Sergio González (Hospitalet de Llobregat, 1976) ha regresado a la elite de fútbol a una velocidad supersónica. Después de más de dos años alejado de los banquillos, el técnico catalán recondujo en solo ocho jornadas el camino de un Real Valladolid que deambulaba por media tabla en Segunda División hasta llevarlo al ascenso. Tras superar al Sporting y al Numancia en el play-off que le abría las puertas a Primera, su misión continúa ahora con un nuevo jefe a los mandos del conjunto pucelano, Ronaldo, de quien el entrenador solo habla maravillas. Sergio González atiende a la llamada de Panenka para conversar sobre los primeros meses de vuelta en Primera, una afición y una ciudad que se han reenganchado al equipo y un proyecto que quiere asentarse en la cima del fútbol español.


 

En menos de medio año pasaste de no tener equipo a entrenar al Valladolid. De la undécima posición lo condujiste a la quinta. De Segunda a Primera. ¿Has tenido tiempo para pararte a pensar en todo lo logrado?

El fútbol es muy vertiginoso. Tanto para lo bueno como para lo menos bueno. Es verdad que llevaba mucho tiempo parado, que después de la experiencia en el Espanyol, que creo que fue muy positiva, pensábamos que no íbamos a estar tanto tiempo sin encontrar equipo. Parecía que no salían situaciones para poder contar con nosotros. También tuve la oportunidad de cambiar de agente, ahora estoy con Antonio López, y eso también es importante en la búsqueda de equipos. Y de esta manera apareció una primera reunión con el Valladolid, con Miguel Ángel Gómez, que fue muy buena. Vimos que realmente había feeling, que entendíamos el fútbol de una manera similar. Él veía la ilusión que teníamos de coger un nuevo proyecto, de volver otra vez al verde, y en él vimos también una persona adecuada para desarrollar nuestra idea futbolística.

¿Ha sido tan fácil la adaptación al Valladolid como has hecho que parezca?

Sí, sí. Hice una metáfora hace tiempo: es como cuando encuentras al amor de tu vida. Al final, no sabes cómo, pero hay conexión, hay química, hay feeling. Así nos sentimos al llegar aquí. A priori por ser los elegidos, porque Miguel Ángel [Gómez] apostaba por nosotros, con Carlos Suárez también al frente, y luego porque los futbolistas vieron en nosotros a las personas indicadas para poder guiarles, darles los cuatro consejos importantes para que luego ellos en el campo lo ejecutaran de la manera que lo hicieron. Fue bestial, el equipo creció de una manera asombrosa y el curso pasado acabó como un martillo. Al final, todos tenemos que ir de la mano, somos un equipo y como tal funcionamos. Hay cosas que no se pueden explicar con palabras, sino que suceden. Y en este caso, esa química rápida surgió y estamos contentos de que haya sido así.

¿Cómo convive un hombre de fútbol con la inactividad?

El primer año te lo tomas un poco para hacer tu evaluación de las cosas buenas y las menos buenas, de dónde has acertado y dónde no. Al final, cuando estás inactivo, es como un trabajo. Es importante reflexionar y poner todos los puntos claros: lo que has hecho bien, lo que has hecho menos bien, qué hubieras hecho en esta situación si te aparece ahora, si en esta decisión acertaste… Hay que hacer un balance, como lo hacen todas las empresas. A partir de ahí, estar pendiente de todos los partidos que se juegan tanto en Primera como en Segunda División, porque no sabes qué equipo te puede fichar. El trabajo es descomunal, tienes que ver incluso más partidos que cuando eres entrenador. Tienes que estar a la última por si te llaman.

¿Cuál fue tu rutina durante esos más de dos años entre el banquillo de Cornellà y el del Zorrilla?

El primer año estuvimos más centrados en la Primera División, todo más tranquilo. Pero el segundo año, cuando ves que no acaba de salirte ninguna oportunidad, que nadie está pensando en ti, es verdad que llegas incluso a frustrarte, porque con los números que habíamos hecho en el Espanyol pensábamos que íbamos a tener opciones más inmediatas. No hay que dejar de trabajar, darte visibilidad, que vean que tienes ganas y que estás por la faena.

