Las maldiciones, los hechizos o las supersticiones son algo inherente al ser humano. En este mundo todo debe tener una explicación y un porqué. A lo largo de la historia, todas las civilizaciones han intentado encontrar el sentido de episodios que surgían por mera casualidad. El mundo del deporte está lleno de sucesos paranormales que alguien ha creado para justificar errores o malas actuaciones. En el fútbol esto es una práctica habitual. Si pierdes una final es porque miraste o tocaste la copa antes del saltar al campo, el Benfica no ganó más Copas de Europa porque Béla Guttmann así lo quiso y Australia estuvo 32 años sin jugar un Mundial porque debían dinero a un hechicero de Mozambique.

Racing Club fue preso de uno de estos relatos durante 35 años. El equipo de Avellaneda es un histórico del fútbol argentino. Además de vestir con los colores albicelestes desde antes de la creación de la selección nacional, es un club que cuenta con 19 secciones deportivas, desde hockey o judo, hasta los novedosos e-sports. Su estadio lleva el nombre de uno de los presidentes más queridos por Maradona: Estadio Presidente Perón, aunque popularmente se conozca como El Cilindro. Ahí, en ese campo con gradas parecidas a las de una plaza de toros, la hinchada ha sufrido las consecuencias inverosímiles de un maleficio que comenzó en 1967.

 

El mundo del deporte está lleno de sucesos paranormales que alguien ha creado para justificar errores o malas actuaciones

 

Racing, que había salido victorioso de la Libertadores, lucharía por ganar la Intercontinental ante el Celtic, que acababa de hacer historia levantando la Copa de Europa. Después de un doble enfrentamiento a ida y vuelta, el título se decidió en lo que se conoce como la Batalla de Montevideo, un partido en el que precisamente no primó el buen rollo y donde los argentinos se impusieron por 1-0. Se convirtieron así en el primer equipo del país que ganaba el prestigioso trofeo intercontinental. Todos eran felices en Avellaneda, menos los aficionados del Club Atlético Independiente. Los ‘rojos’ no podían soportar que sus vecinos y eternos rivales ganaran un título que ellos habían perdido de forma consecutiva en 1964 y 1965.

Se dice que el fútbol es un deporte que siempre te da revanchas, pero por si acaso, un grupo de aficionados de Independiente prefirió asegurarse de que no iban a sufrir más humillaciones. Decidieron llevar a cabo un acto inverosímil, propio de hechiceros de cualquier tribu indígena. Una noche, salieron del estadio Libertadores de América acompañados de una bruja y con siete gatos muertos a cuestas, caminaron los seis minutos que hay hasta El Cilindro y entraron en el campo sigilosamente. Enterraron a los pobres felinos por todo el césped, algo que supuestamente debía acarrear 50 años de mala suerte para sus vecinos. Cuando en Racing se enteraron del incidente, pensaron que se trataba de una chorrada inventada por los acomplejados hinchas de Independiente, que ya no sabían qué hacer para destronarlos. Pronto cambiarían de parecer.

 

Aquel fatídico día, Independiente salió campeón y Racing descendió a Primera B. Ahora sí. El maleficio ya era un hecho contrastado

 

Primero, esa misma temporada, Racing perdió la liga en la última jornada tras ser goleado 4-0 por su eterno rival y vecino. Bah, casualidad”, debieron pensar los hinchas de ‘La Academia’. Pero un año después, en 1968, acabaron terceros, y en 1969 bajaron hasta el octavo puesto. Se iban sucediendo campañas y el equipo que había ganado la Copa Intercontinental era incapaz de llegar ni siquiera a los puestos de arriba. La indiferencia con la historia de los siete gatos comenzó a transformarse en un tema cada vez más candente. Todo estalló en 1983: Racing –que ya llevaba 16 años sin oler un título– jugaba la última jornada del campeonato en casa de su gran rival. Aquel fatídico día, Independiente salió campeón y Racing descendió a Primera B. Ahora sí. El maleficio ya era un hecho contrastado.

Después de la tragedia deportiva, desde el club se pusieron manos a la obra para poner fin al hechizo maligno que los atormentaba. El entonces técnico, Juan Carlos ‘Toto’ Lorenzo, el mismo que llevó al Atlético de Madrid a la final de la Copa de Europa ante el Bayern, ordenó levantar el césped en busca de los cadáveres de los siete gatos. Dicen –tiene pinta de leyenda– que encontraron solo seis, por lo que el maleficio todavía no estaba desactivado. Para lograrlo, cuentan que un hechicero de Avellaneda afirmó que había que enterrar sapos. Lo hicieron, porque en Racing ya se agarraban a un clavo ardiendo. Resulta que lo único que esto provocó fue agrandar todavía más la maldición felina. Desesperados, sin saber ya qué hacer o a quién acudir, en 1998 decidieron llevar a cabo una misa de exorcismo en el césped del Estadio Presidente Perón. El sacerdote roció con agua bendita cada rincón del campo y renovó las esperanzas de una hinchada hundida. No queremos creer en los milagros pero, después de esto, en 2001, Racing volvió a ganar una liga 35 años después.

 


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Fotografía de Imago.