El paso del tiempo debilita las sensaciones y difumina las páginas, por muy doradas que estas puedan haber resultado para transformar un país. El primer triunfo de la España futbolística cambió la perspectiva de la sociedad, le otorgó una nueva imagen mundial y puso la primera piedra para pensar que aquel país pequeñito era capaz de cualquier logro si la pelota era el juez. Nunca olvidemos que siempre hubo un primer éxito que facilitó los siguientes.


La historia de la selección española de fútbol se ha escrito con letras de oro en la última década, siendo dominador de dos Eurocopas (2008 y 2012, donde consumó el título goleando 4-0 a Italia en el resultado más abultado de la historia), así como de la gran corona planetaria, su ansiado y legendario primer Mundial (2010). Los goles de Torres e Iniesta son momentos únicos e irrepetibles para una generación de españoles que no había visto jamás ganar a su país un título y que había pasado décadas sufriendo con penaltis injustos, escándalos arbitrales y, desde luego, con tardes fatídicas donde el rival siempre era capaz de aprovechar mejor sus cualidades. El gen del perdedor se había apoderado de ‘La Roja’ hasta esta oleada generacional que exaltó, seguramente para perpetuarse durante muchos años, una manera de buscar resultados en base a la pelota, posesión y rapidez asociativa. Un fútbol vistoso y lleno de elogios. El triple entorchado encumbró una identidad de juego, un estilo y unos valores que marcan desde entonces la dirección a seguir y que difuminó todos los recuerdos anteriores. Porque aunque parezca que la vida de la España triunfadora nació con el nuevo siglo, la realidad es que mucho antes de todas las asperezas sufridas torneo a torneo, justo en el momento en el que el fútbol tomaba forma en todo el mundo y profesionalizaba todas sus organizaciones, una generación única logró el que sigue siendo, y siempre será, el primer triunfo de España. Son y serán, eternamente, los héroes del 64.

Como muchas de las historias que tienen al fútbol y a los futbolistas como protagonistas, cada éxito se vincula directamente a un instante concreto, el de los goles que propician tal momento álgido. En este caso, la Eurocopa de 1964 que supuso el primer título de la historia de España, tuvo un guion muchísimo más enrevesado fruto de la época, la débil estructura de medios aún existente y, por qué no decirlo, las dificultades para captar imágenes cuando el país vivía en plena dictadura franquista. Y es que el gol del título, el de Marcelino, es una de esas leyendas irremediables de la cultura española. Un gol de tanta dimensión histórica que, sin embargo, nos tuvo engañados muchas décadas: “El operador se había puesto a rodar el partido. Pero como no rodaba todas las jugadas porque, en la época, era imposible rodar todo. ¿Qué ocurrió? Que ese gol lo grabó por los pelos y, como no tenía al inicio de la jugada grabado, decidió hacer un remiendo. Y por eso, el centro de esa jugada pertenece a otra jugada previa donde nada había pasado”, cuenta el director de aquella emisión televisiva que, en consecuencia, otorgó a Amancio el centro que todo el mundo vio como el que acababa por empujar a la red Marcelino. Cuarenta años donde el Nodo (la emisión televisiva de la época) nos engañó porque quien centró, realmente, fue Pereda. Un engaño televisivo que dio tintes heroicos a aquella gesta.

 

“Si Franco no nos hubiera retirado entonces, también habríamos ganado esa Eurocopa, seguro”

 

En aquella época, la estructura del torneo continental no era como la actual. Primero había liguillas entre varias selecciones y, los campeones, únicamente los campeones de cada grupo de esas liguillas, llegaban a una Fase Final con los cuatro grandes representantes decisivos. Cuando a España se le adjudica ser el organizador de esa Eurocopa, aún faltaba una jornada de la fase regular (liguilla antes de la ‘Final Four’) y salió beneficiada porque la UEFA sí pretendía que se impusiera a la otra alternativa, Dinamarca. El Régimen de Franco entendió que tanto el deporte como el fútbol particularmente, iban a permitir abrir fronteras, lavar su imagen y mostrar normalidad al planeta a través de la pelota. Aceptó, pero también teniendo en cuenta que, si no aceptaba, la amenaza de que se jugara en la Unión Soviética (rival número uno para el franquismo por su ideología política contraria), era real y, recordemos, cuatro años antes, en 1960, España se retiró del torneo y no jugó en suelo soviético como marcaba su calendario. “Si Franco no nos hubiera retirado entonces, también habríamos ganado esa Eurocopa, seguro”, apuntó al micrófono de ElEnganche con ambición y seguridad el gran Luis Suárez, único Balón de Oro de la historia de España e icono de esta selección sesentera tan exitosa y que, sin embargo, era una generación de futbolistas sin excesiva experiencia pero con un enorme talento, algo que llevó al seleccionador, Villalonga, a darles la confianza pese a las presiones del estado por retornar a nombres más clásicos.

“El fútbol español, en esos años, había perdido potencial entre los aficionados a nivel de selección y ganado muchísimo a nivel de clubes, ya que acababan de nacer las competiciones continentales de clubes. Eso era lo que les atraía. Además, hay dos golpes claros a la selección española en aquel momento. Uno, la retirada de España en el 60 y el fracaso del 62, que dejó una sensación muy amarga. Y, dos, que la FIFA sacó la regla de que todos los futbolistas que ya hubieran jugado previamente con una selección oficial, no podían seguir jugando con una segunda selección. Y eso dejó a España sin dos genios absolutos como Di Stéfano y Kubala. Villalonga excluyó por tanto a todos los oriundos [extranjeros o que estaban jugando en ligas exteriores] y formó un grupo de jóvenes que jugaban en la liga española y que no tenían experiencia. Tanto, que un año antes de esa Eurocopa, España pierde 2-6 contra Escocia en la que es, aún hoy, la mayor derrota de la historia. Es decir, la situación era terrible. Después de ese partido, Villalonga dimite pero la federación no lo acepta y confía en que sean capaces de resolverlo mejorando resultados en esta fase clasificatoria. Cuando llega el siguiente partido, sí cambia un par de detalles clave y conceptos, pues llama a Luis Suárez [estrella del Inter recién traspasada desde Barcelona como el más caro del planeta], a Gento, a Del Sol, con los que no había contado al principio. España venció con una generación donde nadie llevaba a los 30 años. Iribar, bajo palos, por ejemplo, tenía 21 años solo. Y confió mucho en los cracks del Zaragoza, que era el equipo de moda, sobre todo con La Petra y el mítico Marcelino”, explica con todo detalle José Hernández.