Volviendo al pasado, ya perfectamente acoplado e instalado en Valladolid, mirándolo con perspectiva, ¿qué falló para que tu etapa en el Espanyol no fuera la ideal?

A nivel general, no cambiaría nada. Todo lo que hicimos fue en beneficio del club. Estuvimos por encima de los objetivos marcados y por circunstancias del fútbol pasó lo que pasó; pero a nivel deportivo, de clasificación, de argumentos, de contar con la cantera, de ventas, superamos los objetivos. Yo me quedo siempre con lo positivo y creo que hicimos muchas cosas muy bien.

¿Se valoró el trabajo que hicisteis?

Yo no tengo que atizar a nadie, tengo que agradecer al Espanyol la oportunidad que me dio. Tenía un bagaje corto como entrenador, había estado con Manolo Márquez en el filial, luego estuve de primer entrenador y me salieron bien las cosas. Me tengo que quedar con eso. Es un club al que le tengo muchísimo cariño, que forma parte de mi vida, donde he tenido la suerte de estar como entrenador y como jugador. Pero sí quiero dejar bien claro que los objetivos que estábamos consiguiendo estaban por encima de los marcados y que a nivel deportivo el club estaba en una situación muy tranquila.

 


La etapa de Sergio González al frente del Espanyol arrancó en el verano de 2014. Después de un breve paso por el banquillo del filial, al también exjugador blanquiazul le llegó la oportunidad de liderar un nuevo proyecto en Cornellà-El Prat tras dos campañas en las que el conjunto barcelonés, con Javier Aguirre como técnico, pasó de puntillas por la Liga situándose decimotercero y decimocuarto, respectivamente. Con Sergio González, el equipo acabó décimo en Liga en su primer año y consiguió llegar a las semifinales de la Copa del Rey, pasando por encima de Alavés, Valencia y Sevilla, para caer finalmente ante el Athletic de Bilbao. En su segunda temporada, tras disputarse 15 jornadas, la directiva perica le destituyó cuando el equipo marchaba decimosegundo, una posición por encima de la que finalmente quedó el Espanyol al acabar la temporada. “El primer año fue fenomenal, en el segundo hubo más desgaste, situaciones en que discutimos, no teníamos la misma idea. Pero siendo del Espanyol las formas dejaron mucho que desear”, reconoció el técnico después del despido, en una entrevista para El Club de la Mitjanit.


 

¿Qué cambió en el Valladolid para, de la noche a la mañana, convertirse de un equipo de media tabla en Segunda a uno que entró por la puerta grande en los play-offs?

No te podría decir qué cambió porque sería meterme en el trabajo del anterior entrenador y no estamos para eso. Nosotros veníamos con una idea muy clara: ser competitivos, encajar pocos goles y ser un equipo fuerte defensivamente, porque sabíamos que argumentos ofensivos los teníamos y de sobras. Teníamos al pichichi de la categoría [Jaime Mata] y a gente que desde segunda línea podía meter muchísimos goles. Nos dimos cuenta de que el equipo estaba recibiendo muchos goles, entonces, a partir de ahí, retocamos un poquito la línea defensiva, sobre todo como bloque, y luego los centrales y los laterales. En ese aspecto, intentamos que los centrales estuvieran más protegidos, que no estuvieran tan expuestos, que no hicieran tantos metros, que no tuvieran que salir tanto a líneas laterales, que si un lateral subía el otro se quedara; dar un poco de equilibrio para que el que tuviera la pelota tuviera la capacidad y la tranquilidad de poder atacar sabiendo que si no le salía bien la acción, el equipo la iba a arreglar seguro en la faceta defensiva. El equipo entendió que era la mejor manera para conseguir buenos resultados y la ejecutaron a la perfección. Al final, lo importante es que asimilen bien las consignas que tú les des y, sobre todo, que crean en ellas.

