“¿Habéis venido a Donosti solo para la entrevista?”, pregunta Nahikari García, delantera y una de las capitanas de la Real Sociedad, cuando concluyen los más de 40 minutos de charla. Sorprende esa humildad. Ese tono de sorpresa. Al otro lado de la cristalera de la cafetería Harrobi de Zubieta, la lluvia no deja de caer con fuerza. Es inevitable comentar el típico – y tópico – clima del País Vasco. “La semana pasada jugábamos contra el Atlético de Madrid y las compañeras de la selección siempre me dicen que si hace muy malo, que si hace esto, que si hace lo otro… ¡Y vinieron y les hizo un sol de la leche! ¡Un fin de semana buenísimo!”, comenta sonriendo.

Mientras recojo los folios repletos de preguntas, Núria -que lleva todo ese rato sacando fotos- se interesa por los gustos musicales y por las lecturas de la delantera. “Me gusta mucho la historia. Me leí Dime quién soy y me gustó mucho. Sobre música, me gusta Leiva”, asegura Nahikari. A partir de ahí, arranca un pequeño tour por las instalaciones de la ciudad deportiva con el objetivo de concluir la sesión fotográfica. Hablamos de su lesión, como no podía ser de otra manera, y uno de los fisioterapeutas hace acto de presencia. “Dudo que la saquéis bien”, dice en tono jocoso mientras Nahikari permanece frente a la cámara.

Pero el hecho de que nos encontremos allí, no solo responde a que Nahikari sea la máxima goleadora de la Real en estos últimos años. Tampoco a que haya debutado con la selección absoluta. La joven atacante nacida en Urnieta, más allá de las metas rivales, tiene en el punto de mira la carrera de medicina. Forjándose en dicha profesión con el objetivo de ejercer cuando sus botas dejen de anotar goles. Y es por eso que, 45 minutos antes, he decidido comenzar la charla con ese tema.

 

¿Se hace muy difícil combinar fútbol y estudios teniendo en cuenta que estás cursando, ni más ni menos, que Medicina?

Pues no sé si es porque estudio Medicina pero la verdad es que últimamente sí. Cuando empecé la carrera ya estaba en la Real, pero la exigencia ha ido a más en los últimos años. También porque el fútbol femenino ha cambiado mucho estas últimas temporadas y pide más horas de entrenamiento, más exigencia. Comenzar con la selección, también quita tiempo libre. Se hace más difícil combinarlo pero tampoco tengo prisa.

Y eso que son 6 o 7 años… Y luego el MIR… Todo eso si lo llevas al día… 

Ya ves…

¿Y luego, cuando acabes la carrera, qué tienes en mente?

Pues no me lo planteo todavía porque sé que es algo que me va a llevar tiempo. Además, en el fútbol todavía me veo unos cuantos años. Si todo va bien, me quedan unas cuantas temporadas por jugar. Ahora mismo mi objetivo es acabar la carrera y cuando llegue el MIR, prepararlo. Es verdad que la vida da muchas vueltas pero sí que me gustaría llevar a cabo mi especialidad y dedicarme a esto en un futuro. 

Entonces, ¿esa especialidad es la medicina deportiva? 

Sí. Esa me gusta porque es lo que conozco y lo que veo aquí. Yo creo que luego, todo es ver. Una vez que entras en ese mundo, vas viendo y trabajando en distintas especialidades… Sin embargo, en mi cabeza hay muchísimos proyectos que me gustaría hacer. Claro que me gustaría seguir vinculada al deporte porque me encanta, pero no lo sé. Igual podría estar en algún club, en un hospital o también en alguna ONG por el mundo. 

Hombre pues esto último… 

¡Esto estaría muy bien! 

 

“No pude estar en el funeral de mi abuelo porque estaba en el Mundial de Costa Rica. Evidentemente, piensas: ‘joder’. El fútbol me da mucho pero también me quita”

 

Con el crecimiento que está habiendo en el fútbol femenino, ¿has pensando alguna vez en aplazar la carrera universitaria?

