La probabilidad. Este concepto que ha servido para explicar tantas situaciones que nos ocurren en nuestro día a día y para conocer hasta qué punto un hecho puede llegar a producirse. Y que, a la vez, ha demostrado que no siempre todo sale como esperamos. Porque si no qué gracia tendría, por ejemplo, competir. Si ya supiéramos desde el inicio que el mejor equipo va a ganar, no serviría de nada esforzarse. Pero así es la vida y el deporte, nada está escrito. Eso mismo debió pensar la selección noruega de fútbol femenino en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.

Pero recapitulemos un poco. El fútbol femenino competitivo no surgió en Europa hasta 1984, cuando la UEFA decidió crear la Competición Europea de Fútbol Femenino. Anteriormente, en 1969 y 1979 se habían disputado dos torneos en Italia, pero no fueron considerados oficiales por el organismo ya que no cumplían con los requisitos. Pero en Escandinavia se vivía una realidad diferente a la del resto, desde 1974 se jugaba el Campeonato Nórdico, un torneo corto con, inicialmente, tres selecciones (Suecia, Dinamarca y Finlandia) que servía para decidir el mejor equipo norteño. No fue hasta 1978 cuando la selección femenina de Noruega disputó su primer partido a nivel profesional, contra las vecinas suecas, en Kolding, Dinamarca. El partido terminó con derrota, pero algo especial acababa de nacer en tierras noruegas.

 

El fútbol femenino competitivo no surgió en Europa hasta 1984, cuando se creó la Competición Europea de Fútbol Femenino. Pero en Escandinavia se vivía una realidad diferente

 

A partir de ese momento, el fútbol femenino y la selección noruega crecieron de la mano. Y quedó demostrado en la Eurocopa de 1987, la segunda que se disputaba y la primera a la que Noruega se clasificaba. En el torneo integrado por cuatro equipos, las escandinavas ganaron a Italia en semifinales y superaron a Suecia en la final. Ese triunfo hizo que la selección de fútbol se convirtiera en el primer equipo noruego en ganar un título, once años antes de la victoria del handball femenino. Y nueve años después de su primer partido oficial, toda una proeza. Noruega se estaba convirtiendo en una gigante del fútbol femenino y así lo demostró llegando a las dos siguientes finales de la Eurocopa y clasificándose por primera vez por la Copa Mundial. Even Pellerud guiaba al equipo desde el banquillo y Linda Medalen y Hege Riise ponían la magia en el campo. En ese Mundial de 1991, disputado en China, llegó el primer enfrentamiento que a la postre se convertiría en todo un clásico entre selecciones nacionales: el Estados Unidos-Noruega.

Duelo de contrastes y estilos

Ese primer encuentro lo ganaron las estadounidenses por solo un gol, pero el empuje sirvió a las escandinavas para ganar la Eurocopa del 93. Pero la revancha no tuvo que esperar demasiado. Fue en el Mundial de 1995 disputado en Suecia, competición que se convirtió en patrimonio deportivo para todo un país como Noruega. Después de superar las rondas previas con facilidad, las nórdicas y las estadounidenses se encontraron de nuevo en la semifinal. Las norteamericanas no pudieron revertir un tempranero gol de Ann Aarønes, más conocida como ‘Anka’ y también por jugar con una cinta blanca en la cabeza, y Noruega se plantó en su primera final mundialista, en la que superó a Alemania y se coronó como campeona del mundo.

 

En el Mundial de 1991, disputado en China, llegó el primer enfrentamiento entre Estados Unidos y Noruega, que a la postre se convertiría en todo un clásico

 

Pero lejos de rendirse, los Estados Unidos se colgaron el oro en los Juegos de Atlanta 96, los primeros con competición de fútbol femenino, batiendo, otra vez, a Noruega por un solo gol en semifinales, y recuperaron el trono mundial en la Copa del Mundo del 99. Todos estos duelos entre noruegas y estadounidenses evidenciaron un contraste de estilos y maneras de entender el fútbol. Mientras los Estados Unidos prefirieron apostar por un fútbol de ataque y centrado en la figura individual de Mia Hamm, las nórdicas apostaron por un juego colectivo donde el grupo importaba más que el individuo.

Oro puro

Llegaba el cambio de siglo pero la rivalidad europea-estadounidense no cesaba y se acercaban los Juegos de Sydney. Noruega no figuraba entre las favoritas al oro, en cambio EEUU sí. Y así lo demostraron en la fase de grupos con una victoria contra sus grandes rivales. El torneo no empezaba bien para Noruega. Pero lejos de echarlo todo a perder, las nórdicas sacaron su carácter de equipo y lucharon para llegar a la tan deseada final olímpica. Después de una sufrida semifinal contra Alemania donde las germanas apretaron durante todo el partido, gracias a un gol en propia puerta de la mítica Tina Wunderlich, Noruega se plantaba en su primera final. Allí, como no podía ser de otra manera, la esperaban las estadounidenses.

El seleccionador noruego, Per-Mathias Høgmo ,preparó un plan que casi se va por la borda con el gol inicial de los Estados Unidos, pero Noruega se sobrepuso y le dio la vuelta al marcador por medio de Gro Espeseth y Ragnhild Gulbrandsen, con mención especial a la actuación de la portera Bente Nordby. Pero cuando ya parecía que Noruega se llevaría la medalla de oro, las estadounidenses sacaron su orgullo de campeonas y empataron el partido en el tiempo añadido. La defensora y goleadora en aquel día, Gro Espeseth, contó a posteriori lo que pensó después de ese gol en el último minuto: “Me enojé. Me dije: ‘No, vamos a ganar. No queremos que vuelvan a hacer esto’. Era nuestro turno. No íbamos a perder”. A los pensamientos de Espeseth se encomendaron sus compañeras. A los doce minutos de la prórroga, Hege Riise puso un balón al área que, después de un rebote, cayó a los pies de Dagny Mellgren, que con una delicadeza quirúrgica lo mandó al fondo de la red. Noruega campeona gracias al gol de oro. Un gol de oro que valía una medalla de oro.

 

A los doce minutos de la prórroga, Hege Riise puso un balón al área que, después de un rebote, cayó a los pies de Dagny Mellgren, que lo mandó al fondo de la red. Un gol de oro que valía una medalla de oro

 

¿Cuál debía ser la probabilidad de que Noruega ganara el oro olímpico en casa de las anfitrionas y campeonas del mundo? Seguramente muy baja. ¿Y que las nórdicas, después de tocar el cielo, empezaran un declive que aún persiste? Pues probablemente aún más baja si cabe. La realidad es que las escandinavas viven, desde hace años, una mala época. Después del oro en Atlanta, el seleccionador Høgmo dio un paso al costado y Åge Steen se hizo cargo del equipo. Un equipo que no levantaría cabeza. Desde el 2000 sólo han llegado a una semifinal de la Copa del Mundo en 2007 y en este último año han sufrido la derrota más grande de la historia de la selección, un 7-0 contra Países Bajos. Porque a veces la probabilidad nos ayuda a entender y explicar situaciones de la vida y el deporte, pero no siempre se cumple lo que es más probable.

 


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