¿Imaginabas todo lo que se ha dado tras tu llegada?

¡Qué va! Yo siempre he comentado que nosotros vinimos aquí con muchas más cosas a ganar que a perder. Porque es verdad que el Real Valladolid es una entidad con una trayectoria importante, y nuestra idea era volver a meternos en la rueda. Intentar ganar el máximo de partidos posibles para que vieran que habíamos hecho bien las cosas y para que contaran con nosotros para la temporada siguiente. El primer objetivo era meternos en play-off, porque significaba que nos renovaban y nos daban su confianza para el siguiente año. Y luego, poco a poco, es como todo en la vida, ves que vas alcanzando mini objetivos y una vez estando ahí, te dices: ‘¿por qué no vamos a poder pelear por ascender?’. Cuando conseguimos el objetivo estábamos súper ilusionados pero luego entendimos que no podíamos desaprovechar ese momento. Los futbolistas se dieron cuenta, vieron que era una oportunidad única, que había costado mucho llegar hasta ahí, ¿por qué ahora íbamos a dejarnos llevar? Vieron que era una posibilidad importante para todos y tuvimos la suerte de aprovecharla.

Por lo que comporta a la exigencia de aficionados, prensa pucelana y el entorno en general, pese a ser el Valladolid un histórico de la Liga, ¿crees que el hecho de no haber jugado en Primera en los últimos cuatro años ha hecho que se sea más paciente con el equipo?

Nosotros no invertimos el tiempo en pensar qué puede pasar o por qué puede pasar algo relacionado con la prensa. Invertimos el tiempo en hacer las cosas bien, en trabajar bien, en crear un grupo fuerte, y en que el aficionado del Real Valladolid esté ilusionado y que tenga un sentimiento de pertenencia con el equipo. El año pasado, creo recordar que en los últimos tres partidos hubo un lleno absoluto. Cuando nosotros llegamos aquí, venían 9.000 o 10.000 personas al campo. Los futbolistas engancharon a toda una ciudad y eso hizo que la afición se despertara, que quisiera ver a su equipo. Lo conseguimos el año pasado con llenos históricos y en momentos importantes donde su aliento nos ayudó todavía más a ser ese equipo que fuimos. Y a partir de ahí, la gente no se ha desenganchado porque los futbolistas siguen ofreciendo un rendimiento máximo. Juegan cada partido dejándose la vida, ya no solo compitiendo sino que también jugando al fútbol. Con balón somos un equipo que hace bien las cosas y que compite en cada partido, y eso hace que la gente esté con nosotros. Luego, si ganas, pues es sensacional, pero la gente lo que quiere es ver un equipo entregado, con alma, que en el campo pelea por ellos.

Les habéis dado motivos para reengancharse al Zorrilla.

Sí, los jugadores lo han conseguido de una forma muy rápida. Hay una afición que siempre está ahí y el resto de aficionados dependen mucho de que el equipo les llame la atención para venir al campo. Los jugadores han conseguido que esa afición que necesita que les toquen la puerta para reengancharse a nosotros, lo hagan. El año pasado hubo recibimientos espectaculares, se te ponía la piel de gallina. Recuerdo, por ejemplo, el día de Osasuna en la última jornada de la liga regular. Eran recibimientos de equipo grande que hicieron que los jugadores se dieran cuenta de la importancia que tenía lo que habían hecho. La gente se ha reactivado. Hay que tener en cuenta que el Valladolid este año tiene 20.000 abonados, que hace tiempo que no los tenía, y Carlos [Suárez] tuvo que pararlo, porque si no hubieran sido algunos más, seguro.

Al llegar a Primera, justo al arrancar el curso, se confirmó la compra de la entidad por parte de Ronaldo. ¿Qué ha aportado al club en estos primeros meses?

