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Lucescu: “El talento sin educación no es suficiente”

Ha fallecido Mircea Lucescu. Conocido sobre todo por su impresionante etapa al frente del Shakhtar, el técnico rumano tuvo una vida futbolística más que interesante. Un viaje por la memoria al que fuimos invitados

Lucescu

Cuando le entrevistamos en el #Panenka67, en octubre de 2017, Mircea Lucescu no olvidaba que el fútbol fue el que le abrió las puertas al mundo y a las ideas cuando en su país se practicaba el cerrojazo. Y ese favor que le hizo el balón se lo devolvía cada día con trabajo y dedicación. Esta es una conversación sobre el amor por un oficio que el rumano cuidaba con el cariño de un padre, la sabiduría de un maestro y la visión de un líder.


¿Cuándo supo que iba a ser entrenador?

Lo supe todo el tiempo. Siempre quise ‘pensar’ el fútbol, analizarlo. No fue casual que me convirtiera en capitán de la selección cuando tenía solo 24 años. Siempre tuve el deseo de aprender más, de leer más, de ser algo más que un futbolista. Tuve más acceso a la información, me esforcé para leer sobre fútbol en diarios extranjeros y me apasionaba compartirlo todo.

¿Hasta qué punto fue duro en un régimen cerrado y dictatorial?

¿Qué es lo que ha hecho avanzar al mundo? ¡La curiosidad! Nunca fui indiferente. Quise saber todo lo que pasaba, por qué ocurría y cómo. Siempre presté atención a la gente y a sus problemas, sus reacciones. Aprendí idiomas, quería evolucionar y evité la rutina. La curiosidad me dio entusiasmo. Y del entusiasmo a la pasión solo hay un paso. Cuando algo se convierte en tu pasión, asegúrate de seguirla. Del todo, hasta que te lleve hasta los resultados que persigues. Cuando era futbolista, no teníamos mucho dinero. ¡Pero la popularidad que nos daba el fútbol era enorme! Algunos jugaban solo para tener esa popularidad. Después de 1989, cuando cayó el comunismo, muchos se quedaron sin nada, incluso sin un lugar en el que vivir. No sabían lo que tenían que hacer. No estaban preparados para un nuevo sistema social, el capitalista. Fue una conmoción para una generación entera de jugadores. No para mí, por me gustaba estudiar y vi un futuro en el que seguiría aprendiendo y desarrollándome.

¿El Lucescu entrenador querría al Lucescu jugador en su equipo?

Sin duda. Siempre me he fijado en la inteligencia del futbolista, no en sus pies. Es lo que busco. Cuando un jugador es inteligente, es un buen profesional, es civilizado, disciplinado y tiene una actitud correcta. Aun cuando hice cosas que estaban fuera de lo que se me pedía como futbolista, siempre actué pensando en beneficio de todo el equipo y nunca creé problemas de ningún tipo.

¿Fue el Mundial de México’70 su mejor momento como futbolista?

Para nosotros, los rumanos, fue fantástico. En aquel Mundial solo había 16 equipos, y se jugó a un gran nivel técnico. No puedo olvidar el equipo que tenía Brasil, con una calidad que no era de este mundo. Todo lo que ocurrió en aquella Copa del Mundo me ayudó. Fue muy complicado salir de la Rumanía comunista, donde casi no había información. Para los futbolistas, salir del país y ver lo que pasaba fuera… ¡fue impactante! ¡Realmente impactante! Me di cuenta de que no era suficiente solo con estar allí, quería aprovecharlo al máximo. Antes del torneo, nos preparamos en Brasil, donde conocimos a las estrellas de su selección, que vinieron al hotel para pruebas médicas. Incluso hablamos con Pelé. Fue fantástico.

¿Cuál era su filosofía como entrenador en los inicios? ¿Cómo la aplicaba?

