La derrota tiene un componente adictivo. Por increíble que parezca, el fracaso posee una sensación parecida a la que uno siente cuando vence. De hecho, los acostumbrados a ganar anhelan caer de vez en cuando ya que es ahí cuando vuelve a emerger la motivación por continuar en la senda de la victoria. La derrota, al igual que el triunfo, es un sentimiento que uno hace propio, se identifica con él y por eso mismo le termina cogiendo el gusto, porque por mucho que tenga un componente negativo a esa identidad propia se le termina cogiendo cariño. Al igual que se aprecia al delantero que falla cien goles cantados o al portero que comete un error cada vez que sale de su área, cómo no íbamos a quererlos. De hecho, resulta curioso que cuando estos aciertan sentimos cierto desapego. Ellos están para fallar, no para hacer bien las cosas.

Hacía tiempo que no sentía tanta fascinación por un equipo como la que estoy sintiendo por el Schalke. Estamos ante unos jugadores y cuerpo técnico que no ganan un partido desde el mes de febrero, aquel día derrotaron al Hertha en los penaltis de la Copa. En clave Bundesliga, nos tenemos que ir hasta el 17 de enero para encontrar su último triunfo, vencieron al M’Gladbach. Con una racha así lo normal es que estuvieran pendientes por eludir el descenso, pero su primera vuelta fue tan buena que cosecharon un colchón suficiente a prueba de bombas. Desde que el fútbol ha regresado a nuestras pantallas tras el confinamiento han hecho los siguientes números: cuatro derrotas, un empate, once goles en contra y tan solo dos a favor. Cuando arranca la jornada en la Bundesliga me da igual el juego preciosista del Bayern, los goles de Haaland, las transiciones del RB Leipzig o la joya que es Havertz, yo quiero ver al Schalke.

Tengo sensaciones encontradas al ver sus encuentros. Por una parte deseo que ganen, deseo estar presente durante ese momento histórico, pero por otra parte su derrota es fascinante, es como si quisiera que continuaran a contracorriente. ¿Puede haber amor en un equipo sin gol, con una defensa que hace aguas o con una plantilla escasa de calidad? Os aseguro que sí, existe un amor fraternal. Ese como ese hijo que suspende todas las asignaturas del colegio, por mucho que sea un auténtico desastre debes seguir queriéndole. En la mayoría de casos cuando un equipo está inmerso en una racha tan negativa se pueden llegar a atisbar brotes verdes, señales que nos hacen creer que no todo está perdido y que tienen a qué agarrarse para salir del pozo. Con el Schalke lo he intentando, he pensado soluciones que puedan hacerles ver la luz y la verdad es que no encuentro ninguna. No me lo ponen nada fácil.

Teniendo en cuenta el famoso ‘gafe del comentarista’ supongo que tras escribir este artículo el Schalke vencerá en su próximo encuentro, este tipo de cosas tienen un efecto inmediato. Pero bueno, vete a saber, quizá no ganen ninguno de los cuatro partidos que les quedan para terminar la Bundesliga y se convierten en todo un equipo de culto. Esto es lo bonito del juego, que hasta en las derrotas somos capaces de encontrar un componente para seguir atentos. “Un día de mierda a veces sienta bien”.

 


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