Las leyes de la probabilidad en el deporte rey son una auténtica putada. Una medida que provoca incertidumbre ante un suceso o evento futuro debe ser comprendida con la mayor frialdad del mundo. O cara o cruz. O blanco o negro. No hay matices. Se pasa de la euforia total a la mayor desesperación. No obstante, el fútbol puede llegar a hacer cosas fascinantes. Recordemos una de las mayores citas declaradas por todo aquel que ha tocado un balón en su vida: “El fútbol unas veces te da y otras te quita”, y viceversa. Pero, ¿qué pasa cuando no es el balompié el único verdugo que decide de qué lado caerá la moneda? En esta saga, recordamos lo grandes que fueron en su día algunos equipos y cómo, poco a poco, su luz se fue apagando por una mala gestión de la entidad.

UNIÓ ESPORTIVA LLEIDA

Con las heridas de la guerra civil española aún sin cicatrizar, en 1939 se consumó una agrupación deportiva entre diferentes entidades para crear un club representativo de la ciudad catalana de Lleida, llamado Lérida Balompié, que debutó en Segunda Regional y escaló por las diferentes categorías del fútbol español -seis en diez años- hasta llegar a la Tercera División estatal. En 1947 nació la Unión Deportiva Lérida, fruto de la alianza de la entidad con otro club de la ciudad, el Leridano, vinculado al ejército. A partir de entonces, el equipo disputaría sus partidos en el Camp d’Esports, el tercer estadio más antiguo de España (sin contar el viejo San Mamés, y tras el Molinón y el Rubial). Tan solo cuatro años después, el equipo ascendió a la máxima competición del país, no sin antes conseguir ser el segundo conjunto -por detrás del Real Valladolid- en subir a Primera un año después de su debut en la categoría de plata. Un efímero, histórico y cruel sueño porque esa misma campaña, el Lérida quedaría último clasificado y se llevaría la mayor estadística de goles encajados de la competición: 134.

Tras varios años de calvario e incertidumbre en que el club iba y venía por Segunda, Tercera e incluso la Territorial Preferente, con la instauración de la democracia se modificó el nombre de la entidad, que se tradujo al catalán, naciendo así la Unió Esportiva Lleida. “Dos participaciones en Primera y 24 en Segunda. No está mal para un club tan modesto de una ciudad pequeña”, afirma José Carlos Monge, jefe de deportes del periódico provincial ilerdense Segre. En 1977, la UE Lleida estrenó categoría: la Segunda División B. Tras varios ascensos y descensos, llegaría un hombre que fue el enclave de la segunda etapa dorada del club; José Manuel Esnal. En un año, ‘Mané’, como era conocido, llevó al Lleida a Segunda, se consolidó en la categoría, y rozó la proeza de subir a Primera. Una gesta que el club lograría, por segunda vez en su historia, en la temporada 1992-93. “Fue el mejor momento que recuerdo, sin duda”, comenta Monge. Pero el éxtasis, de nuevo, fue fugaz y se sentenció la losa del descenso al final de esa misma campaña; aunque siempre se recordará la victoria en el Camp Nou (0-1), o en el Camp d’Esports ante el Real Madrid (2-1).

LÁGRIMAS Y EXTINCIÓN

Al año siguiente, la entidad de la Terra Ferma estuvo a punto de volver a la máxima competición del país, pero el Sporting de Gijón se impuso en la final de los play-offs (5-4 global). “Tras el último descenso de Primera a Segunda se instauró en el club la ‘imperiosa necesidad’ de volver como fuese a la máxima competición, y en ese intento se gastó más dinero del que podía generar la entidad”, declara el periodista entrevistado. En 2006 se produjo el último descenso a Segunda B. La UE Lleida se mantuvo durante varias temporadas en la categoría, pero afloraron los problemas económicos y, por ende, los deportivos. Sin dinero en las arcas del club, la entidad registró deudas, fruto de la mala gestión y el capital invertido en años anteriores para el proyecto de volver a Primera.