Hay talento en todos lados, esa es mi idea de fútbol. Se trata de educarlo. Cuando me convertí en entrenador [en Rumanía] solía llevar a los jugadores al extranjero. Una vez viajamos por toda Italia en autobús, del norte hasta Sicilia. Quería que mis chicos acumularan tanta experiencia como fuera posible en lo humano y en lo futbolístico. En el régimen comunista, cada vez que quería salir del país con mi equipo había problemas con los visados. Las autoridades temían que algunos jugadores pudieran abandonar el país para siempre. Solía dirigirme yo mismo a los políticos y pedirles ayuda. Era más fácil en Hunedoara [donde empezó como técnico, entre 1979 y 1981], una pequeña localidad. Era amigo del líder de la Securitate [el servicio secreto comunista] del lugar y no me ponían problemas. Me llevaba a los jugadores bajo mi responsabilidad y los sacaba del país. 

 

“A Moratti le gustaban tanto los dieces que tenía cuatro. Era imposible hacerlos jugar a la vez” 

 

Se las apañó para llevar a Rumanía hasta su primera fase final de una Eurocopa, en 1984. ¿Qué es lo que recuerda con más fuerza de ese momento?

Antes del torneo, fui a Italia. Recuerdo que no teníamos camisetas y pantalones así que compré 25 pares para cada uno de mis jugadores. ¡Eran azul celeste! Así es como fuimos a la Eurocopa. Un amigo italiano me ayudó porque no teníamos presupuesto para eso. Antes del campeonato, preparé una guía mis chavales durante dos días. De hecho, eso lo he hecho con todos mis equipos siempre que hemos jugado fuera: los llevo de ruta por la ciudad, sea donde sea que jugamos.

¿Los jugadores se han mostrado siempre abiertos a sus métodos?

Recuerdo cuando visitamos al Celtic de Glasgow, que fuimos a un gran museo, y se dedicaron a correr por él. Vi lo que hacían y le pedí a alguien de mi staff que esperara en la salida para asegurarse de que no volviera a ocurrir [ríe]. Luego les hice pasar por lo menos una hora más en el museo [vuelve a reír].

¿Cómo ha cambiado, con los años, la forma de trabajar con los jugadores?

Con el tiempo se ha ido haciendo más complicado. Cuando empecé mi carrera como técnico, tenía una edad más cercana a la de los jugadores. Fue mi mejor época en lo que a crear jugadores y personas se refiere. Y luego está mi etapa en el Shakhtar, con los brasileños. Todavía están unidos, mantienen una relación cercana. Cuando haces las cosas de esta manera, es muy posible que consigas éxitos. Estoy convencido de que ha ocurrido lo mismo con el Barcelona, con ese fantástico grupo de jugadores que ha dado éxitos al club en los últimos 15 años. Tuvieron la oportunidad de dar la alternativa al mismo tiempo a un grupo de jugadores y de conseguir resultados inmediatamente. Después, esos futbolistas han ido creciendo, y nadie ha sido capaz de entrar en esta selección. Ni siquiera viniendo de la mejor cantera del mundo. Ese grupo ya tenía una estructura, una organización, un estilo de juego y, lo que es muy importante, estaba basado en la amistad. Eso une a los jugadores. Están juntos y es muy, muy complicado romperlo. ¿Dónde está hoy la academia del Barça? Siguen haciendo lo mismo y trabajan bien, pero los resultados no se pueden comparar, ¿verdad?

¿Cuál diría que es el secreto para conseguir crear un equipo ganador?

Si tienes un grupo de seis o siete jugadores de la misma edad, con los mismos intereses, que son amigos y tienen un entrenador que crea una mentalidad ganadora, no tendrás ningún problema. Hay dos maneras de ganar: el dinero y promocionar jóvenes. Si vas con la primera opción, tienes equipo siempre y cuando tengas el dinero. Un filósofo dijo una vez que nuestro destino es la habilidad de anticiparnos a las cosas. Y creo que ese es uno de mis mejores activos, la capacidad de anticiparme con acierto a las situaciones.

Fue entrenador de Simeone en el Pisa. ¿Cómo era?