Yo lo divido en tres puntos. Uno es el institucional. Al Real Valladolid, como institución, como club, la llegada de Ronaldo le da un protagonismo y una repercusión espectaculares y una visibilidad notoria. Va a hacer que el Real Valladolid esté en sitios que eran inimaginables. A nivel de los futbolistas, creo que es una inyección de moral superlativa. Ellos ven que una figura, un fenómeno, un mito del fútbol está a su lado en el día a día, les aconseja, les corrige, les apoya, les pregunta. Y eso para un futbolista es muy importante. El hecho que una persona de la relevancia de Ronaldo, con todo lo que ha conseguido, esté tan cercano a ti, tan próximo, hace que tú tengas esa motivación extra de querer hacer bien las cosas. Y a nivel de cuerpo técnico lo que ha aportado es una tranquilidad contundente. Cuando llega un propietario nuevo, muchas veces viene con ideas nuevas, y lo primero que hizo fue reafirmar la confianza en el cuerpo técnico. Vino y nos renovó, y eso en el mundo del fútbol es casi impensable. Ese apoyo, ese espaldarazo, fue brutal sabiendo cómo es el fútbol.

Una relación magnífica, entonces.

Sí, él es una persona muy cercana, que interactúa con los futbolistas y con nosotros. Siempre da su opinión, nunca imponiendo. Y, claro, que te dé una opinión o un consejo Ronaldo vale más que cuatro entrenamientos o cualquier lección táctica [Risas].

¿Y la ciudad qué beneficios ha sacado?

El impacto en visibilidad, en recursos, en potencial. Ronaldo es una figura tan, tan importante que vincularla al Real Valladolid hace que la ciudad esté en boca de muchísima gente. Ha hecho que tanto el club como la ciudad vuelvan a estar en el escaparate.

Cerrasteis la primera vuelta con 22 puntos y en decimocuarta posición. ¿Satisfecho?

Muy, muy, muy satisfecho. Nuestro objetivo en mayúsculas es la permanencia, aunque es verdad que en fases de la primera vuelta el equipo ha sumado tantos puntos que quizá pudiera llevarnos a pensar en otras situaciones. Hemos conseguido el primer mini objetivo que es llegar al final de la primera vuelta fuera del descenso. Entonces, la nota es notable, sobresaliente. Está claro que somos novatos aún en la categoría, creo que hemos quemado etapas de una manera muy rápida, que hemos hecho partidos muy buenos, y también algunos menos buenos, pero en el cómputo general nos faltarían cuatro, cinco puntos que nos hemos merecido por lo que hemos hecho en el verde.

Solo habéis perdido por más de un gol en el Bernabéu y en casa contra el Leganés. Eso dice mucho del espíritu competitivo de tus jugadores.

Es nuestro ADN, nuestra seña de identidad, el hecho de competir cada partido. Cada punto es muy difícil de ganarlo, hay que sudar mucho. Cada partido es una oportunidad que no puedes desaprovechar. Incluso en los partidos contra el Rayo y el Leganés en casa, que quizá son los menos buenos de los que llevamos de liga, también competimos. Estuvimos cerca de poder empatar o incluso de ganar. No ha habido partido en el que el rival haya generado muchas más situaciones que nosotros. A nivel de juego, de goles, de ocasiones manifiestas hemos estado siempre iguales o por encima del rival aunque hayamos empatado o perdido. Sí que es verdad que en el partido contra el Valencia fue un poquito más desigual. Lo dije en la rueda de prensa, fue quizá el punto menos merecido de los 22 que llevamos. Pero también es cierto que ha habido otras situaciones en las deberíamos tener ese punto, como por ejemplo en el día contra el Atlético de Madrid o en el Bernabéu. Al final, el fútbol te equilibra situaciones.

Toni Villa, Nacho Martínez, Alcaraz, Calero o Masip son futbolistas con poco o nulo bagaje en Primera y desde el primer día han respondido con solvencia.