Aplazarla, no. Llevarla más lentamente, sí. Por ejemplo, yo no me cojo todas las asignaturas todos los años. Pero no me gustaría aplazarla. Aunque alguna vez solo me pueda apuntar a una asignatura, no quiero dejarla porque una vez que eso pasa, te desenganchas y parece que lo tienes ahí apartado. Entonces, aunque sea poco a poco, me gusta siempre ir haciendo algo. 

En la mayoría de las entrevistas, hablas de ayudar y aprender. ¿Son los motivos principales por los que te metes en Medicina?

¡Sí! Por aprender, sin duda. Me gusta saber cosas nuevas y ayudar. Y eso que dicen que los médicos no tienen tanta relación con el paciente, pero sí que me gusta esa parte más humana. Poder estar cerca, echar una mano… Al final, esto me viene de casa. Mi madre es enfermera y lo he visto desde pequeña. Es algo que siempre me ha llamado la atención. Es un tema de vocación. Sin duda. 

El crecimiento del fútbol femenino y el transcurso de tus estudios te han llevado a hacer muchos sacrificios, según dijiste en otras entrevistas. Ya no te pregunto cuál ha sido el mayor sacrificio, sino el que más te ha dolido hacer. 

No creo que sean sacrificios como tales. Al final, hago esto porque me gusta. Yo lo veo más como una apuesta. Mi suerte es estar en casa. Llevo toda la vida jugando en la Real pero evidentemente, te pierdes momentos importantes como reuniones familiares o con amistades… En mi caso, no pude estar en el funeral de mi abuelo porque estaba en el Mundial de Costa Rica. Evidentemente, piensas: “joder”. El fútbol me da mucho pero también me quita. Yo estoy muy feliz de estar dónde estoy y elegir lo que he elegido. Y eso que ni a mis amigas ni a mi familia les veo tanto como me gustaría. Tampoco a mis primos pequeños. – Se ríe – Mi prima siempre dice: “Joé, todo el mundo me dice que qué morro que Nahikari sea mi prima pero a mí no me gusta porque está todos los días entrenando y no puedo verla.” 

Para dedicarse a la medicina, hay que tener mucha sangre fría, precisión en el diagnóstico y el tratamiento, no cometer errores… ¿Es lo más parecido a jugar de delantera?

¡Pues justo te iba a decir eso! La comparación es buena. Puede ser, sí. Si fallas, el foco está sobre ti y, en cambio, si aciertas eres la hostia. Y en eso, con la medicina hay mucha similitud. En ambos casos hay que saber cargar con esa presión y con esos momentos críticos. ¡Igual una cosa me ayudará con la otra! Me estaré haciendo una experta en esto. 

Como muchas personas, e independientemente de si acaban triunfando o no, comienzas a jugar en plazas y en el colegio. ¿Pero de dónde te nace la pasión por el fútbol?

Pues me viene de casa. Mi padre es muy “futbolero”. ¡Y mi hermano, aunque diga que no, también! Entonces, esa pasión me nace en casa. Teníamos un parque cerca y allí nos juntábamos con los amigos de mi hermano. Nos tirábamos todo el día pegándole patadas al balón. Además, yo le decía a mi padre: “Aita, yo quiero bajar a entrenar. Vamos a bajar a entrenar”. Y él ahí estaba. El fútbol es muy vocacional. O te gusta o no te gusta. O lo vives o no lo vives y a mí, por unas cosas u otras, pues desde pequeña me ha llamado. 

Con nueve años comienzas a jugar en el Añorga. ¿Siempre como delantera?
Sí, siempre. Era la más pequeñita… ¡Pequeña y rápida! Entonces creo que me ponían ahí arriba para correr.

En el primer equipo del Añorga estás desde los 14 a los 16… De hecho, debutas con 14 años… ¿Cómo fue ese debut?