Técnicamente era una catástrofe. Pero tenía un alma maravillosa y era muy, muy inteligente. Tenía mucha ambición. Perfeccionó su técnica y, por encima de todo, su cultura futbolística. Era un delantero que jugaba por detrás del punta, pero no tenía las cualidades requeridas para esa posición. No tenía un gran regate, ni disparo, pero poseía un gran sentimiento futbolístico. Repito, era muy inteligente. No me sorprende lo que hizo como futbolista en el Atlético y el Inter, y lo que ha logrado luego como técnico. Era muy buen comunicador, tenía muy buena relación con sus compañeros. Somos amigos, lo respeto y lo aprecio mucho. Es un placer encontrarme con él cada vez que tengo la oportunidad. 

Lucescu

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Adriano Bacconi, su preparador físico en el Pisa y el Brescia, dice que usted revolucionó el mundo del fútbol con su idea del análisis en profundidad de los partidos.

La Serie A tenía ojeadores que veían los partidos y escribían sus impresiones. Empezamos a analizar encuentros a través de unos parámetros muy claros. Desarrollamos un sistema de interpretación del juego, con perfiles de cada jugador. No era común que los equipos grabaran partidos. También analizábamos nuestras propias sesiones de entrenamiento. Solo dábamos a los jugadores lo que era estrictamente necesario para ellos. No acostumbran a tener paciencia. Bacconi tuvo la idea de contratar a dos especialistas de tecnologías de la información que elaboraron un software para facilitar las cosas. Cuando me fui, lo desarrolló y lo vendió a Panini por una buena cantidad. Ese software ha producido mucho dinero, nadie lo hacía antes de que lo creáramos. Sacchi lo vio, le gustó y lo usó en el Mundial del ’94. Luego se volvió habitual. Fue estúpido no registrar mi idea. Ahora sería multimillonario, probablemente [ríe]. 

Al final le llegó la oportunidad de entrenar al Inter, en 1998. ¿Por qué duró tan poco? ¿Fue por los conflictos con los jugadores?

Moratti dijo que era el único que entendía a Baggio y que era su entrenador favorito. El Inter marcó 25 goles en cinco partidos en casa, estábamos jugando un fútbol ofensivo. Pero los periódicos escribieron que Lippi iba a coger el equipo al término de la temporada. Había diez jugadores a los que se les acababa el contrato en verano, y todos fueron a por mí. Di un paso atrás. Moratti no me echó, estaba en Nueva York y hablamos por teléfono. Le comuniqué mi decisión. El Inter fichó entonces a Hodgson, que se hizo cargo del equipo hasta que llegó Lippi. A Moratti le encantaba el número diez en la espalda de un jugador, como a todos los presidentes. Así que tenía cuatro en el equipo [ríe]. Era muy difícil hacerlos jugar a todos a la vez. ¡Imposible! 

¿Cree que la situación le superó?

Siento que me impresionara la popularidad de algunos de los jugadores que tenía. No era yo. Me vi superado por su personalidad. No debería haber aceptado lo que hizo Ronaldo [Nazario]. Solía quedarse despierto hasta tarde, todos lo sabían, pero nadie hizo nada. Tenía una relación especial con el presidente, que lo admiraba mucho. Por eso me marché. Cuando jugamos contra el Manchester United en la Champions League, saqué a Ventola en sustitución de Ronaldo. Quería jugar, pero no entrenaba, así que lo cambié. Del estadio, se marchó directamente al aeropuerto y se fue a Brasil. Cuando pedí explicaciones, la gente del club me dijo que el presidente se lo permitía porque su madre estaba enferma. Durante el carnaval, se habría ido a Rio de la misma manera. Era un placer verlo jugar. Un absoluto placer. Desafortunadamente, pudimos entrenar juntos durante muy poco tiempo.

¿Cómo empezaron esos 12 años a cargo del Shakhtar?

Al final de mi segunda temporada en el Besiktas [2004], fui al campo de entrenamiento del Shakhtar y decidí fichar por ellos después de dos años de insistencia del club. 

