espadas como Celta de Vigo, Sevilla y Villarreal.

Sin embargo, tan solo han sido necesarios dos años para que Andoni Iraola haya dejado a las claras que es uno de los técnicos con mejor presente y un futuro más ilusionante de nuestro fútbol. Alejado de los focos, poco amigo de las alharacas y sin palmeros que exageran hasta la hipérbole lo que hace, basta con ver un partido del Rayo Vallecano para que a los más incrédulos se les quiten las dudas.

Desde que se confirmara su fichaje el 6 de agosto de 2020, el que fuera excepcional lateral diestro del Athletic Club ha dotado al cuadro de la Avenida de la Albufera de una personalidad muy definida. En una época en la que todos los equipos parecen cortados por el mismo patrón y se pierden en un intento de imitarse los unos a los otros, cuando el miedo provoca que defenderse eclipse a intentar ver la portería contraria, el Rayo Vallecano de Iraola es otra cosa.

Presión asfixiante en la salida de balón rival, esfuerzo generoso de todas las piezas, laterales valientes que habitan en campo contrario, extremos desequilibrantes y transiciones rápidas son algunas de las credenciales de este equipo. Aunque va más allá. Y es que el técnico sabe explotar al máximo los puntos débiles contrarios para sacar beneficio, como sucedió en la jornada inaugural ante el FC Barcelona, cuando los atacantes del cuadro franjirrojo presionaban a Éric García para que fuera el danés Christensen (mucho menos dotado para estos menesteres) el que sacara el balón, se desconectó a Sergio Busquets o el martilleo constante sobre el costado de Jordi Alba a la hora de atacar para generar más peligro debido a las constantes subidas del internacional español. Apenas unos días después, frente al Espanyol, se repetiría la historia para llevarse los tres puntos. Ya son cuatro en dos partidos y unas sensaciones inmejorables.

 

Alejado de los focos, poco amigo de las alharacas y sin palmeros que exageran hasta la hipérbole lo que hace, basta con ver un partido del Rayo para que a los más incrédulos se les quiten las dudas

 

Porque dejar a cero al FC Barcelona en los tres últimos partidos que les han enfrentado, o sumar dos victorias y un empate ante los ‘culés’, es solo la punta del iceberg. El envoltorio del regalo. Hechos que dan portadas. En su primera temporada en el banquillo, Andoni Iraola logró el ascenso a Primera División. En la segunda, logró la salvación después de una primera vuelta en la que el equipo se convirtió en una de las grandes revelaciones. La guinda fueron unas semifinales de Copa del Rey en la que tan solo un tanto de Joaquín sobre la bocina le impidió disputar la prórroga frente al Real Betis. Ahora el objetivo para la campaña 2022-23 sigue siendo el mismo que el curso pasado: la salvación.

Con una inversión mínima en refuerzos y apostando, sobre todo, por jugadores que llegan cedidos o con la carta de libertad, la falta de ambición desde las altas esferas de la entidad son el gran freno para que el Rayo Vallecano haya dado un nuevo paso al frente en sus aspiraciones. Mientras tanto, el técnico ha sido capaz de revalorizar a gran parte de las piezas que ha tenido a sus órdenes (con los casos de Catena, Santi Comesaña, Fran García, Álvaro o Isi Palazón como claros ejemplos).

En tiempos de profetas y palmeros de estilos pretéritos, Andoni Iraola ha sabido navegar por las aguas bravas de un club en el que su presidente actúa por un lado y la dirección deportiva por otro, tal y como ha quedado reflejado en la negociación con Diego Costa. En un Rayo Vallecano que a la vista de la deriva institucional que incluye a filiales y equipo femenino se ha convertido en un auténtico milagro, el de Ursubil es el arquitecto de un equipo que ha ilusionado a un barrio que pese a las dificultades sigue mostrando su fidelidad a unos colores que en dos años serán centenarios. Y si no, que se lo pregunten a los que han tenido que esperar dos días en la calle para lograr un nuevo abono cuyo pago ni siquiera se puede fraccionar.

 


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Fotografía de Getty Images.