Pues estábamos en Segunda División y además fue un gran año en el que ganamos la liga y jugamos el play-off de ascenso a Primera… Fue muy progresivo porque me quisieron cuidar mucho. Además, también empezaba con las selecciones. Tanto la de Euskadi como la española. Era mucho trote y el entrenador que tuve entonces, Juanjo, lo supo gestionar muy bien. Estuve jugando medias partes al principio hasta que llegó un momento en el que decía “joé”. Iba a entrenar, lo estaba haciendo bien… En la segunda vuelta comencé a jugar más y en el play-off salí de titular. 

Hablas en una entrevista que nunca hay que perder el foco para mantenerse en el camino. ¿Dónde está puesto ahora el foco de Nahikari?

En seguir creciendo y, sobre todo, en no perder esa ambición de querer conseguir retos importantes. No sé ni cómo, ni cuándo ni dónde. Pero sí quiero seguir sintiendo que estoy avanzando y creciendo. Que tengo objetivos y sueños por los que pelear. Creo que siempre es importante tener algo por lo que luchar, no acomodarse y no dejarse llevar. Yo eso lo tengo en mente y sé que tengo mucho recorrido por delante, mucho por crecer y mucho por hacer todavía en el fútbol. Trabajo para eso. 

También mencionas que hay que elegir bien a los referentes por si te desvías. ¿Cuáles son los tuyos?

Pues más allá de la gente que te rodea en el vestuario, yo tengo la suerte de coincidir en la selección con personas que tienen muchísima experiencia. Por ejemplo Vero (Boquete). Creo que es gente que lo ha estado haciendo muy bien en el fútbol femenino y entonces me fijo en eso. En que son personas humildes y muy trabajadoras que han ido haciendo su camino y, a partir de ahí, creciendo. 

Hay un detalle de otra entrevista que me gustó mucho. Tu madre llegó con una página de un periódico de Vero a doble página y eso te dio fuerzas para seguir adelante… 

Sí. Es verdad. Me hizo darme cuenta de que era posible llegar a lo más alto. Hoy por hoy somos mucho más accesibles y es más fácil ver que se puede llegar. Pero por aquel entonces, no tenías muchas referencias de chicas futbolistas y profesionales que pudiesen estar viviendo, entre comillas, de esto. Verlo ahí me hizo asimilar que había personas que lo habían conseguido y habían tirado para adelante. Me dio esperanza. Decir: “Nahikari… Adelante con tu sueño porque es posible”. 

Nahikari García junto al escudo // Núria Sanz

Tú eres de la Real… 

De la Real… 

De corazón de la Real… 

¡Sí, sí!

Eso, en un partido, ¿te ayuda o te perjudica? Es decir, más allá de la propia concentración hay un componente emocional. 

¡Sí! Sin duda. Tengo un sentimiento muy fuerte hacia el club pero también uno muy importante hacia el equipo. Hemos conseguido crear un sentimiento de unión y compañerismo que te hace luchar por ello. No solo luchas por el escudo sino por un objetivo común que nos hemos marcado nosotras. Dices: “Ostras… Yo corro por mí, pero también por la que está a mi lado. Que esto es de todas.” Pero obviamente, ese sentimiento también te perjudica porque sufres mucho más. Cuando ganas, todo es la hostia; pero cuando pierdes te duele mucho más. Y es, precisamente, por ese sentimiento de compromiso y por todo lo que te rodea. Es importante saber gestionarlo y relativizarlo en muchas ocasiones. 

El gran campanazo que es ganar la Copa de la Reina. Tras hacerlo, ¿sentíais que a partir de ese momento la gente iba a esperar mucho más de vosotras?

Sí. Sin duda. Sobre todo las personas de fuera. Al final mucha gente nos conoce desde hace muchos años pero otros nos conocen solo de habernos visto ganar la Copa. Entonces, parece que la exigencia ya es ganar la liga o estar en Champions. Por eso creo que es importante que tengamos los pies en el suelo y seamos conscientes de dónde venimos, de lo que hemos conseguido y del camino que queremos seguir. Todo esto, por supuesto que lo hemos hablado y trabajado con nuestro ‘coach’. Creo que tenemos que crecer a partir de tener los pies en el suelo y los objetivos claros. Queremos estar arriba pero sin volvernos locas. Obvio, somos las primeras que queremos ganar cada fin de semana y seguir creciendo. Y somos las primeras a las que nos encantaría ganar la liga pero tenemos que ser conscientes de dónde estamos y de dónde venimos. Pero, sin duda, con la ambición intacta. 