¿Ha sido el Shakhtar el equipo en el que ha invertido la mayoría de sus recursos emocionales?

El Shakhtar Donetsk ocupa una parte importante de mi alma. Turquía [Galatasaray, Besiktas] estuvo muy bien por la relación que tuve con los aficionados, por el clima futbolístico, pero el Shakhtar era distinto. Me llena de satisfacción que consiguiéramos reconstruir el equipo en tres ocasiones. Se marcharon jugadores, otros vinieron, prestamos atención a todos los detalles e hicimos que las cosas funcionaran. El presidente [Rinat Ajmétov] tuvo un protagonismo clave, es un hombre muy inteligente. Nunca tomó decisiones basadas en las emociones. Habría sido todo distinto si el Shakhtar no se hubiese visto obligado a emigrar alrededor de Ucrania después del inicio del conflicto del Dombás. Ajmétov se marchó a Kiev, pero nunca abandonó el país. Mi mayor satisfacción después de todo ese tiempo en el Shakhtar fue ver a cinco exjugadores en la selección brasileña. Si fueran uno o dos… puede ser algo accidental. ¿Pero cinco? Sentí que mi trabajo se veía recompensado. Espero que hagan algo grande en Rusia, en la próxima Copa del Mundo.

¿Cuál es el tipo de jugador con el que le gusta trabajar?

El talento sin educación no es suficiente. Un jugador necesita saber cómo debe tomar las mejores decisiones. Un futbolista creativo es mucho más que simple improvisación y talento. Es un producto acabado, es un hombre que ha añadido muchas otras cosas a su talento. Me estoy fijando en Kylian Mbappé últimamente. Tiene unos números fantásticos pero necesita trabajar con alguien que le ayude a desarrollarse del todo en el los próximos años, que le guíe en sus acciones. Necesita convertirse en un jugador en el sentido real de la palabra. Fernandinho, Willian, Alex Teixeira o Douglas Costa son ejemplos de futbolistas extremadamente talentosos que consiguieron convertirse en jugadores completos.

La guerra en Ucrania estuvo a punto de dejarle sin algunos de sus mejores extranjeros. Le pasó a algunos clubes de la liga.

Los agentes trataron de sacar a los jugadores del equipo. Una noche, me despertaron a las dos de la mañana: ‘Los jugadores se quieren ir’. Me enfadé mucho. Le conté a los chicos que haría todo lo posible para ayudarles a marcharse a grandes equipos, como siempre había hecho. Pero no de ese modo… ¡No huyendo! El Shakhtar merecía más respeto de su parte. Tuve suerte porque convencí de quedarse a aquellos a los que necesitaba. Contamos con suficientes jugadores para ganar la Supercopa contra el Dinamo de Kiev, 2-0, sin seis de los titulares. Les dije a los futbolistas que los agentes solo necesitaban a dos o tres de ellos y que el resto solo sufrirían. Uno a uno, los chicos volvieron al equipo. Aquella noche, antes de la Supercopa contra el Dinamo, fue absolutamente increíble. Los jugadores se disculparon, se dieron cuenta de lo seria que era la situación.

 

“La curiosidad hace avanzar al mundo. Salí de Rumanía en 1970 y me impactó ver lo que había fuera”

 

¿De dónde viene su conexión brasileña? Durante su carrera, ha transformado a muchos niños brasileños en estrellas.

En mi primer gran torneo como jugador [1970] estuve en Brasil. Fue un gran campeonato, me permitió conocer y amar al país. Jugamos en muchas ciudades. Solía hablar con mis jugadores brasileños sobre su país y les impresionaba que supiera tantas cosas [ríe]. Creo que les crea buena impresión que preste atención a su país, a su cultura, a su lengua. Es muy importante saber la lengua del futbolista. Te puede transmitir mucho con su voz. El mensaje y la emoción son más difíciles de conseguir si no hablas el idioma del jugador, por lo menos unas palabras. Justo ahora [señala a su teléfono] Fernandinho me ha enviado un mensaje, estando con su selección. Tengo cinco jugadores allí, no puedo estar más feliz. Me ha dicho: ‘Gracias por todos los grandes momentos en el Shakhtar’. Te puedes imaginar cómo me hace sentir. Es mi mayor satisfacción.

