Manolo González (Folgoso do Courel, Lugo, 1979) es ‘perico’ desde niño, conoce cada detalle de la cantera blanquiazul y se ha ganado a la afición sudando a gota limpia un ascenso y una permanencia. Nadie como él para explicar (y defender) lo que significa ser del Espanyol.
Fotografía de Xavier Torres-Bacchetta
Aquí en la ciudad deportiva huele a hierba recién cortada. ¿Para alguien que ha sido futbolista es posible estar cerca de un campo y que el primer impulso no sea querer tocar un balón?
Buah, es complicado. No cambio yo jugar por entrenar ni por el forro. Eso es lo mejor de todo, tú. Pero lo más parecido a jugar después de colgar las botas es entrenar, ¿no? Eso sí, pero para mí no hay color. Disfrutas más jugando. Gestionar a 25 tíos… imagínate. Es complicado.
Desde fuera da la sensación de que el entrenador vive esclavizado, las 24 horas del día dándole vueltas a todo.
Es así. A veces, aunque estés en casa tranquilo o viendo otro partido, te pones a analizar. Y después de lo vivido aquí… Estos dos años han sido duros.
¿Ves mucho fútbol? Sin contar el próximo rival del Espanyol.
Veo todo lo que puedo, Primera y Segunda RFEF incluidas. Hoy en día en cualquier categoría encuentras cosas válidas. Jugadas de estrategia, por ejemplo. Estás viendo un partido de Segunda RFEF y cazas una acción de saque de banda que funciona. Y piensas: ‘Hostia, pues esto está de puta madre’.
“Yo ya me consideraba un privilegiado cuando era entrenador de Segunda B”
Queríamos empezar preguntándote por tu pueblo, Folgoso do Courel, castigado por los incendios de este verano en Galicia.
No han afectado al pueblo directamente, pero sí cerca. Toda esa gente que vive del campo, de la agricultura… de un día a otro lo pierden todo y la vida cambia radicalmente. Yo vine a Catalunya con tres años, pero siempre que podía, sobre todo en verano, volvía al pueblo. Cuando era pequeño, iba más a menudo. Ahora, por razones obvias, cuesta más.
Tus orígenes son humildes. Pero no sé si estás un poco hasta las narices de que te recuerden que has sido conductor de autobús.
Si te soy sincero, no lo entiendo muy bien. Es de ser un poco básico. Además, como si fuera el único que ha trabajado… Ya me habría gustado a mí nacer multimillonario y haberme podido dedicar al fútbol toda la vida. No fue así y estoy muy orgulloso. Tampoco entiendo que la gente me relacione únicamente con un tema ‘motivacional’ o de gestión de grupo. No se ganan partidos solo por gestionar un grupo. Aquí hay gente en el cuerpo técnico que trabajamos muchas horas como para concluir que el Espanyol ‘corre mucho’.
View this post on Instagram
Sufriste una grave lesión de jugador, dejaste el fútbol, te pusiste a entrenar, a formarte, lograste objetivos en muchos clubes de Segunda B, pero nunca te acababa de llegar la oportunidad. ¿Pensaste en tirar la toalla?
Nunca. Al final, yo ya me consideraba un privilegiado cuando entrenaba en Segunda B. Vivía del fútbol, de lo que me gustaba, y se lo decía a mi gente: ‘Ojalá me dé la vida y pueda obtener resultados y me vaya bien para seguir trabajando en Segunda B. Si llego más arriba, perfecto’. Y es lo que ha pasado al final. ¿Pero sabéis qué? Que a veces falta formación. ¿Por qué te firman en Segunda B o en Primera RFEF? Porque has quedado arriba. ¡Si a veces un equipo que ha quedado décimo ha hecho un trabajo mejor que el campeón! Nosotros tuvimos suerte en la Peña Deportiva de hacer dos play-off seguidos con un equipo teóricamente para salvarse. Pero a veces la gente analiza, por ejemplo, cuando entrenaba al Ebro, y decían que yo era un entrenador de campo pequeño. ¿De campo pequeño? Si fuimos el mejor equipo de la liga fuera de casa. Ganamos en Villarreal, al Hércules en Alicante, pero la gente te encasillaba. Yo en mi carrera he tenido que hacer de entrenador y de director deportivo a la vez. Tenía que analizar a los futbolistas y luego la gente decía: ‘Hostia, que la Peña firma jugadores que no los conocía nadie o vienen de hacer malos años y allí funcionan’. Bueno, porque igual identificas aquel jugador que se adapta a tu contexto. ¿A quién firmaban los equipos top de Segunda RFEF o Segunda B en su momento? A un entrenador que venía de Segunda A o a otro que había hecho buena temporada con un equipo con cierto potencial. Se trata de trabajar y esperar la oportunidad. No siempre llega, pero si sigues tu camino, te acabará yendo bien, aunque tardes más.