Vámonos entonces a esa final. El final del partido, está claro. Es todo euforia. Pero la media parte, con empate a uno, ¿cómo fue? Ánimos, silencio…

Bueno… ¡Estábamos calladas pero porque estábamos reventadas! Me acuerdo de estar en el descanso, sentadas en el suelo y decir: “Madre mía, lo que estamos sufriendo”. En la primera parte sufrimos mucho y en la segunda estuvimos mejor. El mensaje era que podíamos ganar. Con el 1-1 en el descanso teníamos el partido donde queríamos. Sabíamos que íbamos a tener nuestra oportunidad y teníamos que seguir aguantando. ¡Y así fue!

Las finales no te habían tratado muy bien… 

No… 

Hasta esta. Cuando te llega el balón y te ves en esa posición, ¿te vuelven los fantasmas de tu pasado? Lo digo por aquel fatídico error en la Eurocopa de 2016… 

No. Qué va. En ese momento no pensé. Pero es que, además, tenía claro que ese balón iba a entrar. En ningún momento tuve dudas de cómo le iba a pegar o esa clase de cosas. Fue todo súper natural y súper normal. Lo vi claro. Sabía dónde iba a ir el balón. 

Tras el gol… ¿Eras consciente de la que acababas de montar?

¡No! ¡Para nada! 

¿En esa piña de jugadoras durante la celebración que se dice? ¡Le acababais de dar la vuelta al partido!

¡Pues nos dijimos que tocaba aguantar! Cabeza muy fría y seguir igual. Porque además sabíamos que lo estábamos haciendo muy bien y no teníamos que cambiar nada del plan. Ni meternos más atrás ni volvernos locas e ir más adelante. Presionar cuando teníamos que presionar y aguantar cuando tuviésemos que aguantar. 

Desde la delantera, ¿cómo se veían las paradas de Sun? 

Pf… Sufriendo muchísimo. Pero sabíamos que Sun nos iba a sujetar. Lo había estado haciendo durante toda la temporada y se le veía. Yo se lo dije. Ese día estaba híper motivada. Estaba con muchísimas ganas y cuando Sun está así, sabes que va a hacer un buen partido. 

¿Es el mejor momento de tu carrera deportiva?

He tenido momentos muy buenos y muy felices pero esa sensación tan brutal no la había sentido nunca. Debutar con la absoluta fue la leche. Jugar un Mundial ha sido la leche. Pero el poder culminar aquel momento con un gol… Eso fue muy potente. 

 

“Después del fútbol hay vida. Vuelves a casa y te espera la familia y los amigos. Hay que saber darle valor a todos estos aspectos”

 

El año pasado y este año llegan intereses de otros equipos. El primero, del PSG. ¿Cómo de real fue ese interés, teniendo en cuenta los rumores clásicos de las ventanas de traspasos?

Joder que si fue real… Es porque jugamos aquí un torneo. Al principio parecía todo de película. Primero, quién me iba a decir a mí que el PSG iba a venir a jugar un torneo a Zubieta. Luego, quién me iba a decir que se iban a fijar en mí y tendrían interés en ficharme. De hecho, alguna vez en casa habíamos bromeado sobre el tema: “¿Te imaginas que algún día viene un equipo así?” Y cuando vino, pues fue raro. Yo, al principio, no me lo creía, pero sí que hubieron conversaciones entre clubes. Al final no pudo salir y acabé ganando la copa al final de temporada.

Y luego llega el Atlético. ¿Estuviste cerca de salir? Tú querías que el culebrón acabase antes del Mundial. 