2006 es el inicio del fin para la Unió Esportiva Lleida. ¿Cómo se vivió ese período?

El descenso de Primera coincidió con la marcha del presidente [Mario Duran] y del entrenador [‘Mané’] que hicieron posible el milagro del ascenso. El club entró en una etapa de inestabilidad económica y deportiva, que suelen ir de la mano. Entonces pasó a manos de un accionista mayoritario, Josep Maria ‘Tatxo’ Benet. Pero su intento de profesionalizar el club no se transformó en buenos resultados deportivos y el dinero que invirtió tampoco sirvió para regresar a Primera.

¿Es el peor momento que recuerdas?

Sin duda. Fue un golpe deportivo con repercusiones económicas del que el club ya no se recuperó. Eso lo llevó a la quiebra y a la posterior desaparición.

Ante la inminente catástrofe del conjunto ilerdense, el 25 de junio de 2010 ‘Tatxo’ Benet decidió abandonar el club y ceder todas sus acciones a Annabel Junyent en un intento de dar el último impulso a la entidad. Pero visto el panorama con el que se encontró, la nueva propietaria decidió declarar un concurso de acreedores. En el informe realizado para dicho concurso, se estableció la deuda total de 28 millones de euros, “de los cuales sus dos principales acreedores eran la Seguridad Social y a la Agencia Tributaria”, según Monge. El plan de viabilidad no se entregó y, por tanto, se decretó la liquidación y desaparición de la Unió Esportiva Lleida. Nunca se sabe lo que nos depara la vida. Cuando lanzamos una moneda al aire, el destino juega con nosotros. Con nuestra incertidumbre. Nunca sabes a ciencia cierta qué es lo que querrá depararnos ese jodido caprichoso. Por suerte, la ciudad de Lleida puede sentirse aliviada. Un nuevo inversor llegó para quedarse.

CUAL AVE FÉNIX

La plaza del Lleida en Segunda B se puso a subasta y un grupo empresarial local liderado por Sisco Pujol y Albert Esteve la adquirió. Pero entonces, “hubo un desencuentro entre ellos. Pujol se apartó y Albert Esteve pasó a ser el propietario del nuevo club, refundándolo como Club Lleida Esportiu”, afirma Monge. La esperanza volvió a las calles de la ciudad catalana, pero aún quedaba mucho camino por recorrer. Desde entonces, el Lleida lucha para recuperar la categoría perdida y resurgir de las cenizas. Y lo quiere hacer con un proyecto bajo el lema ‘Tornem a la base’ (Volvamos a la base) que sugiere potenciar el plantel y confiar en los jugadores y miembros técnicos surgidos de las categorías inferiores. “De la mano de Albert Esteve, el club se ha marcado como objetivo el regreso al fútbol profesional. El Lleida ha jugado tres play-offs de ascenso en estos ocho años, sin lograr superarlos. Pero sí es cierto que en cada temporada el equipo ha estado, normalmente, en la zona alta de la tabla. La afición está ilusionada en que, este sí, pueda llegar a ser el año del Lleida Esportiu”, comenta Monge.

Actualmente, el Lleida se codea con los más grandes de Segunda B y está a tan solo cinco puntos del líder, el Sabadell. No obstante, no se puede despistar, ya que los conjuntos que van detrás suyo están pisando el acelerador y podrían alcanzarle el breves. En esta preciosa competición puede pasar de todo, y la entidad de la Terra Ferma no quiere descabalgarse de la pugna para volver, de nuevo, a soñar. “La Unió Esportiva Lleida ha sido históricamente el club más representativo de la ciudad, aunque para los románticos del fútbol, la desaparición de la UE en 2011 fue un hecho traumático, y el Lleida Esportiu, aunque heredero del histórico club, no sería exactamente lo mismo. No son pocos los que consideran que el Lleida actual tan solo tiene ocho años de historia”, concluye el periodista ilerdense.