Blanco en cambio de verde. Rojo en cambio de blanco. No es por una avalancha de nieve, y tampoco es césped lo que hay bajo las botas. A los pies del Estadio Olímpico Fisht, en Sochi, se ha construido un campo de fútbol de 65 metros de largo y 42 de ancho a partir del reciclaje de dos toneladas y media de los vasos de plástico que se utilizaron durante el pasado verano en la Copa del Mundo disputada en Rusia.

De los más de tres millones de vasos bebidos en la cita mundialista, 50.000 de ellos han servido para darle vida a un campo bautizado como el Budweiser ReCup Arena. La iniciativa, promovida por la misma empresa cervecera que da nombre al terreno de juego, busca concienciar al mundo sobre la importancia del reciclaje, la preservación del medio ambiente y la sostenibilidad.

El pasado jueves 4 de abril tuvo lugar el acto de presentación de este atípico escenario, tanto por la procedencia de su suelo como por los llamativos colores que lo visten. Y en su inauguración, un icónico futbolista campeón del Mundo, Marco Materazzi, fue el invitado de honor: “Estoy muy contento de que Budweiser comparta la idea de la preservación del legado de la Copa del Mundo y siga haciéndolo después del torneo”. De esta manera, con el fútbol como excusa, más de dos toneladas de plástico reciclado alargarán su vida mientras el balón sigue corriendo.