Jon Ander Serantes (Barakaldo, 1989) se instaló en la portería de Butarque hace cinco años. Desde que dejara atrás tierras vascas para alcanzar la élite, Leganés -ciudad y club- le han hecho sentirse un miembro más de la familia. Fue una de las piedras angulares para que hoy los pepineros disfruten del fútbol al más alto nivel, pero en el deporte, como en la vida, hay obstáculos que son difíciles de superar. Ahora, no pasa por su mejor momento. Una lesión en la rodilla se juntó con otra en el hombro que le llevaron a estar 539 días apartado del césped. Y la llegada de Mauricio Pellegrino le ha relegado a ver los partidos lejos de los tres palos, donde volvió a situarse en el Euskadi-Venezuela, en un encuentro disputado en Mendizorroza que, más allá de ser un mero amistoso, no se trató de un día más en la oficina para Serantes. “Fue algo muy importante para mí”, resume. Estar bajo palos, ponerse los guantes, blocar un disparo, organizar la defensa, salvar un balón que ya esperaba la red… El guardameta del Leganés quiere volver a sentir todo eso en el lugar donde siempre quiso estar, en la portería.


 

¿Por qué la portería?

A mí siempre me ha gustado. De niño, en casa de mi abuela, siempre me ponía de portero, pero la verdad es que empecé de jugador. Jugaba a fútbol-5, no teníamos portero y dije: “Esta es la mía”. Así que aproveché y como encima se me dio bien, pues seguí para adelante.

¿De un día para otro?

De un día para otro. No teníamos [portero], a mí me gustaba y aproveché el tirón. Pero sí que es verdad que si te pones de portero con cinco años eres el raro, por eso siempre empiezas de jugador. Pero nada, nada, a mí me tiraba la portería.

¿El raro?

Hombre, el portero siempre es el raro, el diferente, el solitario, el que celebra los goles solo y al que le llaman loco. Igual algo de razón tienen…

¿Dónde empezaste a jugar al fútbol?

Yo empecé jugando al fútbol sala. Intenté entrar en las categorías inferiores del Barakaldo pero no tenían equipo para jugadores de nueve años. Entonces, hice una prueba en el Santutxu con Ibai Gómez y con Eder Vilarchao, que jugó en el Betis y lo tuvo que dejar por lesiones en los tobillos. Teníamos muy buen equipo. Estuve un año solo en el Santutxu y después me fui al Athletic, donde estuve cuatro años. Y luego ya cinco en las categorías inferiores del Barakaldo.

¿Y después?

Todavía di más vueltas. Salí de los juveniles a la regional vizcaína, al Deusto, después volví al Barakaldo y luego ya llegué al Leganés.

 

“Cuando volví contra el Betis fue casi como el día que debuté en el Leganés. Fue maravilloso”

 

Habiendo estado en la cantera de uno de los grandes de La Liga como es el Athletic, diste el salto a la élite defendiendo la portería de un club humilde. ¿Qué tiene de especial, para ti, haberlo hecho en el Lega?

Tiene muchísimo más mérito, para mí ha sido mucho más gratificante. Si estás en la cantera del Athletic o de un equipo grande, no es más fácil que te den la oportunidad, pero sabes que estás ahí, que te puede pasar en cualquier momento. Y cuando tienes que salir fuera a buscarte la vida a un equipo tan humilde como el Leganés, que entrenábamos en un cacho de hierba que le pintaron rayas y pusieron dos porterías portátiles, y ahora ver cómo ha crecido todo, las instalaciones deportivas que tenemos, la reforma que han hecho, que está quedando genial, por un lado es muy bonito.

Fuiste clave en el ascenso, en el primer año en Primera… Eres un tío muy querido en Butarque.

Sí, este es el quinto año. Si no fuese por la afición hubiese decidido marcharme en algún momento, seguro. Joder, a día de hoy, cuando mi situación no es la mejor, todavía la gente me sigue mandando mensajes. Cada vez que me ven me piden fotos. Me dicen: “Ánimo, que eres el mejor, vas a tener tu oportunidad”. Es muy bonito todo eso.