“La clave de aquella selección es que jugó como un equipo. Era un grupo muy especial. Llegamos en un momento muy bueno. Luis era el más veterano con 28 años, pero los demás, como Iribar, Zoco, Fusté, Marcelino, LaPetra y yo mismo, éramos más jóvenes. Pero el líder que nos movía era Luis”, destaca Amancio a ElEnganche. Y es que el propio Luis Suárez asegura que “Villalonga le puso mucha valentía, valor y algo más, para que pudiéramos jugar esos futbolistas jóvenes con hambre y entusiasmo pese a grandes presiones que sufrió” e insiste en que “teníamos al mejor portero que jamás haya visto, a Iríbar, que cuando nos hablaban de Yashin, nosotros decíamos, mil veces mejor el nuestro, porque el ruso no le llegaba ni a la suela de los zapatos”. Aunque ambos coinciden en que “en aquella época no era como ahora, porque es que nosotros no conocíamos a nadie, no sabíamos cómo eran los futbolistas rivales porque no había manera de verlos antes de los partidos y cuando nos decían un futbolista u otro para marcarlos o saber cómo se movían, todo era desconocimiento, pues a nosotros nos daba igual porque ellos tampoco nos conocían”.

 

“Había muchísimas presiones políticas y sociales, éramos consciente de ello. A decir verdad, nadie nos habló nada de temas políticos ni nos dijo que había que ganar a los soviéticos”

 

En la ‘Final Four’ a disputarse en Madrid, se cruzaron Dinamarca contra la Unión Soviética y España ante la temible Hungría de Florian Albert (Balón de Oro en 1967). Un duelo que tenía enorme peligrosidad por la experiencia de los húngaros, predecesores de los míticos ‘mágicos magiares’: “Yo no me explico cómo ha descendido tanto el potencial de Hungría hoy. Antes no era así. Eran muy buenos y completos. Las pasamos canutas. Tuvimos que ir a la prórroga. Yo marqué el gol que nos dio la clasificación ya muy al final cuando pensábamos todos que íbamos a los penaltis”, destaca Marcelino que ironiza con la idea de que aquel gol era, hasta ese momento, el más importante de la historia de España pero iba a serlo sólo por unos días.

La Unión Soviética, con la ‘Araña Negra’ Lev Yashin bajo palos y un hermetismo absoluto en sus maniobras y tácticas futbolísticas, se había impuesto a los daneses y eran el temible rival en la finalísima que, además de factores meramente deportivos, se vio empapada de enormes rumores políticos. El primero, que Franco (recordamos que se había excluido por deseo propio de jugar ante los soviéticos cuatro años antes) iba a ir al estadio a presenciar el partido e iba a otorgar la Copa de Campeón al ganador, con lo que, quizás, iba a tener que inventarse alguna excusa en caso de que venciera su enemigo número uno: “Había muchísimas presiones políticas y sociales y éramos consciente de ello pero, a decir verdad, nosotros estuvimos concentrados y nadie nos habló nada de temas políticos y ninguna presión que nos dijera que había que ganar a los soviéticos. Pero claro, en el ambiente estaba porque eran el rival principal del Estado y porque teníamos 120.000 personas en el Santiago Bernabéu. Tremenda ilusión y altísima tensión. Hicimos un buen partido, empezamos estudiándolos un poco y, aunque claro que sufrimos, creo que fuimos mejores y justos campeones. España la ganó porque éramos un equipo. Un mediocampo que hoy sería espectacular. Netamente técnicos, de pelota, un equipo con enorme calidad. Algo de temor teníamos por los soviéticos porque ellos eran un país grande y nosotros pequeños, pero teníamos la fe de nuestro estadio, que apoyó de manera increíble y se pudo dar”, destacan entre los dos gallegos, Amancio y Suárez, juntos en el micrófono de ElEnganche. “Para celebrarlo, no es como ahora, claro. Volvimos al hotel y lo festejamos por cuadrillas. Unos por un lado, otros por otro y, al día siguiente, nos fuimos todos juntos al Pardo [epicentro estamental donde los cargos del Estado mostraron el éxito al mundo].

Un título absolutamente desconocido para las nuevas generaciones. Un éxito que marcó la pauta del fútbol español en aquellos años clave donde las organizaciones empezaban a profesionalizarse y era un problema enorme haberse quedado atrás. Y un triunfo para un país que debía quitarse presiones socio-políticas de encima con alegrías. Aquellos días suponen el epicentro de la historia exitosa de España, romper cadenas y abrirse al mundo. Por ello, nunca está de más revisar, conocer y diseccionar quienes fueron aquellos valientes genios de la pelota: los héroes del 64.


En el programa-podcast 34 de ElEnganche en SpainMedia estuvieron con nosotros dos de los campeones de Europa de 1964: Luis Suárez y Amancio. Además, contextualizó toda aquella época, José Hernández (periodista especializado en fútbol vintage).