En la Copa del Mundo de Sudáfrica, antes de caer eliminado por España en los octavos de final, el combinado luso estableció una de las diez mayores goleadas de la historia de la competición al superar a Corea del Norte por un incontestable 7-0. Raul Meireles y Tiago Mendes, con un doblete cada uno, Simão Sabrosa, Hugo Almeida, Liédson y Cristiano Ronaldo, que rompió una mala racha de más de dos años sin marcar con la selección de Portugal; anotaron los siete tantos del conjunto que por aquel entonces dirigía Carlos Queiroz, el actual entrenador de Irán.

44 años antes, en el Mundial de Inglaterra’66, los lusos ya habían derrotado al equipo del país asiático por 5-3. En su primera participación en el torneo (y la mejor hasta la fecha, con un meritorio tercer puesto), después de vencer a Hungría (3-1), a Bulgaria (3-0) y a Brasil (3-1), Portugal se cruzó con Corea del Norte en un encuentro en el que Eusébio brilló por encima del resto de futbolistas. La pantera de Mozambique, que un año antes había sido galardonada con el Balón de Oro, remontó el 0-3 inicial con un póquer de goles en apenas 32 minutos. José Augusto anotó el 5-3 definitivo para el equipo luso, que después de ser apeado en semifinales por la anfitriona (1-2) vencería a la URSS en el partido por el tercer puesto (2-1) con otra gran actuación del delantero del Benfica, que acabó el torneo como pichichi con nueve tantos.

Dos años antes de aquel partido contra Corea del Norte, para evitar su más que posible marcha al fútbol italiano, Eusébio había sido declarado “Patrimonio del Estado” por el dictador António de Oliveira Salazar; una distinción que, en un sentido diametralmente opuesto, bien podría otorgársele a Cristiano Ronaldo si es capaz de conducir a Portugal hasta la proeza de conseguir su primer entorchado intercontinental.

 

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