Acabó la liga. Con el verano llega el momento de cerrar el curso y que los clubes se pongan a hacer balance. Se va una temporada extraña. La pandemia, las suspensiones de partidos al principio de año, el temporal Filomena que bloqueó prácticamente todo el país… No ha sido una temporada fácil para ninguno de los conjuntos y lo cierto es que se cierra una época para empezar una nueva. El final de este curso también será el adiós al fútbol no profesional en la máxima división. Adiós a la Primera Iberdrola y a su nomenclatura. Llega la Liga Ellas.

Han sido años de olvido y de invisibilidad. De correr sobre condiciones precarias en todos los sentidos. También de combinar su pasión con trabajos para poder subsistir. Pero, sobre todo, de muchísima lucha. De muchísimo esfuerzo y sacrificio. Es inevitable que, al terminar esta campaña y tras vislumbrar todos los cambios que se avecinan, no se recuerde a futbolistas que lo hicieron posible. Empezando por las integrantes de aquella mágica Eurocopa del 97. Un grupo de mujeres entre las que se encontraban Toña Is, Alicia Fuentes o Arantza del Puerto, entre muchas otras. “A pesar de todo, no cambiaría la época que viví por la actual”, reconoció la misma Arantza del Puerto en Panenka.

Hubo muchas más antes de ellas. Futbolistas que contra todo y contra todos se calzaron los botines para empezar a patear estereotipos banales. Esa primera piedra comenzó a cimentar un camino que todavía está por recorrer. Un camino por el que se ha avanzado mucho, pero al que le faltan muchísimas piedras por colocar. Una senda que no ha estado -ni está- exenta de trabas. Al fin y al cabo, un derrotero que las futbolistas de ayer y las de hoy lo han ido recorriendo hasta llegar al ahora.

Porque ahora ha llegado el momento de dar un nuevo paso hacia adelante. De colocar nuevas piedras sobre ese camino. Hace apenas dos semanas, el Consejo Superior de Deportes aprobaba lo que se venía reclamando desde hacía años. Que la máxima división del fútbol femenino fuese reconocida como profesional. “Con esta aprobación, se salda una deuda con el fútbol femenino”, reconoció el presidente del Consejo, José Manuel Franco.

El convenio colectivo generó, un tiempo atrás, muchísimos roces entre futbolistas y federación. La necesidad de aprobar un documento que protegiese a las jugadoras acabó derivando en una huelga indefinida sin precedentes por parte de las protagonistas. La reclamación de un salario mínimo y de la parcialidad fue el principal motivo de desencuentro entre las partes. “Ya se debería estar renegociando un nuevo convenio colectivo. El actual ya está obsoleto”, sugirió Danae Boronat en la entrevista ofrecida a esta revista. Y cierto es que, a pesar de que la renegociación de dicho convenio no afecta al anuncio de profesionalización, las medidas que vienen con este cambio sí que lo dejará anticuado.

La élite del fútbol femenino será profesional. Es decir que las componentes de cada una de las plantillas que integren la máxima división deberán tener unas condiciones salariales adecuadas para poder dedicarse en exclusiva al deporte. Además, se eliminará también la parcialidad. Dicho aumento de los sueldos y las condiciones económicas serán posibles tras el sorteo y adjudicación de los derechos televisivos previstos para de aquí dos temporadas. Y, así, evitar lo que viene sucediendo desde hace años. La cantidad de partidos que se han perdido lejos del espectro televisivo ha sido una losa demasiado pesada como para dejar crecer este deporte.

 

Las medidas han sido aprobadas, pero no parece que se vaya a llegar a tiempo para implementarlas de cara a la próxima edición del campeonato

 

Esta temporada de despedidas también servirá para decir adiós a feudos que han acogido este deporte durante los últimos años. Si un día dejaron de jugar sobre tierra, ahora el césped artificial quedará también en la memoria de las futbolistas. La nueva regularización obligará a los clubes a disputar sus encuentros sobre césped natural. Con esta medida también se pretende evitar lesiones causadas por el cambio de superficie semana tras semana.

La pandemia parece haber aflojado en los últimos meses. Los números han permitido a los aficionados regresar a las gradas de los estadios y las ciudades deportivas. Además, si la vacunación mantiene su ritmo, se espera que de cara al inicio del nuevo curso ni siquiera haya restricción con respecto al aforo. Precisamente por ello, los campos en los que se disputen los partidos deberán tener una capacidad para acoger, mínimo, a cuatro mil espectadores.

Así pues, con todas estas novedades bajo el brazo, se vislumbra un futuro cargado de crecimiento. Y sin embargo, la profesionalización no llega sin polémica. Las medidas han sido aprobadas, pero no parece que se vaya a llegar a tiempo para implementarlas de cara a la próxima edición del campeonato. Desde la federación se sigue manteniendo que, el próximo curso, la liga estará profesionalizada, pero habrá que esperar para ver cómo y bajo qué circunstancias se comienzan a aplicar las nuevas medidas. Y es que, desde el ente regulador, lo que se pretende es que la próxima liga sirva como un año de transición en los que ir aplicando los diferentes cambios.

La alegría por parte de las futbolistas y los aficionados es, entonces, comedida. De hecho, que se use el próximo año de transición no ha acabado de sentar bien a la gran mayoría de sus protagonistas. Quedará por ver qué decisiones se aplican antes de que el balón comience a rodar a principios de septiembre y cuáles se posponen de cara a próximas ediciones del campeonato. Sin embargo, lo que nadie pone en tela de juicio es que España necesita un campeonato fuerte y atractivo.

El fútbol femenino lleva tiempo viviendo un crecimiento exponencial que no ha podido ser detenido ni con trabas ni con guerras de intereses. Hemos visto, este año, remontadas impecables, conjuntos resilientes capaces de salir del pozo y, entre muchas otras situaciones, un triplete histórico. También a una selección que ilusiona y está más que capacitada para coronar Europa. Han sido años de olvido e invisibilidad, sí. Pero ellas piden paso. Llevan pidiéndolo desde hace decenas de años. Cada vez son más las niñas y niños que adoptan jugadoras como referentes. Año tras año crece el número de jóvenes jugadoras que se apuntan a las escuelas de los clubes con el sueño de llegar a lo más alto. No le queda más remedio a todos los organismos responsables que estar a la altura de la sociedad. Por el fútbol y el deporte en general, sí. Pero sobre todo, por todas ellas.

 


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Fotografía de Imago.