Hubo una época en la que las pretemporadas se usaban para entrenar y no como un periodo de viajes estratégicos para hacer negocios en cualquier parte del mundo. Era un tiempo en el que los torneos veraniegos no eran pachangas y los equipos se los tomaban casi tan en serio como cualquier competición oficial. El Trofeo Carranza ha sido históricamente uno de los torneos con más solera del fútbol mundial. Aunque ahora haya perdido aliciente, durante muchos años fue como la Champions gaditana de cada verano. Famoso por concentrar a los mejores conjuntos de cada época, además de por tener una copa de metro y medio de altura y 12 kilos de peso. Si miras su lista de máximos goleadores ya te haces una idea de que la magnitud de este trofeo no es solo física. Paco Gento, Eusébio, Di Stéfano, Puskás, ‘Mágico’ González o Zico. Casi nada.

De todos los trofeos disputados en la Tacita de Plata, hay una edición que destaca especialmente por encima del resto, la número XX. Se disputó los días 31 de agosto y 1 de septiembre 1974. En el cartel del torneo, pegado por todas las calles de la ciudad, aparecía la siguiente frase: “Los dos ases mundiales, frente a frente”. Los fenómenos a los que hacía referencia el cartel eran nada más y nada menos que Pelé y Johan Cruyff. Juan Antonio Lebrero, miembro del área histórica del Cádiz CF, estuvo presente en ese torneo y recuerda que la ciudad de Cádiz era una auténtica fiesta “no solo para el aficionado cadista, sino para cualquier amante del fútbol en general”. Cádiz se colapsó ante la llegada de ‘O Rei’, que ese mismo verano había renunciado a disputar el Mundial de Alemania, y el ‘Flaco’, que venía como subcampeón del Mundo después de perder la final ante los germanos.

 

Aunque ahora haya perdido aliciente, durante muchos años fue como la Champions gaditana de cada verano

 

El vigésimo Trofeo Carranza reunió al Barça, campeón de Liga ese mismo año, al Espanyol, que tenía una de las mejores plantillas de su historia, a un Santos venido a menos y al Palmeiras, el mejor equipo de Brasil en aquella época. Desconozco si por aquel entonces existían las bolas calientes en los sorteos, aunque la organización del torneo no las necesitaba. Lo diseñaron todo premeditadamente para que los dos astros deleitaran en la final a los espectadores del Carranza. “Ellos miraban por el interés de la audiencia y la expectación. Este era el único trofeo en el que su final se emitía anualmente por televisión”, recalca Lebrero. Todo estaba preparado. Solo faltaba que el balón echara a rodar.

Las gradas supletorias ya estaban colocadas. A pesar de las altas temperaturas de una tarde de agosto en Cádiz, en el estadio se colgó el cartel de ‘no hay billetes’ ya desde el primer partido. Los encargados de abrir el torneo fueron Barça y Palmeiras. Rinus Michels, que entonces entrenaba a los azulgranas, quiso jugar al despiste con los brasileños y aquel día repartió las camisetas por orden alfabético. A Cruyff le tocó cambiar el mítico 14 por el 6. La idea no surtió efecto y el Palmeiras ganó sin despeinarse demasiado por 2-0. A partir de aquí, se tambaleaban todas las previsiones que había hecho el ayuntamiento gaditano -por aquel entonces encargado de la organización del trofeo- de enfrentar a las dos estrellas en la final. Si el Santos ganaba al Espanyol, adiós al ansiado duelo. Por suerte para todos los aficionados y como alivio para los organizadores, el equipo de Sao Paulo ya no era el que maravilló a todos en los años 60 y, a pesar de contar con jugadores como Carlos Alberto, Mario Marinho y Pelé, no pudo con un muy buen Espanyol que venció por 2-0.

Nadie había pensado en esta posibilidad. No sé si fue culpa de la Ley de Murphy, pero el enfrentamiento que todos deseaban en la final acabó dándose en el partido de consolación. Algo es algo. “Este duelo levantó todas las expectaciones habidas y por haber tanto en España como fuera de ella. Era un jugador emergente como Cruyff, que acababa de hacer un gran Mundial con Holanda, contra una estrella contrastada que estaba en el ocaso de su carrera”, señala Lebrero. Antiguamente, los entrenadores no prestaban mucha atención a que el día anterior hubieras jugado un partido o a que en Cádiz se rozaran los 40 grados a las seis de la tarde. Ambos equipos optaron por repetir prácticamente las mismas alineaciones que en semis. Aquel 1 de septiembre de 1974, el Barça de Cruyff goleó por 4-1 al Santos de Pelé. “En ese partido destacaron Marcial y Asensi en el centro del campo. Los ‘culés’ jugaron mucho mejor y barrieron a los brasileños que prácticamente aguantaron 25 minutos por culpa de la caló y la desgana del resultado”, remata.

 

Rinus Michels quiso jugar al despiste con los brasileños y aquel día repartió las camisetas por orden alfabético. A Cruyff le tocó cambiar el mítico 14 por el 6

 

Detrás del único gol del Santos en aquel partido, hay una intrahistoria curiosa de la que Lebrero se percató en el estadio. “Señalaron un penalti más que riguroso a favor del Santos. Esto fue una concesión que se le dio a Pelé para que su nombre figurara para siempre en la lista de goleadores históricos del trofeo”, afirma. El penalti también sirvió como homenaje a un jugador legendario que días antes había declarado que “no podía retirarme sin jugar en el Trofeo Carranza”. Esta era la magnitud de un torneo veraniego en los años 70. Salvo algún que otro detalle, individualmente ambas estrellas no destacaron demasiado. El gran vencedor en aquel último fin de semana de agosto fue el Palmeiras, que ganó en la final al Espanyol por 2-1 con gol de su gran figura, Luis Pereira.

En Cádiz se relamían con la idea de poder entrar en la historia por ser el último lugar en Europa donde Pelé hizo goles con el Santos. El final de ‘O Rei’ en Brasil ya se intuía y, para colmo, los equipos extranjeros que disputaban el Trofeo Carranza estaban obligados a firmar un contrato de exclusividad que les impedía jugar partidos en España durante un año. Todo estaba planeado para que el nombre del Cádiz y el de Pelé estuviera unidos de por vida. Sin embargo, hubo un movimiento que provocó que toda esta anécdota romántica se fuera al garete. Vicente Calderón, entonces presidente del Atlético de Madrid, aprovechó su buena relación con el que fuera alcalde gaditano José León de Carranza, para convencerle de que permitiera al Palmeiras jugar contra los ‘colchoneros’ un partido amistoso como homenaje a José Ufarte, estrella atlética que se marchaba ese verano al Racing de Santander. Después de esto, como el niño al que se le antoja el juguete que no usa desde hace un año porque tú lo acabas de coger en ese mismo instante, el Zaragoza utilizó el agravio comparativo para pedir por favor al alcalde gaditano que el Santos pudiera pasarse también por La Romareda. Y así fue. El último partido y los últimos goles de Pelé en Europa no sucedieron en la Tacita de Plata.

 


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Puedes conseguir el último número en nuestra tienda online.