Fernandinho, Mkhytarian y Willian han acabado en la Premier League. Alex Teixeira tenía una gran oferta del Liverpool pero eligió el dinero de China. ¿Fue un error tomar esa decisión?

¡No! Los futbolistas tienen carreras cortas, organizan su vida alrededor de su pasión y su talento. Abandonaron la escuela, es normal que quieran ganar acorde con su talento. Si el Liverpool hubiese pagado lo mismo que el club chino pagó al Shakhtar, Alex los habría elegido, sin duda. No olvides que el presidente es un hombre de negocios, antes que nada. Le recomendé que se marchara. Estoy convencido de que volverá a Europa, es cuestión de tiempo. Pensé que la conexión con el Inter lo traería hasta el Meazza. Voy a hablar con él y a convencerle de que vuelva a Europa, que es donde puede brillar.

¿Y usted? ¿Iría a China o a Oriente Medio?

Me gustaría trabajar en China. Estaba en la misma lista que Capello para hacerme cargo del [Jiangsu] Suning. Me gusta la pasión de China, es fantástica. Los estadios están llenos, los aficionados apoyan al equipo, los entrenadores son muy buenos. Solo tienes tres o cuatro extranjeros y el resto son chinos. Puedes desarrollar al equipo basándote en futbolistas locales. ¡Exactamente lo que me gusta! No es como un equipo en el que 16 jugadores se creen que son Pelé y actúan como superestrellas. Oh, por cierto: esa es la razón por la que siempre doy el once inicial una hora y media antes del partido. No me gusta cuando veo cabezas bajas. Normalmente hablo sobre el partido y el resto de detalles y solo después de eso les digo a los chicos quién juega. Si lo dijera antes, los que saben que no juegan no prestarían atención a lo que digo.

¿Cómo podía encontrar siempre reemplazos para los jugadores que el Shakhtar vendía?

En el Shakhtar siempre tenía a mi segunda unidad lista en caso de que nombres importantes se marcharan. No quería ponerles presión. Le daba a los jóvenes 20 minutos, luego 30 y luego les ofrecía la titularidad. Así sentían que todo seguía una lógica.

 

“Es muy importante hablar en la lengua del futbolista. Te puede transmitir mucho con su voz”

 

¿Qué significa ‘lista’? ¿Cómo lo hacía para tenerlos preparados?

Básicamente, me aseguraba de que hubiese otra liga cada temporada para mis jugadores. Durante mis 12 años en el Shakhtar jugamos 275 amistosos alrededor del mundo. Uno de mis jugadores, Jadson, decía que tenía la impresión de que me gustaba mucho viajar en avión [ríe]. Aprovechaba cada parón liguero del que disponía. Les daba dos días libres a los jugadores y luego volvíamos al trabajo. Prestaba a los amistosos la misma atención que a los partidos oficiales. Necesitaban experiencia a nivel internacional. El momento más importante para un futbolista está entre los 18 y los 21 años, que es cuando un jugador se crea a sí mismo. Nunca puse por delante los resultados. Quise construir un equipo, formar jugadores basándome en la esencia de mis ideas.

¿Cree que el Shakhtar pudo haber ganado la Champions League si no hubiese sido por la guerra?

No. Para los equipos del Este, alcanzar los cuartos de la Champions es como ganar un título. El fútbol vive de lo que le dan los equipos grandes. Siempre verás a los mismos entre los ocho mejores. Es normal. El dinero viene de los estadios llenos, de los clubes grandes. Y luego, se distribuye al resto del mundo del fútbol. La política juega un papel importante en el deporte, aunque algunos quieran disimularlo.

¿Volverá algún día el Shakhtar al nivel que tuvo antes del inicio del conflicto, por lo menos?