Sí, sí. Sin duda. Cuando hablamos de los objetivos de crecer, yo nunca he mentido ni a la gente de fuera ni a la gente del club. A mí me gustaría crecer y vivir otras experiencias. Si la Real me las puede ofrecer, pues adelante. Seguiremos unidos y muy felices. Y mientras esté aquí, lo daré todo por este club. En su momento, lo que había ocurrido en la copa y todo lo que se generó entonces me hizo decantarme por quedarme. Todo está hablado con el club. Ellos me han transmitido que, cuando yo sienta la necesidad de salir, me abrirán las puertas. Eso me tranquiliza. Pero no sé cuándo será y ni si será o no será, porque la vida cambia mucho.

Nos vamos a la Selección y es inevitable pensar en el error de aquella final del Europeo de 2016 ante Francia. Sobre aquello ya se ha hablado mucho. Me interesa el siguiente o los siguientes partidos, cuando te vuelves a enfrentar a una ocasión clara de gol. ¿Aquel error te pasó factura? 

Bueno, sí que es verdad que después de aquello tuvimos un parón de vacaciones y luego volví con la Real. Intenté quitarle importancia y seguimos jugando. No quería volver a pensar en eso. Pero al final, aunque no quieras, te vas dando cuenta de que tu confianza está un poco tocada. Pero lo trabajé porque fui consciente de eso. ¡Y conseguí revertir la situación! Creo que un momento como el que pasé hace daño, sí, pero también te hace crecer. 

Leí que fuiste a un psicólogo deportivo… 

Sí, estuve trabajando con él. 

¿En qué momento te das cuenta de que necesitabas este tipo de ayuda?

Pues durante la temporada me fui dando cuenta. Me ponía enferma, me lesionaba… Cosas que pensaba: “Joder. ¿Qué te pasa ‘Nahi’?” Pues era esa falta de confianza. Yo sabía que mi carácter me había llevado, en gran parte, a todo lo que había conseguido y cuando lo vi mermado dije: “Nahikari. Te pasa algo y esto tenemos que solucionarlo”. A raíz de ahí empecé a trabajar. La realidad es que me ayudó mucho. Sobre todo a relativizar las situaciones importantes. Crecí y aprendí mucho de esos momentos. 

Luego, después de eso, pasas dos años sin ir a la selección y eso que habías coincidido con Jorge Vilda. ¿Hablaste con él sobre esa ausencia?

Cuando pasó lo del error de Eslovaquia, él estaba allí conmigo y todos me arroparon y me dieron su total confianza, muchísimo cariño y hablamos. Pero en ese periodo de dos años que no fui, no hubo explicación… ¡Aunque tampoco me las tiene que dar! Porque yo sabía que era un tema de rendimiento. En el momento en el que me llamó, fue porque consideró que estaba en un buen momento. Con Jorge siempre hemos tenido una relación cercana y hemos hablado de muchas cosas. Creo que él confía en mí también, pero no pienso que me tenga que dar explicaciones de por qué no fui durante ese tiempo. 

En cualquier caso, vuelves por la puerta grande al Mundial de Francia. Es más, tu entrada y la de Lucía (García) ante Sudáfrica, cambian el devenir del partido. ¿Qué se siente al llegar al vestuario sabiendo que has sido una de las grandes responsables de la primera victoria de España en un Mundial?

Pues fue un subidón. Poder ganar un primer partido en un Mundial es muy importante. Parecía que se daba por hecho que íbamos a hacerlo, pero todos los partidos había que jugarlos. España venía de no ganar ningún partido en el último Mundial. Sabíamos que era un objetivo claro y lo viví con la misma felicidad que el resto de compañeras. Con el plus, además, de haber podido debutar en un Mundial.  

Nahikari durante la entrevista // Núria Sanz

Ante China os clasificáis para la fase final. ¿Fue agridulce, esa clasificación, sabiendo que llegaban los Estados Unidos?

Sí… Pero sobre todo por las sensaciones que nos llevábamos. Habíamos tenido unas sensaciones tan buenas ante Alemania… De jugar tan bien al fútbol… De competir tan bien… Pero China se te encierra atrás, tienes ocasiones y no consigues meter. Nuestro objetivo al llegar al Mundial era pasar esa primera fase. Estábamos muy felices por haberlo conseguido pero luego sabes que te vienen los Estados Unidos y que es una piedra muy dura. 