Escuchando tu reflexión, da la sensación de que en España las divisiones son mucho más estancas y es mucho más difícil saltar de categoría a menos que lo hagas tú con un propio ascenso.
Bueno, es una cuestión de cultura. Lo mismo que habéis hablado antes del autobús, pasa con los futbolistas de Primera, Segunda, Primera RFEF, etc. Yo la suerte que tuve aquí fue que el director deportivo me vio trabajar y confió en mí para ascender al equipo. Sin Fran Garagarza, yo no estaría aquí.
“Soy consciente de que tenemos un monstruo al lado, pero ya está, no pasa nada. Nosotros a disfrutar de lo nuestro, lo demás nos debe dar igual”
Pero tú también hiciste una apuesta, ¿no? No sé si llegaste a pensar que cogiendo un filial podías, a lo mejor…
Yo pude fichar por el Hércules antes de firmar por el Espanyol. Pero te soy franco: cuando vine nunca pensé que iba a acabar en el primer equipo. Estaba Luis García, y tenía una gran relación con él. Mi objetivo era que a él le fuese bien. Lo normal es que yo no hubiera llegado al primer equipo ese año. La lógica invitaba a pensar que Ramis [el sustituto de Luis García] hubiera acabado la temporada o que hubiera venido otro entrenador con nombre para ascender al equipo a Primera. No fue así y aquí estamos.
Hablas de oportunidades. Y a veces estas se dan a exjugadores que han sido muy buenos jugadores. ¿Crees que tienen alguna ventaja?
Nunca lo he pensado, la verdad. Yo he seguido mi camino y ya está, pero el tema de los exjugadores… para mí no tiene nada que ver jugar con entrenar, tú puedes haber sido un grandísimo jugador y ser un pésimo entrenador. Y viceversa. ¿Por qué pasa esto que dices? Porque el factor mediático condiciona muchísimo. Cuentan con un crédito que no tiene otra gente. No es su culpa, claro. Es culpa de la sociedad actual. Luego, claro, también ha habido grandes jugadores que han sido grandes entrenadores, como Pep Guardiola, que ha marcado una época.
“La gente no es consciente de lo que es hacer un equipo con cero euros. No bajar fue un milagro”
¿Qué entrenadores te han influido en tu forma de entrenar?
Desde luego Guardiola ha cambiado el fútbol para bien en muchas cosas. Aunque luego está el tema de los imitadores. Y hay gente que ha tratado de imitar a Guardiola sin tener un Xavi, un Iniesta o un Messi. Eso no tiene sentido. Por eso también me he fijado mucho en Unai Emery. Quitando al PSG, nunca ha tenido un equipo para ser campeón pero siempre lo ha mejorado. Al Villarreal de Emery, por ejemplo, daba gusto verlo.
Un técnico que, además, se adapta a muchos registros durante el partido.
A mí es lo que más me gusta. En el año de Segunda, cuando llegué, queríamos ser propositivos, queríamos apretar hombre a hombre, pero luego tratabas de modificar la manera de trabajar y no podías. Entonces, te tienes que adaptar. El año pasado, sobre todo en la segunda vuelta, construimos un equipo de bloque bajo y transición. Y eso nos dio la salvación.
Antes hablábamos de exjugadores. ¿Cómo construyes tú la autoridad en un vestuario sin llamarte Zidane o Guardiola? ¿Cómo compensas el no tener un brillante currículum detrás?
Pues no sé qué decirte, al final yo creo que el jugador detecta si el trabajo que propones tiene sentido y las decisiones que tomas son lógicas. Mi mayor miedo cuando llegué al primer equipo era que la plantilla no creyera en mí. Y eso uno lo ve rápido, no somos tontos. Si ves que un jugador pone caras o dos empiezan a hablar por un lado, dices, vale: ‘Estoy muerto’. Pero tuve la suerte de que me aceptaron muy bien. Me ayudaron muchísimo Cabrera, Puado, Sergi Gómez, sobre todo… Sin el jugador no somos nadie y el que diga lo contrario, miente…