 


El 26 de noviembre de 2016, en su decimotercer partido en Primera División, el Leganés visitaba el Estadio de Cornellà-El Prat para medirse al Espanyol. Llegada la media hora de juego, aún con empate a cero en el electrónico, Gerard Moreno puso un centro al corazón del área y Leo Baptistao, en un intento de remate, envió el balón al cielo. Serantes trató de despejar el cuero saliendo con los puños, pero al caer de nuevo al césped, la rodilla derecha quedó clavada.  Al preguntarle si recuerda la acción, no duda: “Claro, no se olvida eso”. ¿El resultado de las pruebas? Rotura del ligamento cruzado anterior y un tiempo estimado de baja de medio año. No fue así. Lo que se esperaba que fueran seis meses, acabó alargándose hasta 539 días.


¿Entonces la lesión de rodilla se juntó con los problemas del hombro?

Llevaba mucho tiempo con una rotura supraespinosa en el hombro, faltando diez partidos en Segunda ya estaba bastante adolorido. Pero, claro, viendo el sueño tan cerca yo solo quería forzar y forzar. En verano no acabé de recuperarme y estaba mal, la verdad, infiltrándome. Y esa es la pena que me queda, cuando llegó mi oportunidad en Primera División estaba con muchos dolores en el hombro, en un mes me infiltré dos veces y, aun así, tenía mucho dolor. Luego decidí operarme y al final fueron un cúmulo de malas decisiones y de ahí llegan los 539 días dichosos.

¿Piensas en la que se avecina en ese momento o es imposible imaginar todo lo que vendrá?

El ligamento cruzado es una de las lesiones más comunes en futbolistas. La mayoría empiezan a entrenar a los tres meses, cuatro; con el grupo, a los cinco; y a competir a los seis, siete. Estaba bastante preocupado porque estaba en el periodo de renovación y no sabía qué podía pasar. Ya estaba hecho con el club, estaba medio firmado, pero podrían haberlo echado para atrás y eso también es de agradecer.

¿Y en lo deportivo?

En lo deportivo, pensaba que me costaría, pero también creía que podría volver a ser el que era en el Leganés.

 

“Muchos compañeros me han dicho que si no miras tú por ti, no mira nadie”

 

¿Cuál es la mejor manera de sobrellevar estar parado tanto tiempo en el día a día?

Buah… pues la verdad es que ha sido muy, muy duro. No te puedes ni imaginar lo duro que es estar en un gimnasio sin ventanas, sin que te dé el sol, sin compañeros. Trabajas mucho, pero ni te puedes ir con la sensación de estar cansado, de haber soltado un poco de rabia. Te queda eso, apoyarte en la familia, estar tranquilo, intentar dentro de tus posibilidades rodearte de los mejores profesionales. Y currar. Currar todo lo que puedas porque solo va a estar en tu mano.

¿Se ve la luz al final del túnel?

Sí, sí, sí. Yo soy muy ambicioso y quería estar ya. Por suerte, estaba Carlos Sánchez, el entrenador de porteros que he tenido estos cuatro años en el Leganés, que es un tío genial y me iba midiendo mucho, me iba controlando. Sabía que no estaba al cien por cien, estaban Pichu [Cuéllar] y Nereo [Champagne] que no se merecían que les quitaran de un día para otro porque ya estaba recuperado. Le tengo que agradecer a Garitano y al cuerpo técnico del Leganés que me dieran la oportunidad de ir convocado en los últimos tres partidos, jugar el último y para mí fue muy especial. Fue casi como el día que debuté en el Leganés.

¿Qué aprendes viéndolo todo desde el otro lado de la barrera durante un año y medio?

Igual queda feo que te lo diga… A ser más egoísta, a mirar más por ti. Al ser una persona que, igual, en lo deportivo miraba mucho por estar bien, por estar a gusto, pues muchos compañeros me han dicho que si no miras tú por ti, no mira nadie. De todo se sale, siempre va a acabar saliendo el sol y ha sido muy duro. Pero, para mí, el día que volví, la ovación de la gente, poder ganar a todo un Betis que hizo una temporada increíble, fue maravilloso.

 


En el último partido de la 17-18, el día que Asier Garitano y Martín Mantovani ponían el punto final a sus días en Butarque, el técnico vasco quiso brindarle la oportunidad a su paisano Serantes de regresar a la portería. Unas leyendas pepineras se iban; otra regresaba tras el calvario. Lo que en principio se avistaba como el reencuentro con la meta de Butarque, coto privado para él antes de aquella lesión en Cornellá, ha acabado resultando otro desafío para Jon Ander Serantes. ‘Pichu’ Cuéllar aterrizó en Leganés en el verano de 2017 para ocupar el vacío que habían dejado el propio Serantes y Iago Herrerín, ya de vuelta en el Athletic tras su cesión, y el ex del Sporting de Gijón ha respondido con grandes actuaciones desde que llegara al cuadro pepinero. Eso, sumado al préstamo de Andriy Lunin por parte del Real Madrid, han hecho que la carrera por salvar los goles en Leganés sea hoy mucho más complicada.