Contra los Estados Unidos se pierde de manera injusta. ¿Te dolió más perder aquel partido que alguna final que hayas disputado?

Sí y no. Porque al final te da muchísima rabia perder e irte de un Mundial así. Era una rabia general porque tenemos un vestuario muy competitivo. Nosotras fuimos a ganar ese partido y nos daba igual quién estuviera delante. Al final tuvimos esa sensación de saber que cada vez estábamos más cerca porque les habíamos competido. Te hace ver que estás haciendo bien las cosas… Pero da muchísima rabia. Más, después de que te metan dos penaltis injustos. ¡Pero no sé si tanto como perder una final!

Y fríamente, cuando pasan unas cuantas horas o días del partido, ¿qué conclusiones positivas sacasteis de cara a la próxima Eurocopa? Porque imagino que sacaríais… 

Claro… Además esos partidos te dan un crecimiento increíble. Somos una selección muy joven que estaba disputando su segundo Mundial. Haberlo hecho así está muy bien y tenemos que ser conscientes de dónde venimos y tener los pies en el suelo. A partir de ahí, seguir y mucha ambición. Somos un grupo muy ambicioso y queremos hacerlo lo mejor posible. Lo del Mundial nos lo tomamos como experiencia y ahora el foco puesto en clasificarnos para la Eurocopa. 

Pues dejamos el fútbol, Nahikari. Vámonos con otro tipo de preguntas. Primero sobre tu personalidad… Dices que tienes muy mala leche. 

Sí… – ríe –

Pero eso te ha dado muchos éxitos. 

¡Sí! ¡Eso también!

¿Y alguna mala pasada?

Pues sí… Pero porque soy muy competitiva y tengo mucho carácter. Pero de eso también vas aprendiendo. Por ejemplo, hay que regular el cómo dices las cosas. Alguna vez, el cómo las he dicho pues no ha estado del todo bien y eso me ha generado algún que otro conflicto que luego solucionas y ahí se queda. Pero desde que llegué con 16 años hasta ahora que tengo 22, siempre he tenido mucha mala leche. ¡Pero creo que la he sabido ir gestionando y reconduciéndola! 

Más allá de luchar, también reiteras mucho que estás para aprender. ¿Qué lección ha aprendido la Nahikari futbolista y la Nahikari de fuera de los terrenos de juego?

Pues es que he aprendido tantas cosas en ese sentido… Por ejemplo, a creer. Mi equipo, el año pasado, me enseñó a creer. Sin ninguna duda, además. Si crees en algo firmemente, lo puedes conseguir. Así llegó la Copa de la Reina. Y también, que siempre te llega otra oportunidad. Y más siendo delantera. Me quedo mucho con eso, también. Siempre habrá otra ocasión, otro partido, otro momento. ¡En el fútbol se aprenden muchas cosas! Pero este deporte también me ha enseñado que es lo menos importante de todo lo que me importa en la vida. Que después del fútbol hay vida. Vuelves a casa y te espera la familia y los amigos. Hay que saber darle valor a todos estos aspectos. Yo siempre me he comido mucho la cabeza y le doy mucha importancia al fútbol… Entonces hay que saber diferenciar bien y tener claro que tienes una vida cuando sales de entrenar o jugar. 

Y cuando sales de entrenar o jugar y te marchas de Zubieta, ¿cómo es el día de Nahikari cuando tampoco tiene universidad ni medicina?

Pues soy una persona muy tranquila. Me gusta estar con la familia y con las amigas. Ir a Donosti y darme una vuelta por la playa. También me gusta leer y escuchar música. Sobre todo reírme. ¡Me gusta estar con gente a la que quiero y me encanta hablar! Tener conversaciones interesantes y reírme mucho. 

Ya se me han acabado todas las preguntas que traía preparadas y sobre la lesión ya hemos hablado un poco… Núria. ¿Quieres preguntar algo? Mira la que está cayendo fuera… Ya poco Donosti vamos a ver…  

¿Habéis venido a Donosti solo para la entrevista?