Es todo mérito de ellos. Saben que tienen delante una oportunidad muy importante y no quieren desaprovecharla. Y a partir de ese ánimo, de esa intensidad e intención, luego tienen condiciones para desarrollar un buen fútbol. Saben que lo más importante de este equipo es el grupo, no hay nadie que destaque por encima del resto. Yo necesito al de al lado, el de al lado  me necesita a mí, al de adelante, al de atrás. Son humildes, les ha llegado la oportunidad de su vida y se van a agarrar a ella con todo. Se han adaptado rápido a Primera, pero tienen que seguir creciendo porque esto es fútbol de élite y no puedes parar.

 

“En el mundo del fútbol no queda otra que repetir, repetir, repetir, ya sea en el campo o a través de los medios audiovisuales”

 

¿Cuál es el camino a seguir para continuar en esta línea, sin pisar los tres últimos puestos?

El mismo que estamos haciendo hasta el día de hoy. Es verdad que este año parece que la Liga va a ser mucho más difícil, hay muchos equipos muy juntos y da la sensación que la salvación va a ser más cara. Pero nosotros no tenemos que hacer nada más que mirar más allá del próximo partido. Buscamos en cada partido los tres puntos, sabemos que si no son tres tenemos que pelear por ese punto porque es lo que nos va a dar vida y nos va a seguir alimentando. El trabajo, la idea y el espíritu tienen que ser los mismos que nos han llevado a estar ahora fuera de los puestos de descenso; seguir siendo ese bloque defensivo, teniendo esa humildad, corriendo, trabajando mucho. Ser igual que el rival sin el balón para después con el balón marcar la diferencia.

¿Cuál es tu mayor temor para la segunda vuelta?

En el fútbol no puedes temer a nada. Sí que es verdad que al principio fuimos una sorpresa, los contrarios, no es que se relajaran, pero sí que quizá pensaban que podrían ganarnos un poco más fácil. Ahora ya nos estudian más, saben de nuestras condiciones, a los futbolistas que eran más anónimos ya les conocen y pueden preparar mejor cómo contrarrestarlos. Debemos potenciar lo que nos ha hecho llegar hasta aquí, lo que nos ha hecho estar fuera del descenso y meter alternativas para que, en ese momento en que el contrario ya nos haya detectado nuestras fortalezas, sacar ese recurso para poder volver a desplegar un buen fútbol y tener la capacidad de ganar el partido. Además, el equipo siempre me ha demostrado ese saber estar, ese afán por querer superarse, por querer aprovechar el momento que se está viviendo. Temor, ninguno; responsabilidad y ganas, muchas.

¿Qué puntos crees que deberíais mejorar de cara a la segunda vuelta? ¿La faceta ofensiva, quizá?

El tema de los goles es complicado. Nosotros tenemos que generar las situaciones posibles para que pueda haber una finalización o una ocasión manifiesta de gol. Y en ese aspecto, como decía antes, siempre hemos generado los mismos o más chutes que el rival para poder meter gol. A partir de ahí, el acierto. Trabajar en los entrenamientos, trabajar la definición, insistir, persistir. Lo que no podemos decir es: ‘como no metemos goles, venga, vamos a jugar mucho más adelantados, vamos a intentar que estemos todos en situación de gol’. No, porque sería equivocarnos. Nosotros tenemos que seguir manteniendo nuestra base y poco a poco meter las variantes o ser un poco más atrevidos en la parcela ofensiva, pero sin olvidarnos de la defensiva. El primer plato es la faceta defensiva y después el segundo plato está claro que es intentar generar más situaciones y tener más propuestas para que haya más oportunidades de gol.

¿Cómo puedes tú, desde el banquillo, pulir esos detalles que aún necesita mejorar el equipo?

No hay otra que con trabajo. Con vídeos, porque la situación óptica es la que el futbolista realmente ve. Muchas veces acaba el partido y tiene una apreciación, y con el vídeo ve que hay otra distinta. Hay que intentar mejorar todas las situaciones posibles, que no se relajen y crean que ya está todo hecho, sino que aún quedan muchas cosas bonitas por hacer. Luego, con trabajo individual: a nivel de líneas, a nivel de definición, ejercicios específicos… En el mundo del fútbol no queda otra que repetir, repetir, repetir, ya sea en el campo o a través de los medios audiovisuales.