 

¿Los 539 días que te pasaste sin jugar por culpa de las lesiones de rodilla y hombro pueden tener mucho que ver en que hayas perdido el protagonismo que tenías antes de la lesión?

Por supuesto que ha tenido que ver. Me sentía, junto con Mantovani y Szymanowski, de los más importantes del equipo, de los más queridos. Cuando renové podría haberme ido a otros equipos, pero yo sentía todo el cariño, que me quedaba mucho por hacer aquí y que contaban conmigo para mucho tiempo. Y ahora ver que estoy en esta situación me hace echar la vista atrás, pensar muchas cosas y qué hubiese podido pasar si no me hubiera lesionado.

¿Cómo se digiere ver a tu equipo pasarlo mal y no tener la oportunidad de ayudar desde dentro del campo?

Complicado. Es complicado porque encima yo soy muy pasional y la gente también me quiere por eso. Y es muy duro. Encima, habiendo jugado todos los partidos de pretemporada pensando que iba a jugar en La Liga y luego ver que no juego y que ahora no estoy yendo ni convocado, pues imagínate. Es bastante duro. Y encima eso, que el equipo está en descenso. Pero ya sabemos cómo es el fútbol, puede cambiar de un día para otro, tanto para bien como para mal, como me cambió a mí. Hay que estar preparado siempre.

Como dices, fuiste titular durante toda la pretemporada y, de repente, en Liga Pellegrino se decanta por Cuéllar. ¿Te sorprendió?

Sí. Me sorprendió mucho porque ya no hay excusas de que has estado lesionado. Me recuperé en enero, jugué en la última jornada de liga, jugué bien. No me he perdido ni un entrenamiento en pretemporada, he sido uno más. Pero al final cada entrenador tiene sus ideas, su pensamiento y hay que respetarlo.

¿Cambia tus hábitos, tus relaciones, el hecho de no ser el titular?

Yo siempre me he considerado un compañero. Nunca he tenido ningún problema con ningún portero, tanto si he jugado como si no. Al final eres un profesional, es tu compañero y no decide ninguno de los dos. Mi relación ha sido la misma.

 

“Hay mucha gente que ha tenido que adaptarse, que conocerse, y eso lleva un tiempo. Creo que irá a mejor y que ganaremos más partidos”

 

Y al entrenar, ¿qué cambia?

Al entrenar, cuando te enteras de que no cuentas lo que esperabas para el míster y ves tu situación pues es duro. Hay una semana o dos que estás jodido, que baja tu calidad en los entrenamientos, pero si entreno bien el único beneficiado soy yo; si entreno mal, el único perjudicado. Así que hay que intentar estar lo mejor posible y si cambia el fútbol de un día para otro, bien, y si no, con el tiempo habrá que tomar una decisión.

 


Hundido en las posiciones de descenso, terreno nunca antes explorado por el Leganés en sus cuatro años en Primera División. Con solo dos victorias -Barcelona y Rayo Vallecano- en las nueve jornadas que llevamos de curso. Un proyecto nuevo que aún no se ha amoldado con lo que ya había anteriormente. Una defensa que concede muchas ocasiones; un ataque que genera muy pocas. Todavía es pronto para sacar conclusiones; aunque, con confianza, así examina Jon Ander Serantes el inicio de curso de su equipo.


 

¿Cómo ves al equipo? ¿Crees que podréis revertir este mal comienzo?

Sí, de eso estoy seguro. Tenemos buen equipo. Ha cambiado mucho el Leganés. Antes éramos menos gente, nos conocíamos más, era gente que ya estaba en Segunda División. Y este año se ha fichado otro perfil de jugadores, somos muchos más, el cuerpo técnico es nuevo… Hay mucha gente que ha tenido que adaptarse, que conocerse, y eso lleva un tiempo. Creo que irá a mejor y que ganaremos más partidos.

Ahora que está empezando aún la temporada, ¿qué le pides a este curso tanto a nivel individual como colectivo?

Lo primero, que se salve el Leganés. Si es sin sufrir mucho, mejor. Y, después, que me venga alguna cosa buena a nivel personal también me gustaría. Que yo creo que me lo he currado.