No lo creo. Todo se descompuso. Cuando tienes la esperanza de volver, algo es algo. Pero cuando esa esperanza se va, solo te queda el interés económico. Los jugadores necesitan sentir la fuerza de los oponentes. Si no, se relajan. La relajación significa menos entrenamiento. Menos entrenamiento significa perder cualidades. Quise construir un equipo en base a mis ideas. Es mi modelo de liderazgo. Por eso he durado tanto, siempre me he mantenido fiel a mis principios. Quizá sea el único entrenador del mundo que nunca se ha tomado un año sabático.

¿Cuál es su relación con Guardiola? Tuvo con él un pequeño rifirrafe en 2008, tras un partido contra el Barcelona.

Me he encontrado con Guardiola muchas veces desde entonces y no hay ningún problema entre nosotros. Me sentí un poco decepcionado después de un partido que jugó contra el Shakhtar cuando estaba en el Bayern, en 2015 [vuelta de octavos, 7-0]. Disfrutó demasiado de los goles. Al nivel en el que estamos, no puedes actuar así. Estábamos con un hombre menos, nos pitaron un penalti en contra, no debería haber celebrado los goles como lo hizo. Está bien disfrutar del juego, pero hazlo de otra manera considerando las circunstancias.

 

“Ver a cinco exjugadores del Shakhtar juntos en la selección brasileña es mi mayor satisfacción”

 

¿Se siente perseguido por los árbitros?

La gente siempre dice que tengo algo en contra de ellos… Pero mi destino ha estado influido por decisiones como esa de la que te hablaba, en Múnich. Tengo razones para decirlo, nunca me invento las cosas. Recuerdo lo que pasó cuando podría haber ganado la UEFA con el Shakhtar por primera vez. Contra el Sevilla, en casa, cuando Palop marcó en el añadido. Si el árbitro hubiese pitado una falta que se produjo a favor nuestro en el 94′, ese gol no hubiese existido. Todos dicen que hay que tratar los errores como algo humano, pero no es así. Tiene que ver con cómo son las personas y sus debilidades.

¿Ha perdido el fútbol su encanto?

Si ves un partido de hace 40 años y otro de ayer, este último te encanta por el nivel técnico, de ideas, de creatividad y de espacios que encuentran los jugadores. ¡Es otro juego! Antes tenías mucho tiempo libre como jugador. Ahora, ya no. Los grandes futbolistas juegan 70 o 75 partidos por temporada, algo imposible si no cuidas tu cuerpo.

¿Qué ha causado los cambios acelerados del fútbol en los últimos años?

El desarrollo del fútbol en los últimos 20 años, con la creación de la Champions League y especialmente tras la Ley Bosman, ha hecho que los jugadores entren en un sistema que les obliga a salir más, a adaptarse más rápido a otras culturas, a aprender idiomas extranjeros. Les ha abierto la mente. Los futbolistas hoy en día son más abiertos, incluso si no tienen una formación académica. Hoy soy yo contra los ‘niños’: dominan la tecnología mucho más que yo, ¡por supuesto! [ríe]. Este cambio ha hecho que variara el fútbol, también. Se ha vuelto más rápido, más agresivo, más competitivo.

¿El fútbol necesita innovación?

La innovación no viene de la parte técnica o táctica, sino de la tecnológica. Desde mi punto de vista, estas tecnologías hacen que el fútbol sea menos interesante. El fútbol es el único deporte que podía sorprenderte del todo. Los errores, las buenas y malas decisiones, las conversaciones de los hinchas, los análisis de los expertos forman parte del juego. Si se impone la tecnología, el interés irá disminuyendo.

¿Qué opina del VAR?

Los aficionados no hablarán más de errores y controversias. Los bares se vaciarán. Porque el fútbol de verdad es el que se habla entre partidos. Todo aficionado siente que es un entrenador, un jugador y un presidente. La tecnología hará que este encanto desaparezca. Estás feliz por un gol y luego el partido se para y te lo anulan. El espíritu no es el mismo. La gente lo acepta. La tecnología le quita al fútbol lo más importante: los sentimientos, las emociones.