Por el otro lado, ¿qué nota positiva sacas de estos primeros seis meses en el retorno a Primera?

Destaco la forma en la que nos recibieron, los jugadores confiaron en nosotros para guiarles y ver cuál sería el plan a desarrollar. Eso es vital. Que un futbolista confíe y crea en lo que su entrenador le dice es lo más importante porque luego son ellos los que tienen que ejecutarlo dentro de las directrices que le marca el cuerpo técnico, pero a su manera, con el desparpajo de poder hacer individualmente lo que crean para poder sumar. Sin eso no hay nada, no hay nexo, no hay unión.

 

“No somos conscientes de la importancia que tendría que este año consiguiéramos la salvación”

 

Pasasteis de un buena dinámica a inicios de la Liga a una mala racha alargada de resultados. ¿Es difícil encontrar equilibrio y estabilidad mental y de juego en una liga tan competitiva?

Es difícil no solo en el fútbol, sino en todos los ámbitos de la vida. Es lo que se dice siempre, un tópico que también es una realidad, ni cuando te salen bien las cosas te tienes que crecer ni cuando no te acaban de salir te tienes que hundir. Ese equilibrio es lo ideal. ¿Cómo buscarlo? Con el apoyo del grupo. Al final, el grupo es el que tiene que hacer ese equilibrio porque en una semana que un futbolista esté más bajo de moral que otros, esos tienen que tirar de él, la semana siguiente puede ser que me toque a mí o la siguiente si el míster está de bajón pues está el segundo míster para echarle una mano y ponerle las pilas. Es una retroalimentación entre todos.

Estando en enero, en el mercado de fichajes, la pregunta es obligada. ¿Esperáis algún refuerzo para el segundo tramo de la temporada?

Está claro que los entrenadores no podemos cerrarnos las puertas a que venga alguien a mejorar lo que ya tienes. Y en este caso, ahora que se abre una ventana importante, en la dirección deportiva, tanto Carlos [Suárez] como Ronaldo y Miguel Ángel [Gómez] saben los puestos que nos gustaría potenciar y, a partir de ahí, ellos son los que tienen que trabajar. Nosotros tenemos la suerte de tener una buena comunicación en el día a día y no hace falta que hagamos una reunión aposta, sino que ellos ya son conscientes de lo que nos vendría bien de cara a la segunda vuelta.

¿Dónde necesitaríais esos refuerzos?

Sobre todo en la parcela ofensiva [ndr: tras la entrevista, el Valladolid confirmó la llegada de Pablo Hervías y Sergi Guardiola]. La posición del punta sería importante reforzarla y luego todo lo que pudiera venir en el ataque sería ideal. El equipo ha demostrado que en el aspecto defensivo tiene una nota muy alta y en el ofensivo quizá no llega a esa nota tan alta que querríamos.

Quizá se echan de menos los goles de Mata.

[Risas] No solo los goles, a él se le echa mucho de menos como persona. Para nosotros fue una suerte poder coincidir con él. Toda la capacidad humana que tiene está por encima de la capacidad que demostró en el campo siendo el pichichi. Cómo se dejó la piel hasta el último momento porque el Real Valladolid subiera a Primera División, por sus compañeros, por el cuerpo técnico, aún sabiendo que este año jugaría en otro equipo, es digno de alabar y de admirar. Como persona es un diez y estoy muy contento de haberle tenido como jugador y espero que le sigan yendo las cosas muy bien. 

Siendo 2018 un año inolvidable, ¿con qué ilusiones encaras 2019?

Con la ilusión de la permanencia. Creo que sería un golpe muy fuerte encima de la mesa. Le daría un salto de calidad a la institución y al grupo incalculable. No somos conscientes de la importancia que tendría que este año consiguiéramos la salvación. Sería, realmente, fuah, brutal.