La noche estaba estrellada, y Julio Grondona paseaba por los jardines iluminados del Palacio de Versalles. Alzó la vista para contemplar las estrellas, pero se encegueció con una luz, tropezó y cayó de cabeza en una fuente. Avergonzado, se levantó como pudo. “No sabía dónde meterme, todos me miraban”, le confió en 2011 a la revista colombiana Soho. Grondona estaba empapado, y exigió que se lo llevara de vuelta a su hotel, para cambiarse la ropa y volver. “Era imprescindible que estuviera en esa cena, porque era el alma máter de la reunión”, le explicó en 2006 a la revista El Gráfico. Ese 7 de junio de 1998, Grondona debía convencer a los dirigentes que todavía no estaban convencidos de votar al día siguiente a Joseph Blatter para la presidencia de la FIFA. Blatter le ganaría 111 a 80 a Lennart Johansson y retribuiría el favor a Grondona con la continuidad en la vicepresidencia de la FIFA. O “la vicepresidencia del mundo”, como la llama Grondona.

“Como vicepresidente de la FIFA, tengo más poder que cualquier político argentino”

Grondona preside la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) desde 1979, cuando el gobierno genocida de Jorge Rafael Videla así lo consintió. “Como vicepresidente de la FIFA, tengo más poder que cualquier político argentino”, se jacta. Sobrevivió en el cargo a la dictadura genocida y a los gobiernos democráticos de los últimos 30 años. “Es que ellos nunca se han entrometido en nuestra casa”, le explicó al diario Perfil en 2006. Nuestra casa, la AFA, a la que preside cual Luis XIV – L’Étatc’est moi– sin oposición: en 34 años, apenas una vez se presentó un candidato, Teodoro Nitti, un ex árbitro ya fallecido, que compitió con él (es un decir) hace 22 años y perdió 39-1. “El socialismo con dinero” que practica Grondona es la causa: la AFA, y no los clubes, es la que negocia los contratos televisivos, y él, a discreción, es quien distribuye el dinero. Grondona no necesita pedirles a los presidentes que lo voten cada cuatro años: la AFA es su principal acreedor.

grondonaA Grondona no le molesta que lo apoden Don Julio. Muy por el contrario: le resulta halagüeño, como una muestra de respeto. Lógico: Grondona no ve una película desde 1956, cuando vio Lo que el viento se llevó, y El Padrino se estrenaría recién en 1972. Pero Grondona es un personaje corleonesco. Atendía a los dirigentes de los clubes en una de sus estaciones de servicio en Avellaneda: allí tenía un cuartito de tres metros por tres, con una mesita y dos sillas (OK, una suerte de Vito Corleone pero más modesto).

Los dirigentes –de la A, la B, la C, la D– le pedían, sentados en el cuartito, dinero o que un árbitro no los dirigiera (porque, pequeño detalle, Grondona era hasta julio el presidente del Colegio de Árbitros…), y él los sacaba de aprietos. Los dirigentes apenas si le tenían que explicar la problemática que los aquejaba. Porque puede que Grondona no entienda ni una palabra de inglés y que se quede dormido en las reuniones de la FIFA (y aun así llegó a ocupar su vicepresidencia). Porque puede que Grondona, como él confiesa, no sepa sacar cuentas con una calculadora y no entienda de economía (aun así preside la Comisión de Finanzas de la FIFA). Pero de fútbol, desde la A hasta la D, conoce: se duerme todos los días a las dos de la mañana mientras escucha un programa radial del ascenso.

Apenas dos reproches se hizo Grondona en los últimos años: no haber sido más severo con los dirigentes que malgastaban el dinero que él –alma caritativa– les daba, y no haber podido (él dice podido, intentado le sentaría mejor) combatir la violencia en el fútbol que, desde su asunción en 1979, contabiliza ya 170 muertos, según calcula la ONG ‘Salvemos al Fútbol’. Pero, por ejemplo, la reventa de las entradas para los partidos de Argentina en el Mundial de Alemania, en 2006, la hacían los barrabravas a la vuelta del hotel en que se alojaba. Grondona en persona enviaba a los hinchas, ávidos de entradas, a comprarlas allí.

En fin, Grondona ya avisó que en 2015 va a tener 84 años y no se va a presentar para su novena reelección. Bueno: también lo había avisado en 2007 y 2011. Él sueña, por lo pronto, con vivir hasta los 102 años, como su mamá, Julia.

La historia ha tenido un final distinto.

Comprar el #Panenka25