Esta es la historia de un obrero del fútbol. Víctor Mongil (Laguna de Duero, Valladolid; 1992), habiendo ascendido a La Liga y probado el barro de Segunda B, viviendo cómodo en el filial del Levante, un día levantó el teléfono y dijo sí al Dinamo Tbilisi. Xisco, actual entrenador del Watford, le invitó a romper con la rutina, a arriesgar para poder levantar títulos. Sacudiéndose el fango, levantó la liga georgiana –“aquí se lucha por todo”, dice- viajó a la India tres meses antes de la pandemia para ganar la segunda liga de su palmarés, esta con el ATK, y regresó a Georgia para hacerse con su tercera competición nacional y, para celebrar su retorno, también la Supercopa.

India y Georgia. Tres ligas, una Supercopa y una pandemia mundial en apenas un año. ¿Se lo hubiese creído aquel juvenil del Valladolid que hizo debutar Djukic hace casi una década?

Para nada. Yo en ese momento pensaba ‘ya estoy en el equipo de mi ciudad, he llegado a debutar, a ver si ahora puedo hacerme un hueco dentro de la plantilla’. El año que debuté ascendimos a Primera y lo único que tenía en mi cabeza era quedarme y seguir jugando los máximos años posibles en el club de mi tierra. Ya había conseguido jugar en Segunda y era mi siguiente objetivo. Casualidades de la vida, llegué a estar convocado contra el Levante la primera jornada de liga y al cabo de unos años terminé jugando allí. El fútbol te cambia tus ideales a medida que tu carrera avanza. Te va perfilando tus objetivos: lo que crees que puedes conseguir y lo que no.

Económicamente, era ascender o morir.

Mi primera experiencia en el fútbol profesional y lo que vivo son problemas de cobros, la Ley Concursal… Carlos Suárez, el presidente, bajaba al vestuario y nos decía: ‘chicos, para garantizar los cobros hay que ascender, no hay más’. Yo era un crío, pero había gente con familias que mantener, algunos estaban lejos de su país… Era una presión increíble. El equipo sabía que si no lo lográbamos íbamos a estar más cerca. Fue un año espectacular a nivel futbolístico y de grupo humano. Por suerte, se consiguió.

Coincidiste con Koke, Muniain, Saúl, Isco o Morata en categorías inferiores de la selección, pero vuestros destinos han sido muy distintos.

Me ha tocado vivir este otro camino. La suerte en el fútbol se encuentra con trabajo, trabajo y trabajo. He tenido vaivenes, he tocado el barro en Segunda B. Y he tenido que seguir porque esto es lo que mejor sé hacer. Malo no debo ser si he podido ir cuatro años seguidos convocado con la selección, entre todos los chicos que hay. Es lo que me ha dado vida y me ha motivado para seguir. Ahora estoy viviendo otras experiencias como la de jugar previas de Champions y ganar títulos, vivir lejos de casa, hablar otro idioma… Si me ha tocado vivir esto es por algo. Siento envidia sana por ellos, mantenemos la amistad y verles triunfar en tu país siempre es algo que me hubiese gustado a mí. Pero al final el fútbol te pone donde quiere. Y gracias al fútbol he podido vivir experiencias increíbles. Nunca hubiese imaginado levantar copas.

Tras debutar profesionalmente, apenas has estado dos años en ningún club. Valladolid, Atlético B, Alcoyano, Mérida, Pontevedra y Atlético Levante: eres un trotamundos del fútbol.

Voy allá donde noto el cariño y siento que el proyecto va acorde con mis objetivos y me genera ilusión. Llegué al Alcoyano y había proyecto para ascender, pero cuando el equipo empezó a cojear surgió una oportunidad en Mérida. Una de todo o nada, y lo rozamos. Es la realidad de la Segunda B. El 80% de los clubes quieren ascender, pero es una competición muy dura. Tenía muy claro que para volver a tocar el fútbol profesional tenía que, o bien jugar todo a un altísimo nivel, o  bien ascender con mi club. El problema que he tenido es que he podido vivir lo que es el fútbol en Segunda. Si no lo tocas, siempre te queda la incertidumbre, pero cuando lo vives y ves lo precioso que es a esos niveles, estás deseando regresar lo antes posible.

Antes de Alcoi, se torció el fichaje por el Paços de Ferreira. ¿Cuánto hubiese cambiado tu carrera?

Hubiese cambiado totalmente. Lo sentía. El Atlético me ofrecía una renovación irrechazable -marchar libre si ascendíamos, salario…-, cualquier otro hubiera firmado. El Paços me ofrecía tres años en primera división: significaba entrar en la rueda del fútbol profesional. Luego, ya volvería a depender de mí. Pero el Valladolid seguía en Ley Concursal y reclamó mis derechos de formación. El Paços no quería pagar nada, tampoco pidió dinero el Atlético. Aunque ya había hecho pretemporada, me tocó salir de Portugal a las seis de la mañana, tapado con chaquetas, con periodistas esperándome en una rotonda donde me fotografiaron… Salía a doble página [ríe].

Kolkata y Tbilisi, ¿se vive distinto fútbol?

A nivel táctico, España es prácticamente incomparable. Desde pequeño trabajas la colocación, la disciplina, el orden… Es de lo que se carece. Talento hay en cualquier lado, pero estar por debajo a nivel táctico significa competir peor. En Georgia viven el fútbol de forma algo reservada, pero cuando te acercas a los títulos, notas a la afición. En cambio, en la India el fútbol significa absolutamente todo. Estuve durante tres meses intensos y ganamos la liga, con los seguidores entregados. Es un país acogedor, te transmiten cariño constantemente… Es una pasada.

Hace unos días, Hernán Santana explicó a Panenka que en la India te sientes valorado.

Llegas y parece que estás jugando en el Barça o el Madrid. Un chófer nos recogía en el hotel y nos llevaba al campo de entrenamiento. Y los aficionados, que ya sabían qué coche era, hacían cola y te tocaban, te pedían fotos… Hasta me pidieron que les firmase el brazo. Pasaba en cada entreno, fue una experiencia brutal.

Aceptaste dos llamadas de Xisco para jugar en el Dinamo Tbilisi.

La primera vez, me lo propuso cuando vivía una situación muy cómoda en el Levante: era capitán, lo jugaba todo y me sentía súper importante para el club a nivel de cantera. Xisco me lo puso muy fácil. Me dijo que tenía que arriesgar, que aquí se iban a empezar a ganar títulos. No era jugar para un equipo de tu país de media tabla o que lucha por la permanencia. Era venir al club más importante del país y luchar por trofeos y por entrar en Europa.

La selección española visita Georgia, ¿qué futuro le auguras?

Mi deseo es que España gane siempre. Con el paso de los años, mi generación va haciéndose cada vez más importante. Y es un orgullo que a amigos y excompañeros les vaya tan bien, haber compartido con ellos un trozo de sus brillantes carreras. España siempre está entre las favoritas porque hace tiempo dejó de jugar con miedo a perder.

¿Y a Victor Mongil?

Aquí estoy feliz. Tuve dudas en seguir porque el club quería reestructurar la plantilla y apostar por la academia. Hay la tradición de vender a las promesas. Estoy aquí porque quiero ganar cosas y no sabía si el equipo iba a dar la talla. Los que llevamos más años en el club mostramos nuestra jerarquía y experiencia para demostrar que somos el Dinamo Tbilisi y que lo que queremos es ganar.

 


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